El desafío de la verdad

-“Hay que publicar la verdad” dijo un conferencista ante un grupo de alumnos de periodismo. Y un estudiante levantó la mano con prontitud y preguntó: “Y ¿qué es la verdad? ¿La puede definir? “.

Nuestro colega pensó un ratito, meditó sobre la complejidad del tema y contestó: “Bueno, básicamente… lo contrario de la mentira”.

No es una mala definición ante, repito, una cuestión tan enmarañada porque si bien es cierto que desentrañar la verdad es muy difícil, sí sabemos distinguir la invención.

Los periodistas saben cuando se enfrentan a una mentira; y aceptarla, adoptarla es una opción ética del profesional que abraza este oficio.

Es un reto diario para quienes trabajan en la zona de la política en particular.

En estos días, por ejemplo, en que surgen en varios lugares del país episodios de protesta y reclamo, los medios de información ligados al Gobierno toman posiciones como si fuera una batalla y lanzan gruesa artillería de propaganda para confundir a lectores, oyentes, televidente.

Las primeras andanadas han sido fáciles de reconocer pues se trata –según los viejos cánones- de ubicar, “distinguir al enemigo” para luego desvalorizarlo, devaluarlo de manera sistemática y, por ejemplo, hacer ver que se persigue objetivos que va más allá de la reivindicaciòn.

El caso más tosco es sin duda la huelga de médicos que lleva ya semanas sin solución. Estamos asistiendo a una búsqueda desesperada de presuntas víctimas de la huelga, niños heridos, suicidios, partos prematuros, infartos sin atender, es decir, todo aquello que sucede siempre pero que esta vez es, afirman, culpa de los médicos huelguistas.

Ahora han arrancado al líder frases sobre intención de hacer política partidaria y he aquí, albricias, que ya tenemos la explicación de la huelga: sus dirigentes están trabajando para una próxima curul en el Congreso, lo cual los debe descalificar como voceros del gremio.

Los periodistas que han levantado esa versión saben, no pueden ignorarlo, que forma parte de un operativo psicosocial aprista y gubernamental para socavar la autoridad de la dirigencia. Pero son colegas que han abandonado la difícil lucha por la verdad, aquello que es contrario de la mentira.

Lo que se debe tener en cuenta es que el constante falseamiento de los hechos deteriora la credibilidad que es el valor más importante de un medio. Un medio informativo no vale por las máquinas que tiene sino por su peso en la opinión pública, y el inmediatismo político está hundiendo a algunos medios.

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