Cuando el periodismo se hace libro

El Articulismo nació junto con el periodismo, como todo el mundo sabe, pero no he logrado encontrar huellas del nacimiento del Columnismo, género de opinión que cada día es más popular (incluso los “blogs” no son otra cosa que las viejas columnas disfrazadas por las nuevas tecnologías).

La Columna –dicen los manuales- es un texto firmado, que ocupa lugar y espacio constante en un periódico y que tiene por objeto esgrimir, plantear opinión de coyuntura, y que suele ser especializada porque se encarga a personas que avanzan más allá de la mediación informativa común para explicar porqué las cosas son así.

Tampoco sé cuándo surgieron las Columnas en el Perú pero tenemos referencia, por ejemplo, del famoso pierolista Luis Fernán Cisneros que popularizo su sección ”Ecos” en el diario La Prensa del 900, con un estilo que fue retomado luego por José Carlos Mariátegui para su columna “Voces”, en 1915-19.

La lista se hace enorme en la medida en que se avanza en la historia de nuestro periodismo. Pero hay otro momento, que tampoco he podido identificar, en el que tanto articulistas como columnistas deciden perennizar sus textos en forma de libro.

La razón es obvia: los textos que se redactan para la prensa desaparecen para siempre en las hemerotecas, salvo que su autor o alguien los rescate para el futuro.

Manuel Atanasio Fuentes fue de los primeros, hacia 1855, en publicar como libros sus famosos “Aletazos”, siguiéndole muchos más autores en una moda que seguramente surgió en Francia o Inglaterra.

Actualmente es común que tanto Articulistas como Columnistas decidan salvar del olvido sus textos y los lleven a la imprenta para que sean leídos otra vez, aun cuando –salvo excepciones como “Sofocleto”, por ejemplo- ya no tendrán la repercusión original. Por mucho tiempo Manuel D’Ornellas fue el mejor comentarista político y parte de su obra ha sido publicada pero ya no tiene más vigencia que la lección de periodismo.

Otros Columnistas escriben pensando en la publicación futura como parece haber sido el caso del popular Jaime Bayly, a quien le han editado sus columnas ya publicadas en un tabloide local. Cometen el error de no informar al lector que son refritos y tampoco dicen la fecha de publicación. No debe ser así. Muchos textos reeditados pierden su valor cuando se elude fuente y fecha porque se carece de referencia histórica. En cambio, está claro que “Buscando Novia” de Renato Cisneros, es su blog trasladado a la tinta y el papel y con las aclaraciones del caso.

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