Los buenos libros siempre tienen lectores

Tumultuosas, es lo menos que puede decirse de dos presentaciones de libros, en la Feria del Libro.
Primero el novelista Miguel Gutiérrez, luego César Hildebrandt.
¿Cómo fue tanta gente pese a que no se publicaron esas actividades en El
Comercio? Misterio. Debe haber sido gente que transitaba por ahí…
Cuando llegué al Anfiteatro hablaba todavía Gutiérrez y ya no había un solo
sitio. Y cuando terminó y pasó afuera para firmar libros, nadie se movió del asiento y más bien un grupo de entusiastas se precipitó hacia los lugares que están detrás del gran cartel, es decir, donde no podían ver pero sí escuchar.
“Hermano, aquí hay más de 500” susurraba un policía por su infaltable celular, aludiendo a un cartelito que exigía “Aforo 150 personas”.
Y era verdad, cientos nos apretujábamos esperando ver a los populares
periodistas Pedro Salinas, César Lévano y César Hildebrandt (“El Invisible”
porque Ibope dice que nadie ve su programa) que presentaría la segunda edición de su libro de entrevistas.
Cuando ya me chancaban en la puerta y sentí que alguien palpaba mi monedero opté por una honrosa retirada con el pretexto de comprar el libro, y me instalé al costadito, en el parque, para escuchar nomás.
“Profe, está en el rincón de los chiflados y hueleguisos del parque” me dijo
riendo un alumno que había leído mi texto sobre el fallido homenaje a Fairlie.
“No”, me defendí”, “esos no compran libros” alzando mi ejemplar de 30 lucas que acababa de conseguir.
Los aplausos comenzaron cuando llegó Lévano y le cantaron el “japiverdi” porque cumplía 82 años; Salinas no fue tan celebrado porque no es muy conocido (y para los izquierdosos su presencia era una sorpresa) y luego hizo su entrada Hildebrandt, como siempre, elegantemente un poquito tarde.
Ovación, vivas, palmadas, abrazos, que recibía entre contento y sorprendido del exitaso. Flashes, luces, cámaras, sonrisas amplias y la necedad de la señora de la Feria que para todo pide “un fuerte aplauso”.
Salinas habló muy bien, como todo un periodista profesional, describiendo y elogiando el libro, las entrevistas. Lévano hizo recuerdos de la primera
entrevista del autor a Haya de la Torre, contó anécdotas sabrosas y finalmente le tocó el turno a Hildebrandt, que leyó un texto preparado previamente y que está en la edición de “La Primera” (pueden leerlo en la www)..
En ese breve discurso lamenta no haber entrevistado a Alan García y confiesa que el problema es que no sabría a qué García entrevistar.
En resumen, fue una fiesta para nuestra profesión que exige tanto y da tan poco; y una buena demostración de que el buen periodismo tiene espacios y lectores de sobra.
Algo más. En el balance final de la Feria del Libro el texto de Hildebrandt resultó ser el más vendido. Me consta que en la primera media hora volaron 250 ejemplares y el felicísimo editor, el charapa Jaime Vásquez, mandó a traer más… que llegaron cuando todavía el periodista firmaba y firmaba hasta el cansancio.

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