Archivo mensual: enero 2009

“Periodismo bajo terror” en Ayacucho

Los Enviados Especiales llegaban a Huamanga y tenían la obligación de recoger datos para hacer noticia cada tarde porque desde Lima les exigían eficiencia.
Hacían crónicas tomaban fotos, y luego regresaban a la capital. Y allá en
Ayacucho quedaban los corresponsales de siempre, los que sufrían el acoso de
ambos bandos.
Esta es la tesis central del libro de la periodista noruega Aase Hjelde, que
acaba de publicar el vicerectorado académico de la Universidad de San Marcos y que titula “Periodismo bajo terror. Ayacucho en tiempo de guerra”.
Aase es una calmosa colega de ojos glaucos que observa y escucha con atención porque todo le interesa. Por eso estuvo en el Perú a inicios de los años 90 y viajó a Ayacucho…como Enviada Especial de un diario de Oslo. Y conoció y trató con los periodistas que vivían allá en la zona de guerra y que había sido sorprendidos por una violencia que los dejaba en el medio de la confrontación.
Así pasó con la emisora La Voz, en 1981. Llegaron los subversivos, encapuchados
y armados y obligaron al aterrorizado operador a transmitir un mensaje de tres
minutos. Se marcharon corriendo y a los pocos minutos llegaron los militares, a
increparle su presunta colaboración con los senderistas.
A ellos se dirigió la mirada de Aase y el libro está dedicado a narrar las peripecias de los periodistas ayacuchanos que debieron soportar años de guerra
sucia.
Los periodistas provincianos suelen ser aficionados a esta profesión y en especial en los Andes, donde la radiodifusión sigue siendo el principal medio de información. En las emisoras legales o ilegales luchan por la vida y con frecuencia se exceden en sus denuncias. Así era el periodismo en los Andes centrales al iniciarse la década de los ochentas en que ser periodista en Ayacucho se convirtió en la profesión más peligrosa del mundo.
Hjelde recorre esa historia entrevistando a todos esos corresponsales que eran realmente víctimas de los Enviados Especiales que muchas veces sufrían las consecuencias de los apresuramientos capitalinos. “Periodismo bajo el terror” es un reconocimiento a ese periodismo provinciano que fue tan importante y que tuvo víctimas mortales como Luis Morales, Hugo Bustíos de Caretas o Jaime Ayala de La República, entre otros.

-El Espíritu Aloha en el Camelot negro

El enorme poder mediático norteamericano funciona con eficacia cuando se trata de crear o cultivar leyendas que agradan al gran público de los EE.UU. Son historias que luego se trasladan al resto del mundo por una enorme variedad de medios para el hogar, secciones femeninas o caseras de diarios, revistas de Alta Sociedad, lectura de peluquerías y consultorios, etc.
La propia Jacqueline Kennedy fue quien describió la presidencia de su marido asesinado como “la era Camelot”, recordando al mítico Rey Arturo y concediendo títulos de Caballeros de la Mesa Redonda al entorno kennedyano.
Los medios no perdieron tiempo y lanzaron al muy discutible Clan Kennedy y sus amigotes como protagonistas de una saga romántica… más falsa que un billete de trece dólares.
En el Camelot mediático se danzaba, se premiaba a los artistas, se ayudaba y protegía a los desvalidos. El “glamour” reinaba en los salones ayudado por la Alta Costura y por supuesto la “haute cuisine” derrotaba a los “steacks” de los ordinarios Eisenhower. Qué buenos, guapos, generosos y amables eran todos.
Por supuesto aquel “Camelot” solo existía en la mente de los encargados de Imagen presidencial. Porque mientras presuntamente se bailaba, John era el adúltero número uno de los EE.UU., se lanzaba la invasión a Cuba, se afianzaba la Guerra Fría…
A los Presidentes que siguieron, Johnson, Carter, Nixon, los Bushes, Clinton, fue imposible encajarles un Camelot porque no calificaban.
Pero todo indica que los Obama pueden hacer que retorne Camelot, con la diferencia de que esta vez será de color y con la eficaz ayuda de Internet.
Por ejemplo, ya el New York Times anunció que en la Casa Blanca se instalará “el espíritu Aloha”, aquella paz espiritual que solo tienen los que han pasado su infancia en las playas de Hawai y que concede serenidad a toda prueba. Otros medios han concedido ya a Michelle Obama la potestad de decidir sobre la moda en los salones de Washington (“35 modistos aguardaban la decisión de Michelle sobre su atuendo inaugural”). Y los niños Obama todavía no se deciden sobre las mascotas que adoptarán, una elección que aguardan con enorme expectativa los vendedores de animales, verdaderos y de peluche.
Debemos estar atentos: el color de la corbata de Obama puede ser decisivo.

Los canillitas, toda una historia…

No conozco ninguna investigación sobre los canillitas (ahora “expendedores de diarios”) pese a que han sido siempre parte del sistema noticioso clásico. Se ha preferido estudiar otros niveles de la producción informativa olvidando que el vendedor de noticias es tan antiguo como el periodista.
Cuando la prensa popular norteamericana de bajo precio de mediados del siglo 19 aprendió que con mejores noticias serían mejores las ventas, lo siguiente fue salir a la calle y gritarlas, apareciendo los “newsboys” que más tarde llamaríamos “canillitas”, una voz de origen argentino.
¿Y en el Perú? Agustín Cortegana estableció que el diario “Las Noticias” presuntamente de propiedad de Nicolás de Piérola, fue el primero que en 1878 convocó “Muchachos, ancianos o mujeres pobres. Para vender el diario en las calles. Se les asegura una ganancia fija de ocho reales todos los días…”.
(En el diario “La Primera” publiqué esta columna y adjudiqué el novedoso método de vender diarios en la calle al diario “La Patria”. Fue un error mío, como ven).
Al iniciarse el siglo 20 eran ya indispensables y había que tenerlos muy en cuenta. El sistema era sencillo: iban al diario en la noche tarde o en la madrugada, compraban una cantidad que trataban de vender al día siguiente; si no lo hacían, tenían derecho a devolver el sobrante, lo que se aplicaba para la compra siguiente, y así sucesivamente.
Los viejos canillitas tenían un olfato noticioso extraordinario. Sabían cuando la noticia sería “vendedora” y entonces compraban más y no faltó quien más de una vez pidió consejo sobre una primera página a los veteranos.
Andando los años se convirtieron en un gremio importante, luego sindicato, capaz de boicotear con éxito las venta de un periódico que no cumpliera con los pactos. Y tampoco fueron ajenos a la política y las divisiones pues hubo quienes prefirieron el paternalismo de los Miró Quesada, enfrentados a los apristas –que no los olvidaron cuando llegaron al poder en 1945.
Manuel Seoane fue quien propuso y logró que se aprobara la “Ley de Seguridad Social del Canillita”, Nro. 10674, que les otorgaba porcentajes de la facturación por avisaje, lo que resultó muy difícil de cobrar. Pero en 1973 se unificaron en una “Federación Nacional”, manteniendo la unidad a duras penas hasta que nuevamente la política los ha separado y están en plena discusión sobre un controvertido dirigente.
Los viejos canillitas ya no existen; nadie vocea ya periódicos en las calles pues todo ha cambiado y ahora esperan sentados a que los clientes acudan al kiosco.

Periodistas de cuento y de novela

“Periocuentos peruanos” se llama la antología de cuentos que compuso Antonio Gonzales Montes hace pocos años en los que el periodismo, o los periodistas, son el eje de las historias.
Y todavía esperamos un trabajo así sobre novelas y filmes de gente de prensa. Esta profesión ha ocupado más títulos y páginas que otras pues los coleguitas de todos los tiempos han sido siempre descritos como personajes atractivos, buenos o malos, capaces de movilizar acciones y pasiones (recuerden “Tinta Roja” de Fuguet).
Es el caso de la última novela de Víctor Andrés Ponce, “La muertes de Emilio” redactada en clave (“roman a clé”, dicen los franceses) es decir, que es una historia real pero con nombres cambiados. El escenario es una etapa de la historia de Expreso y desfilan personajes reconocibles y un tanto exagerados, como el “Senador Manuel Arróspide”, muy parecido al senador Manuel Ulloa.
Expreso también fue el escenario de la novela “Infierno de papel”, de Mariví Mujica y Jacques Bartra en la que no era difícil tampoco identificar a “Gabriel Echevarría” como el citado Ulloa. Una novelita rara es “El Periodista”, de Ricardo Virhuez, que relata avatares de un redactor de “La Verdad”.
Pero incluso los “periodistas” de ficción deben ser verosímiles, es decir, actuar como los de carne y hueso en las redacciones verdaderas. Y para esto se requiere haber estado en aquellas salas entrañables de producción de noticias como efectivamente estuvo desde muy temprana edad, por ejemplo Mario Vargas Llosa. Es por esto que “Zavalita”, el redactor de La Crónica, es tan sólido como su colega “Escribidor” el personaje de radio.
Balzac, que escribió de todo, dedicó la novela “Ilusiones perdidas” a la historia de un poeta provinciano que se hace periodista. Es un texto larguísimo y duro de leer pero tiene la mejor descripción de cómo funcionaba una imprenta provinciana de mediados del 19 en Francia.
Pero el favorito de todos debe ser seguramente el simpático psicópata de “Bel Ami”, del magistral Guy de Maupassant. Es una novela que todo periodista que se respete debe leer. Describe a un modesto militar, Jorge Duroy, que gracias al periodismo termina siendo el rico Barón Jorge Du Roy. Hay que leerla, jóvenes. La acabo de ver a dos soles en el jirón Quilca.

El periodismo y el sexo

No sé si ya estará en algún plan curricular pero el periodismo de educación sexual se ha hecho ya tan popular que merecería estarlo.
Hagamos memoria. En 1990 la televisión española estremeció a sus clientes cuando la guapa psicóloga Elena Ochoa debutó con “Hablemos de Sexo” y aunque insistía en que tenía fines didácticos, fue difícil que no deslizara hacia la zona erótica. Fueron cuatro años exitosos y de valiosa apertura del tema pues en muchos lugares aparecieron programas parecidos.
En el Perú teníamos ya de antiguo a nuestro sexólogo Marco Aurelio Denegri, que había dedicado al tema varios libros como aquel inolvidable de “¿Y qué fue realmente lo que hizo Onán?”. Denegri pasó su tema a su programa televisivo “En función de la palabra” (y sus lecciones de sexualidad están en Youtube para quienes deseen disfrutar de su sapiencia y definiciones).
La lista de sexólogos criollos es larga y no habrá sitio aquí para todos (no olvidemos al Dr. Artidoro Cáceres) pero habrá que destacar al psiquiatra Fernando Maestre de “Era Tabú” en RadioProgramas y en horario cotidiano para todos. Es, me parece, el pionero del tema en la zona radial.
La cosa pasó a exceso en la televisión cuando Canal 5 lanzó “Las Noches de Badani”, conducido por Ricardo Badani que se hizo popular porque vivía (y vive) con seis señoritas gracias a una oportuna religión que él, claro, ha inventado.. Se asumía que el caballero era un experto en peripecias amorosas cercanas pero solo duró un mes en la TV porque el programa final que mostraba cómo practicar el sexo oral con modelos “en vivo y en directo” escandalizó a todos, sexólogos incluidos.
Y cuando la robusta Alessandra Rampolla llegó a nuestras pantallas con sus consejos y juguetes sexuales, aparatos de todo tipo, ya no asombró a nadie. Su exceso de peso le resta autoridad para recomendar poses osadas.
En la prensa escrita ha habido desde siempre revistas eróticas y pornográficas. Antes hasta Playboy se disimulaba en los kioscos pero ahora ya ni siquiera se venden porque Internet ha saltado muy rápido de las fotos a los videos de pornografía gratis.
La educación sexual está también en los diarios, por supuesto. Esther Vargas, que mantiene una página semanal en “Perú21” y un bello blog (“Sex o no Sex”) es de lo mejor del medio. Salvo mejor parecer.