-El Espíritu Aloha en el Camelot negro

El enorme poder mediático norteamericano funciona con eficacia cuando se trata de crear o cultivar leyendas que agradan al gran público de los EE.UU. Son historias que luego se trasladan al resto del mundo por una enorme variedad de medios para el hogar, secciones femeninas o caseras de diarios, revistas de Alta Sociedad, lectura de peluquerías y consultorios, etc.
La propia Jacqueline Kennedy fue quien describió la presidencia de su marido asesinado como “la era Camelot”, recordando al mítico Rey Arturo y concediendo títulos de Caballeros de la Mesa Redonda al entorno kennedyano.
Los medios no perdieron tiempo y lanzaron al muy discutible Clan Kennedy y sus amigotes como protagonistas de una saga romántica… más falsa que un billete de trece dólares.
En el Camelot mediático se danzaba, se premiaba a los artistas, se ayudaba y protegía a los desvalidos. El “glamour” reinaba en los salones ayudado por la Alta Costura y por supuesto la “haute cuisine” derrotaba a los “steacks” de los ordinarios Eisenhower. Qué buenos, guapos, generosos y amables eran todos.
Por supuesto aquel “Camelot” solo existía en la mente de los encargados de Imagen presidencial. Porque mientras presuntamente se bailaba, John era el adúltero número uno de los EE.UU., se lanzaba la invasión a Cuba, se afianzaba la Guerra Fría…
A los Presidentes que siguieron, Johnson, Carter, Nixon, los Bushes, Clinton, fue imposible encajarles un Camelot porque no calificaban.
Pero todo indica que los Obama pueden hacer que retorne Camelot, con la diferencia de que esta vez será de color y con la eficaz ayuda de Internet.
Por ejemplo, ya el New York Times anunció que en la Casa Blanca se instalará “el espíritu Aloha”, aquella paz espiritual que solo tienen los que han pasado su infancia en las playas de Hawai y que concede serenidad a toda prueba. Otros medios han concedido ya a Michelle Obama la potestad de decidir sobre la moda en los salones de Washington (“35 modistos aguardaban la decisión de Michelle sobre su atuendo inaugural”). Y los niños Obama todavía no se deciden sobre las mascotas que adoptarán, una elección que aguardan con enorme expectativa los vendedores de animales, verdaderos y de peluche.
Debemos estar atentos: el color de la corbata de Obama puede ser decisivo.

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