Archivo mensual: febrero 2009

Vamos Obama, cierre Radio y TV Martí

El discurso de los 100 días del presidente Barack Obama fue esperanzador para muchos. Hubo promesas de todo y para todos, destacando la que anunciaba la reducción de gastos inútiles por billones de dólares.
Si no están en la lista, deberían estar las clausuras de Radio y TV Martí, dos ofensas a la soberanía de Cuba, al sentido común, a las regulaciones internacionales, y un enorme gasto de propaganda absolutamente inútil pues, que sepamos, no han logrado subvertir el orden en Cuba sino mas bien convertirse en motivo de broma.
¿Por qué insisten entonces pese a estar ya seguros de que en La Habana ya no le escuchan ni el Horóscopo y la TV fue bloqueada desde su nacimiento y nadie puede verla en la Isla?
La obstinación solo puede explicarse, entre otras cosas, por la persistencia de una compleja red de anticastristas profesionales, desde moderados hasta fanáticos, que medran del presupuesto americano hace muchos años y que se disputan de manera surrealista el liderazgo del soñado retorno.
Pero se debe explicar a los jóvenes de qué se trata. Radio Martí fue lanzada al aire por los Estados Unidos en la madrugada del 20 de mayo de 1985, tiempo en el que todavía se confiaba en el poder movilizador de la radio. Formaba parte de la organización de propaganda anticomunista de la legendaria “Voz de América” que fue tan importante en la Segunda Guerra pero mucho menos en la Guerra Fría.
Cuba bloqueó inmediatamente las transmisiones con señales paralelas pero luego fue bajando la guardia hasta casi dejarla en paz. Después de todo, más subversivas eran las potentes radios comerciales miamenses con su música y ofertas.
Luego se pensó que el medio ideal para cumplir con la tarea de decir la verdad al pueblo cubano era la Televisión. Y fue ideada TV Martí, que también lanzó sus primeros programas en marzo de 1990. Los habaneros solo la vieron en sus pantallas diez minutos pues fue interferida por el Gobierno hasta hoy.
Han pasado muchos años y las mayores quejas sobre ambos obsoletos instrumentos de propaganda provienen de los propios norteamericanos. Por ejemplo, hace poco la Oficina de Auditoría General de los Estados Unidos, GAO, descrita como “brazo de investigación del Congreso” divulgó un informe que decía, más o menos, que tanto Radio o TV Martí eran inútiles, que la audiencia era pequeña,, etc. Y que “dada la crisis económica, hay que garantizar que cada centavo de los contribuyentes sea usado de manera eficiente”.
Algo más: llamar “Martí” a esa emisora es como si nuestros vecinos, Ecuador, Chile, Colombia, fundaran la radio “Miguel Grau, para decir la verdad a los peruanos”. Así de ofensivo.

Periodismo al paso nomás…

“¡Exactitud, exactitud!” dicen que rugía en la redacción el célebre Pulitzer. La intolerancia frente al error es la clave de la credibilidad del periodismo.
Pero estamos en el Perú, donde todo se relaja y consiente, incluyendo la ruptura de la Regla de Oro que dice que los datos, los hechos que se cuentan en la Nota Informativa deben ser exactos, precisos.
Gracias al Lumbago reuní el lunes 23 las informaciones de nueve diarios sobre un mismo tema, un crimen pasional en apariencia poco trascendente, ordinario, sin nadie que reclame por la verdad. Y encontré versiones distintas.
¿Cómo fue posible tanta diferencia? Simplemente los coleguitas no fueron a la Comisaría a leer el Parte Policial. Aquí los ejemplos, publicados el lunes 23 de febrero:

Trome: “Un exrecluso de 20 años, cegado por los celos enfermizos, habría asesinado de un balazo en la frente a su conviviente, en San Martín de Porres”.
Ajá: “De un balazo en la boca fue asesinada una joven por su pareja, hijo de un ex policía, quien tras perpetrar el cobarde crimen fugó de la habitación donde vivía con la víctima, en San Martín de Porres”.
Extra: “De manera despiadada y brutal un exrecluso dio muerte a su agraciada conviviente al descerrajarle un balazo en la cabeza tras una acalorada discusión en la habitación que alquilaban, en San Martín de Porres”.
El Men: “El cadáver de una mujer fue encontrado en el segundo piso de una vivienda ubicada en el jirón Pasco 3711, en San Martín de Porres”.
Peru21: “Terrible crimen. Presa de los celos, un hombre mató a golpes a su conviviente en la vivienda que ambos compartían en San Martín de Porres, luego de lo cual huyó”.
La República: “La golpearon y le dispararon un balazo en la cabeza. La estudiante Gisela Cornejo, de 20 años de edad, fue hallada muerta en la vivienda que compartía con su pareja”.
La Primera: “Eran las 11 de la noche cuando el vecindario fue alarmado por los gritos desesperados de dos muchachas que nunca imaginaron encontrar muerta a su amiga Gisela Cornejo (18) quien habría sido asesinada por su pareja, según las primeras pesquisas policiales”.
El Chino: “En un arranque de celos, un desquiciado sujeto asesinó de un disparo en la cabeza a su joven conviviente de tan solo dieciocho años de edad, en San Martín de Porres.
¿Y El Comercio, nuestro diario de referencia? Leamos esta exquisita muestra de ponderación y cautela, quizá redactada por el encargado de Sociales:
“Hallan cadáver con huellas de golpes. El cuerpo sin vida de una mujer fue hallado la noche del sábado en la vivienda ubicada en el Jr. Pasco 3711, San Martín de Porres. Fuentes policiales indicaron que el cadáver presentaba evidencias de golpes y una herida en la cabeza, causada aparentemente por bala o algún objeto contundente. Trascendió que la joven, cuyo cuerpo fue hallado por dos de sus amigas, habría sido asesinada por su pareja”.
Poco les faltó para decir que estaba “presuntamente muerta”.

Escriba, llame, comente, opine…

Los lectores (y oyentes desde que la radio se hizo popular) siempre han tenido espacios en el periodismo aunque, claro, las formas de participar han cambiado con los tiempos. En los diarios criollos de los viejos tiempos no se encontraba el formato clásico de “Cartas al Director” o “Cartas del Lector”, etc. Pero estaban los famosos y temibles “Comunicados” que algunos periódicos publicaban gratis y otros los fomentaban como una buena forma de aumentar sus ingresos.
Allí con frecuencia se insultaba, mentía, también se felicitaba y ensalzaba… previo pago.
Pero después, ya en nuestro siglo 20, los lectores hallaron lugar de expresión permanente en las secciones de “Opinión” que fue afianzándose hasta conquistar espacios propios. Hoy no hay, me parece, periódico que se permita obviar una buena Carta del Lector. Igual la radio, que abre sus micrófonos a cualquier tipo de queja obligándonos a enterarnos de los desagües atorados del barrio o de la falta de policías…
Los profesores de periodismo manejan definiciones: “Las cartas al director son escritos que los lectores envían para dar a conocer algún hecho o para expresar su opinión sobre alguna noticia, tema de actualidad o artículo publicado”.
Y en los diarios de Lima ya podemos reconocer Lectores de opinión constante. Un amigo, “M”, se ha convertido en un opinador profesional pues está en todos los temas. Redacta con corrección, siguiendo las normas editoriales, se identifica de manera conveniente y le acierta a la oportunidad, pasa de un diario o revista a otra sin problemas sentenciando sobre fútbol, cocina, parlamento, tránsito, diplomacia…
En la radio las normas son más estrictas todavía. Si la participación no está bien expresada, de manera corta, sencilla, comprensible, el locutor cortará la transmisión para pasar a otro que hable mejor.
Ha surgido otro tipo de intervención que no estaba contemplada en los cánones ya clásicos del periodismo, esto es, el Comentario a las noticias que publican los periódicos en sus versiones digitales (“on-line”). Allí, al final de cada noticia suele pedirse el comentario y hasta la participación en una encuesta sobre el tema del día.
Esta variante periodística es más frágil, menos pública, pero los resultados son igual de significativos en términos de medida para los periodistas sobre el interés de sus lectores.
Lo central es lo siguiente: ¿tienen en verdad influencia, sirven para algo, esas participaciones? En muchos casos sí. Y hay que prepararse para ingresa a ese nuevo espacio del periodismo ciudadano, la opinión del lector.

Por fin… ¿deben participar los periodistas?

“Observación no participante” diría un sociólogo. “No mezclarse, solo somos testigos” repetiría un periodista ortodoxo.
Pero lo cierto es que los periodistas de aquí y de allá están cada vez más involucrados en historias, sucesos, en que su participación no solo es inevitable sino necesaria.
Pocos deben recordar este episodio que pertenece a la más dolorosa memoria histórica del periodismo latinoamericano.
Leopoldo Aragón era un periodista panameño que se oponía al Tratado Torrijos Carter sobre el Canal y había sido deportado. Primero estuvo en Lima –donde lo conocimos y Paco Moncloa le editó un libro sobre su experiencia de corresponsal en Washington. Luego pasó a Estocolmo y siguió su prédica contra lo que pensaba que perjudicaba a Panamá. Pocos, o nadie, le hacían ya caso y entonces recurrió a lo extremo para llamar la atención de la prensa mundial, esto es, suicidarse en público. Era noviembre de 1977.
Aragón convocó a los periodistas a la puerta de la Embajada de Panamá en Estocolmo, repartió octavillas, se roció con gasolina y encendió un fósforo, muriendo poco después con quemaduras horribles.
¿Porqué ningún periodista o corresponsal de los que estaban allí con sus cámaras listas, saltó a impedir la inmolación? ¿En nombre del periodismo?
En 1963 el célebre bonzo Quang Duc había hecho lo mismo en Saigón, delante de algunos periodistas. Quizá estos, los primeros, fueron sorprendidos. Pero los siguientes tuvieron como espectadores a corresponsales que no movieron un dedo para impedir tales barbaridades.
Este problema de la no-participación en nombre del periodismo estilo Gran Hermano (que solo ve, registra y pasa a los espectadores), revive cada día en América Latina y sacude los fundamentos de la profesión.
Los casos son incontables y viene hoy a cuento porque el presidente Uribe de Colombia ha lanzado la frase: “Una cosa son aquellos amigos del terrorismo que fungen como periodistas y otra cosa son los periodistas”. Y es que un periodista entrevistó a un secuestrado de las FARC porque obviamente tenía los contactos requeridos para hacerlo y no los reveló al Gobierno, y estaba allí cuando los subversivos liberaron a varios rehenes.
Pasó también en el Perú cuando los periodistas estuvieron con una columna armada del MRTA y entrevistaron a Polay; y a nadie se le ocurrió acusarlos de amigos del terrorismo.
De regreso a la interrogante inicial la respuesta correcta debería ser que sí, que el periodismo-solo-testigo es imposible.
Así, el fotógrafo Kevin Carter debió espantar al buitre que esperaba la muerte de la pequeña niña africana. No lo hizo y ganó el Premio Pulitzer pero lo destrozó la culpa y se suicidó seis meses después.

El fino y difícil arte de titular

En algunos países les dicen “cintillos”, en otros “encabezados”. Aquí les decimos “Titular” y no son otra cosa que la frase que se compone para encabezar una noticia.
Forma parte de la rutina periodística y suelen ser descriptivo simplemente (“Asaltan a Fiscal”, p.e.).
Pero hay , y ha habido diarios en que se cultivaba el arte del titular que debía convocar lectores, como los que hacía Raul Villarán y muchos otros después, cuando se abrió paso el título ingenioso o crítico o propositivo, o de humor.
Recuerdo que hace muchos años nos estremecimos cuando a “La Crónica” alguien nos llevó un diario mexicano que gritaba “Matarife benefició a su mujer” y pensamos que nunca llegaríamos a extremos así al Perú.
Nos equivocamos, claro, porque tengo a la vista “”Mata, viola y se come a novia” y como si nada. Nos hemos acostumbrado, que es lo peor.
También pensábamos que nunca leeríamos palabrotas en primeras planas pero en tiempos de Clae y Carlos Manrique, un tabloide lanzó un “¡Paga Mierda!” a todo lo ancho que quizá les hizo vender más diarios.
“Ultima Hora” se permitía hacer humor con la tragedia y de ahí el famoso “Tranvía divide en cuatro a profesor de matemáticas”. Y tengo una colección de errores enormes como aquel dramático de “Buscan submarino por aire, mar y tierra” en primera de primera de un conocido matutino. Otro por ahí dice “Chocan nuevamente judíos e israelíes” o el propio Decano dijo “35 mil postulan a una vacante en San Marcos”.
Justamente el antiguo cotidiano ha decidido aligerar sus titulares y tentar algo de humor por la vía de la ironía. Hace unos días cuando los marinos aseguraron lealtad a la democracia, el título principal dijo que las aguas no estaban movidas. Y ahorita dice, siempre en primera, que se evitará que el dólar tenga taquicardia. O sea, que tienen por fin un titulero ingenioso.
¿Será un poeta? Porque los mejores tituleros siempre fueron los poetas que recalaban en las redacciones adoptando el periodismo como forma de vida.
Cuando se anunció que Jackie Kennedy se casaría con Onasis, nuestros vates redactaron un enorme y celebrado “No Jackie, es viejo, gordo y feo”. Y cuando murieron varios astronautas… “No los busquen más… Ya son polvo de estrellas”.