Vamos Obama, cierre Radio y TV Martí

El discurso de los 100 días del presidente Barack Obama fue esperanzador para muchos. Hubo promesas de todo y para todos, destacando la que anunciaba la reducción de gastos inútiles por billones de dólares.
Si no están en la lista, deberían estar las clausuras de Radio y TV Martí, dos ofensas a la soberanía de Cuba, al sentido común, a las regulaciones internacionales, y un enorme gasto de propaganda absolutamente inútil pues, que sepamos, no han logrado subvertir el orden en Cuba sino mas bien convertirse en motivo de broma.
¿Por qué insisten entonces pese a estar ya seguros de que en La Habana ya no le escuchan ni el Horóscopo y la TV fue bloqueada desde su nacimiento y nadie puede verla en la Isla?
La obstinación solo puede explicarse, entre otras cosas, por la persistencia de una compleja red de anticastristas profesionales, desde moderados hasta fanáticos, que medran del presupuesto americano hace muchos años y que se disputan de manera surrealista el liderazgo del soñado retorno.
Pero se debe explicar a los jóvenes de qué se trata. Radio Martí fue lanzada al aire por los Estados Unidos en la madrugada del 20 de mayo de 1985, tiempo en el que todavía se confiaba en el poder movilizador de la radio. Formaba parte de la organización de propaganda anticomunista de la legendaria “Voz de América” que fue tan importante en la Segunda Guerra pero mucho menos en la Guerra Fría.
Cuba bloqueó inmediatamente las transmisiones con señales paralelas pero luego fue bajando la guardia hasta casi dejarla en paz. Después de todo, más subversivas eran las potentes radios comerciales miamenses con su música y ofertas.
Luego se pensó que el medio ideal para cumplir con la tarea de decir la verdad al pueblo cubano era la Televisión. Y fue ideada TV Martí, que también lanzó sus primeros programas en marzo de 1990. Los habaneros solo la vieron en sus pantallas diez minutos pues fue interferida por el Gobierno hasta hoy.
Han pasado muchos años y las mayores quejas sobre ambos obsoletos instrumentos de propaganda provienen de los propios norteamericanos. Por ejemplo, hace poco la Oficina de Auditoría General de los Estados Unidos, GAO, descrita como “brazo de investigación del Congreso” divulgó un informe que decía, más o menos, que tanto Radio o TV Martí eran inútiles, que la audiencia era pequeña,, etc. Y que “dada la crisis económica, hay que garantizar que cada centavo de los contribuyentes sea usado de manera eficiente”.
Algo más: llamar “Martí” a esa emisora es como si nuestros vecinos, Ecuador, Chile, Colombia, fundaran la radio “Miguel Grau, para decir la verdad a los peruanos”. Así de ofensivo.

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