Archivo mensual: marzo 2009

¿Sensacionalismo? Toda la vida…

“Esta formidable fiera era de la magnitud de una grande vaca; su cuerpo cubierto de impenetrables conchas; la cola larguísima, que además de ser uno de los prncipales instrumentos con que hería, le servía de apoyo para correr con indecible ligereza; sus brazos robustos con las garras agudísimas y corvas; su disforme cabeza semejante a la de un dragón tiene en su parte superior dos orejas a manera de conductos, de los que nace gran porción de cabellos, quele cuelgan mas de una quarta; los ojos espantosos idénticos a los de un caballo y las cejas pobladas de cerdas; la boca grande y rasgada, terminando en pico el labio superior; con tres cordones de dientes en el inferior, semejantes a los grandes colmillos de un javalí: de cada uno de los extremos de la misma boca le salen dos grandes espolones en forma de aletas, que también usaba de ellos para herir…”.
Esta rarísima bestia solo existía por supuesto en la florida y mercantil imaginación de un periodista que escribió y publicó en 1610 la famosa “Relacion y verdadero retrato de un formidable y horroroso animal que fue descubierto y muerto en Africa desierta…”.
Además de ser una rara pieza periodística es la prueba cabal de que no hay que escandalizarse con el sensacionalismo de hoy pues tal práctica tienen una estirpe que se pierde en los tiempos.
Los lectores de entonces debieron aterrorizarse al leer como la bestia aquélla se lanzaba sobre las caravanas, matando a veces hasta treinta desprevenidos “dejando el campo poblado de cadáveres”. Nos imaginamos que era lectura prohibida para niños.
Felizmente, dice nuestro colega del siglo 17, los vecinos de Medina se organizaron y marcharon “armadas de escopetas, espadas y lanzas” para buscar y matar al monstruo. Casi todos murieron pero uno le acertó al corazón y le dieron muerte “con gozo general”.
¿Quieren leerla completa? Visiten la página personal del afamado profesor vasco Javier Díaz Noci. Y encontrarán algo más pues está digitalizando su colección de periódicos.
Pero más sabrosa es ésta de 1617 titulada: “Relacion de una carta que envio el Padre Prior de la Orden de Santo Domingo de la Ciudad de Ubeda al Abad mayo de San Salvador de la Ciudad de Granada, de un caso digno de ser avisado, como estuvo doce años una monja profesa, la cual había metido su padre por ser cerrada y no ser para casada, y un día haciendo un ejercicio de fuerza se rompió una tela por donde le salió la naturaleza de hombre como los demás, y lo que se hizo para sacarla del Convento”..

Lisura criolla en primera página

“Pizarro dice que muchos peruanos son una m…” dijeron en primera página los diarios al recoger lo que fue, según parece, una mala traducción de lo que dijo el futbolista en alemán. Aparentemente estaban quebrando una antigua regla de oro del oficio que indica que no se debe decir groserías en los titulares y recurrir al “Censurado” o la alusión, etc.
Aquí tenemos experiencias interesantes de rupturas de aquella regla no escrita que muchos mantienen. Les daré algunos ejemplos:
“El Nacional” de José Olaya convocó a los peruanos a no equivocarse en las elecciones del 92 con un excesivo “¡No la Caguen!” en apoyo de Fujimori (16 de agosto de 1992).
“El Día” criticó al Presidente Fujimori por la agresión a su esposa, Susana Higushi, con un definitivo: “Chino Maricón” (26 de agosto de 1994).
Cuando medio Lima reclamaba a Manrique la devolución de sus ahorros, el diario “Super Idolo” recogió la opinión general cuando tituló “Se hizo justicia y ahora…¡Paga Mierda!” (1 de noviembre de 1994).
“El Día” y muchos peruanos estaban impacientes por la aparente parsimonia del Ejército ante los avances ecuatorianos. Todos esperaban noticias del frente pro solo se sabía de los éxitos de nuestros entonces adversarios. Ese diario se pronunció con “¡Ataquen Carajo!” a todo lo ancho de su primera (1 de febrero de 1995).
De groserías ni contarles. La prensa llamada chicha ha sobrepasado todos los límites, como este de “Ajá” que reveló “Solterón agoniza con pipi al palo” y en once días, batiendo el récord que se publicitó hace poco (16 de mayo de 1996) y el nuevo “Extra” nunca se quedó atrás y hasta nos hizo gracia con “¡De un pedo malogra hospital!” porque un paciente explotó en el quirófano (10 de marzo de 1998).u
El Perú no es por supuesto el único que luce galardones así. En Santiago de los años 70, un vespertino elegía “El Huevón de la Semana” y nadie se escandalizaba. Y hace muy poco, en el flamante diario Crítica” de Buenos Aires fundado por Jorge Lanatta se hizo una buena crónica sobre los efectos de la recesión y recogieron testimonios de prostitutas que narraban que el negocio iba de mal en peor. Entonces el periodista hizo un título que abarcó toda la primera página: “¡Una crisis de la gran puta”!
¿Es necesario recurrir a la coprolalia, a la jerga grosera (“Tía estrecha salva de cachirulo” hace unos días) para mejorar la presentación noticiosa. La respuesta, enfática, es que no, no hace falta. El habla culta nos proporciona magníficos vocablos para todo y de todo.

Si no, que lo diga doña Martha…

-La vaca sagrada del periodismo

“La vaca más sagrada de periodismo… es el periodismo mismo” escribió alguna vez, más menos, el famoso George Seldes, pionero del periodismo de investigación en los Estados Unidos. Y era a principios del siglo pasado. Poco después otra leyenda del periodismo del país del norte, Upton Sinclair, comparaba con prostitutas a los periodistas de los grandes diarios neoyorkinos en su ya raro libro “La ficha de bronce”.
Ambos críticos de la prensa llamada de referencia de su tiempo reclamaban a los colegas que fueran capaces de autocriticarse, revisarse, rebelarse ante las imposiciones empresariales que hacían condicionar la información a sus intereses.
Los periodistas argentinos acuñaron el “perro no come perro” para describir la negativa de los colegas del Plata a criticarse. Y en el Perú la frase de Henry Pease “Otorongo no come otorongo” fue más expresiva todavía para evidenciar el falso sentido de solidaridad que hacía que los parlamentarios se protegieran entre ellos bajo el “hoy por tí mañana por mí”.
En nuestro periodismo Rosa María Palacios expresó su desacuerdo con las críticas a los radicales cambios en el diario Perú21 con la frase (no se debe) “Hacer periodismo de periodistas”.
En nuestro medio había un pacto tácito de no agresión por lo menos hasta los años 70 en que las opciones y decisiones velasquistas sobre el periodismo nos separaron de manera tajante porque la competencia no era solo profesional sino partidaria e ideológica.
Más adelante la década del 90 fue testigo de la corrupción generalizada de la prensa que controlaron Fujimori y Montesinos y de los noticieros de TV comprados groseramente por el Asesor Presidencial. Y se debe enfatizar que el periodismo fue el crítico más violento de ese otro periodismo envilecido que desprestigió a la profesión de manera casi irreparable.
Ya no es ahora el periodismo peruano “vaca sagrada” de nadie y menos de los periodistas mismos, que mas bien se han convertido en los jueces principales de lo que consideren desviación de los fines que la sociedad concede a los colegas. No se respeta ya más el “perro no come perro” o como se le llame.
Esa actitud de control y reproche ¿beneficia a la profesión? Puede ser, en la medida en que convierte a los fustigadores en vigilantes de un oficio que exige por encima de todo probidad y como consecuencia credibilidad. Solo faltaría instituir entonces quién vigila a los vigilantes y establecer si tienen las condiciones elementales para ejercer de tales. Antes teníamos instituciones tutelares pero ya no existen más y en consecuencia debemos defendernos solos.

Total, ¿todos somos periodistas…?

Ese maravilloso artilugio llamado Celular en el Perú y Móvil en otros países, parece haber desatado una verdadera fiebre periodística pues apenas sucede algo, en especial en las ciudades, decenas de personas desenfundan sus aparatos y fotografían o filman, adelantándose de manera espectacular al periodismo profesional.
Lo normal es que trasladen o envíen las fotos o videos a Internet, ya sea a sus propios blogs o sencillamente a sus amigos. No faltará alguno que lo reenviará a alguna redacción y así, en pocos minutos y a veces en segundos, la imagen del suceso estará dando la vuelta al mundo.
Los últimos accidentes de aviación, atentados en Asia, incendios forestales, suicidas, los novísimos “kamikazes” españoles (esos bárbaros que corren marcha atrás), abusos policiales, etc., todo ha sido registrado por vecinos o viandantes que de un momento a otro asumieron el viejo oficio de los periodistas de recoger información, procesarla y difundirla.
Eso no los convierte en periodistas, como disparar eventualmente no transforma en militar a nadie ni en bombero al que apaga un amago de incendio. Son tareas ocasionales de colaboración con los profesionales.
Pero el uso sistemático de blogs no empresariales que recogen y difunden información ha promovido ya una discusión que ha llegado al Congreso norteamericano. Se está debatiendo allá si una ley que debe proteger legalmente a los periodistas debe alcanzar, en sus beneficios, a los blogueros (“bloggers”). Lo que ha llevado nuevamente a discutir acerca de la necesidad de contar con una buena definición de lo que es realmente un periodista.
Los blogueros del Norte defienden su condición de periodistas alegando que fueron reconocidos por el equipo de campaña de Obama, que les extendió credenciales para cubrir las elecciones e incluso entrar en la Casa Blanca. Los partidarios de la expresión libérrima apuestan por el reconocimiento a los blogs pensando en aquellos solitarios contestatarios de Cuba, China y otros países en los que efectivamente la Internet es una vía de expresión periodística estimable.
Y en nuestro medio criollo mismo, varios blogs han difundido informes que luego, recogidas por los medios masivos, se han convertido en noticias importantes. Esos blogueros criollos ¿son reconocidos por las autoridades? Es, en fin, un debate que recién comienza.

Adiós a nuestro poeta de “La Voz”

Julio Altmann era el poeta de la redacción. Cuando fundamos “La Voz” en 1986 no dudó en unirse al grupo de entusiastas liderados por Efraín Ruiz Caro que ocupamos el noveno piso de la Cooperativa Santa Elisa, en pleno centro. Redactaba de todo porque sabía de todo y nos extendía cuartillas impecables en fondo y forma que no había que releer ni aprobar. Julio era de los nuestros.
Era mi vecino entonces pues vivía a la vuelta, aquí en San Isidro, cerca del Olivar y cuando lo convocamos todavía no había conocido a Norma Aguilar. El clásico “clic” se hizo allá en “La Voz”.
Amable, muy educado, saludaba con voz suave y cálida y jamás se perdía una buena conversación. Y se reía mucho de sí mismo pues él que era un antiimperialista porfiado, tenía pasaporte yanqui porque había nacido en Nueva York. Cosas de política y de familia.
Era un gran lector. Quizá su mala salud, su asma persistente y limitante para la actividad física, le había servido para cultivar su amor por las letras. Y quien sabe también para escribir poesía, que publicó poco. De su único libro, “Perfil de sangre”, les transcribo esta hermosa pieza de humor y amor:

Consejos a un zurdo amor

Si eres izquierdista / de verdad, / búscate una hembrita / que tenga tus ideas:
Pero no le digas / hembrita / o peligrará / tu amor.
Llámala compañera, / no pagues su pasaje / y escojan el cine / entre los dos.
Que tu hembrita / comparta tus ideas / tiene sus ventajas: / se citarán /
en los mismos mitines / se prestarán libros / de Benedetti y Galeano, / revistas con temas / sociales y literarios / y casetes / de Piero, Pablo / Tania, / el Silvio/ o la Sosa.
A pesar de lo dicho, / te aconsejo la trates / como a una pituca. / Cuando menos /
lo pienses/ puede dejarte / por un pequeño burgués.

Julio y Norma, ya unidos, lucharon por la vida como pocos para vivir como intelectuales. Ambos escogieron el camino del periodismo y luego del cierre de “La Voz” transitaron como gitanos por varias redacciones hasta que Julio fue llamado por “La Primera” para aportar su gran experiencia. Allí se hizo cargo de la sección de “Internacionales” y trabajó hasta la víspera de que lo sorprendiera la muerte.
Norma ha perdido a su compañero y Julito a un padre amoroso y sabio. Les hará falta, igual que a todos los que lo conocimos y apreciamos tanto.
Otra poesía, para terminar este rudimentario homenaje a Julio:

Breve biografía

Fui / un niño delgado, / tímido, inseguro. / Y cambié. / Quería / una vida simple: / esposa, / hijos/ casa con jardín. / Y cambié. / Era religioso / me hice ateo. / Tartamudeaba, / aprendí a hablar. / Me creció la barba, /aumentó mi miopía, / tuve ciertas amantes.
No varió/ mi gusto por Salgari, Ribeyro/ y la filosofía, /esta asma bronquial (que fue más intensa / ni mi amor a la música/ instrumental.
No ha cambiado/ mi ansia por las chicas cultas/ las fogatas nocturnas, / el campo con sol/ y ciertas esperanzas/ en brisas, / en pueblos,/ en canciones.
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