Lisura criolla en primera página

“Pizarro dice que muchos peruanos son una m…” dijeron en primera página los diarios al recoger lo que fue, según parece, una mala traducción de lo que dijo el futbolista en alemán. Aparentemente estaban quebrando una antigua regla de oro del oficio que indica que no se debe decir groserías en los titulares y recurrir al “Censurado” o la alusión, etc.
Aquí tenemos experiencias interesantes de rupturas de aquella regla no escrita que muchos mantienen. Les daré algunos ejemplos:
“El Nacional” de José Olaya convocó a los peruanos a no equivocarse en las elecciones del 92 con un excesivo “¡No la Caguen!” en apoyo de Fujimori (16 de agosto de 1992).
“El Día” criticó al Presidente Fujimori por la agresión a su esposa, Susana Higushi, con un definitivo: “Chino Maricón” (26 de agosto de 1994).
Cuando medio Lima reclamaba a Manrique la devolución de sus ahorros, el diario “Super Idolo” recogió la opinión general cuando tituló “Se hizo justicia y ahora…¡Paga Mierda!” (1 de noviembre de 1994).
“El Día” y muchos peruanos estaban impacientes por la aparente parsimonia del Ejército ante los avances ecuatorianos. Todos esperaban noticias del frente pro solo se sabía de los éxitos de nuestros entonces adversarios. Ese diario se pronunció con “¡Ataquen Carajo!” a todo lo ancho de su primera (1 de febrero de 1995).
De groserías ni contarles. La prensa llamada chicha ha sobrepasado todos los límites, como este de “Ajá” que reveló “Solterón agoniza con pipi al palo” y en once días, batiendo el récord que se publicitó hace poco (16 de mayo de 1996) y el nuevo “Extra” nunca se quedó atrás y hasta nos hizo gracia con “¡De un pedo malogra hospital!” porque un paciente explotó en el quirófano (10 de marzo de 1998).u
El Perú no es por supuesto el único que luce galardones así. En Santiago de los años 70, un vespertino elegía “El Huevón de la Semana” y nadie se escandalizaba. Y hace muy poco, en el flamante diario Crítica” de Buenos Aires fundado por Jorge Lanatta se hizo una buena crónica sobre los efectos de la recesión y recogieron testimonios de prostitutas que narraban que el negocio iba de mal en peor. Entonces el periodista hizo un título que abarcó toda la primera página: “¡Una crisis de la gran puta”!
¿Es necesario recurrir a la coprolalia, a la jerga grosera (“Tía estrecha salva de cachirulo” hace unos días) para mejorar la presentación noticiosa. La respuesta, enfática, es que no, no hace falta. El habla culta nos proporciona magníficos vocablos para todo y de todo.

Si no, que lo diga doña Martha…

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