¿Sensacionalismo? Toda la vida…

“Esta formidable fiera era de la magnitud de una grande vaca; su cuerpo cubierto de impenetrables conchas; la cola larguísima, que además de ser uno de los prncipales instrumentos con que hería, le servía de apoyo para correr con indecible ligereza; sus brazos robustos con las garras agudísimas y corvas; su disforme cabeza semejante a la de un dragón tiene en su parte superior dos orejas a manera de conductos, de los que nace gran porción de cabellos, quele cuelgan mas de una quarta; los ojos espantosos idénticos a los de un caballo y las cejas pobladas de cerdas; la boca grande y rasgada, terminando en pico el labio superior; con tres cordones de dientes en el inferior, semejantes a los grandes colmillos de un javalí: de cada uno de los extremos de la misma boca le salen dos grandes espolones en forma de aletas, que también usaba de ellos para herir…”.
Esta rarísima bestia solo existía por supuesto en la florida y mercantil imaginación de un periodista que escribió y publicó en 1610 la famosa “Relacion y verdadero retrato de un formidable y horroroso animal que fue descubierto y muerto en Africa desierta…”.
Además de ser una rara pieza periodística es la prueba cabal de que no hay que escandalizarse con el sensacionalismo de hoy pues tal práctica tienen una estirpe que se pierde en los tiempos.
Los lectores de entonces debieron aterrorizarse al leer como la bestia aquélla se lanzaba sobre las caravanas, matando a veces hasta treinta desprevenidos “dejando el campo poblado de cadáveres”. Nos imaginamos que era lectura prohibida para niños.
Felizmente, dice nuestro colega del siglo 17, los vecinos de Medina se organizaron y marcharon “armadas de escopetas, espadas y lanzas” para buscar y matar al monstruo. Casi todos murieron pero uno le acertó al corazón y le dieron muerte “con gozo general”.
¿Quieren leerla completa? Visiten la página personal del afamado profesor vasco Javier Díaz Noci. Y encontrarán algo más pues está digitalizando su colección de periódicos.
Pero más sabrosa es ésta de 1617 titulada: “Relacion de una carta que envio el Padre Prior de la Orden de Santo Domingo de la Ciudad de Ubeda al Abad mayo de San Salvador de la Ciudad de Granada, de un caso digno de ser avisado, como estuvo doce años una monja profesa, la cual había metido su padre por ser cerrada y no ser para casada, y un día haciendo un ejercicio de fuerza se rompió una tela por donde le salió la naturaleza de hombre como los demás, y lo que se hizo para sacarla del Convento”..

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