Periodismo, enemigo principal del idioma

No hay peor enemigo del idioma que el periodismo. Nos imaginamos siempre a los académicos desesperándose por el destrozo que hacen los periodistas de las palabras que ellos se comprometieron a “limpiar, fijar y dar esplendor” como reza el célebre lema de la Real Academia Española.
Pero ya hace muchos años que los colegas decidieron utilizar el idioma como les diera la gana porque de lo que se trataba era de pintar, describir, colorear, dramatizar , aunque el vocablo elegido no estuviera en el Diccionario que hasta hace poco nos decía lo que estaba bien o mal dicho.
García Márquez fue el primero de los grandes que reclamó plena libertad para escribir como hciera falta. Recordarán su famosa ponencia en el Congreso de Zacatecas en 1987 y que tituló “Botella al mar para el dios de las palabras”.
Allí dijo que había que simplificar la gramática. “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna; enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nost trajeron como si fueran dos y siempre nos sobra una?”.
Los periodistas españoles reaccionaron de mala manera. Uno de ellos, por ejemplo, pidió que escribiéramos “Zien años de Zoledad” pero al final el tiempo ha dado la razón al novelista porque ya los periódicos se alejan cada vez más del “Habla culta” para recurrir al lenguaje de la calle.
Pero en comparación a los españoles, nuestros jóvenes hablan castellano a la perfección. A veces exageran algo comiéndose las sílabas finales pero los amigos de la península se pasan , tanto en pronunciación como en el uso de la jerga. ¿Quién podría decirnos qué significa esto?: “Es un mojón hacer una operación gamba con esa churri?”
Y no es lenguaje carcelario como el que quiso enseñar Ney Guerrero a Magaly Medina pidiéndole que hiciera un esfuerzo para no caer en “la pensadora” (es decir, que no se deprima).
Y curiosamente el diario que más contribuye al uso y popularización del lenguaje/jerga popular carcelario o de la calle, es un matutino pertenecienteal Grupo que posee el diario que más reclama el habla culta. O sea que en esto del idioma y el buen decir también hay criterios comerciales.
(¿Y qué decían los españoles que cité arriba? Simple: “Es una tontería intentar ligar con esa chica”).

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