“A ese asesino hay que ponerle nombre…”

“¿Qué nombre le inventamos a ese asesino?” pedía a sus redactores el famoso Becerra, jefe de la sección policial del diario La Crónica, allá por los años 40 y 50. Porque él sabía que los criminales deben llevar alias o, mejor, un adjetivo que asuste a los lectores; y también las víctimas (como ”La Chica del 17” o “La Mariposa Nocturna”).
Los europeos se llevaban la palma en esto de bautizar asesinos en serie y hasta hicieron el film “El Vampiro de Dusseldorf”, usando el mote que le puso el periodismo a un sanguinario alemán..
En Lima se recordará, por ejemplo a “El Monstruo de Armendáriz” que terminó siendo fusilado hace muchos años y también el reciente “El Loco del Desarmador”, un taxista que asalta mujeres y que todavía no ha sido capturado..
Pero lo máximo de criminal, policial y periodístico es sin duda el caso “Jack El Destripador”, o “Jack The Ripper”, apodo que el propio asesino asumió en una carta que –presuntamente- envió en 1888 al diario londinense “Star” en 1888 y en la que daba sus razones.
Al célebre “Jack” se le adjudicaron por lo menos cinco crímenes espantosos de prostitutas de la City provocando una extrema movilización de fuerzas de Scotland Yard, pánico en los bajos fondos pero, sobre todo, una ola de prosperidad periodística porque la historia de “Jack the Ripper” vendía más diarios que nadie.
Es por esto que el historiador británico Andrew Cook ha planteado, y con la seriedad del caso, que el Destripador fue un invento periodístico para mejorar las ventas del alicaído diario citado y que solo dos víctimas pueden ser atribuidas al asesino. Las otras son de otros…
¿Y la carta? Cook ha establecido que fue escrita por el redactor que manejaba el caso, el imaginativo repórter policial Frederick Best. Ha encontrado cartas personales del periodista, un experto las ha comparado y no parecer haber duda de que la nota de “Jack” fue inventada para mejorar la circulación del cotidiano.
Lo que sucedió, parece ser, es que luego del segundo crimen la investigación no avanzó, se liberó a sospechosos y la atención pública decayó hasta que hubo otro crimen que “Star” no dudó en adjudicárselo a su invención, “Jack the Ripper”. A partir de allí, mujer que moría… pasaba a la cuenta de Jack, el más famoso asesino en serie de la historia.
Pero nada parece desinflar la fama del Destripador que todavía ronda en las más oscuras noches londinenses perseguido por Holmes, interpretado por Freud e inventado por el coleguita Best.

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