Archivo mensual: junio 2009

¿Alguien creía que la CNN había cambiado?

“Golpe de Estado en Honduras” fue la descripción inicial que hizo la influyente cadena norteamericana de noticias CNN. Pero poco más tarde retrocedió y lanzó como título general de la noticia “Sucesión Forzada en Honduras”, lanzando una cobertura tergiversada, manipuladora e inclusive mentirosa de lo que había pasado y sucedía en el país centroamericano.
Quienes creían que la CN había cambiado el viejo estilo de forzar las noticias a favor de intereses determinados pueden ahora comprobar que estaban equivocados.
En la primera hora de cobertura la Mesa de Edición la manejaba Glenda Umaña, quien se comunicó con la corresponsal en Tegucigalpa, Kruspkaia Alis. Esta periodista estaba en la calle entrevistando transeúntes que clamaban contra el golpe militar mientras su camarógrafo enfocaba a soldados que muy agresivamente intimaban a los periodistas a retirarse y se observaba quema de llantas, insultos a los golpistas, grupos crecientes de manifestantes.
Todo parecía indicar entonces que la CNN marcharía hacia la cobertura correcta, es decir, de búsqueda de equilibrio –según mandan los cánones del buen periodismo.
Pero cuando la Umaña fue reemplazada por Claudia Palacios la visión de CNN cambió bruscamente y el uso correcto de “golpe de estado” pasó a la casi inocente “sucesión forzada”.
Ya avanzada la noche la CNN apoyaba sin disimulo el golpe de estado, lo cual se evidenció en la entrevista que hizo la Palacios al presidente Zelaya, en un auténtico diálogo de sordos. La CNN quería arrancarle al mandatario una autocrítica que justificara el golpe militar y Zelaya insistía en que todavía había procesos legales, que no era necesaria la fuerza militar para hacer cumplir la orden de un juez de no realizar la consulta o encuesta prevista. Y tampoco se inmutó la periodista colombiana cuando el hondureño le dijo que era evidente que la CN apoyaba al golpe.
La CNN no escuchaba porque ya había decidido que Micheletti era el Presidente de Honduras. Palacios lo entrevistó inmediatamente después de su juramentación y lo llamó “señor presidente” sin más.
Esta misma Palacios insistiría en que nadie apoyaba a Zelaya en Honduras diciendo que habían recibido más de 500 correos de rechazo a su gestión y que solo leería algunos pues no había más tiempo. Los tres o cuatro que leyó eran efectivamente en contra, lo cual, afirmó con frescura admirable, era prueba de que no querían a Zelaya. Y nunca se refirió a las detenciones de embajadores y funcionarios, etc.
Para la CNN esta era solo una especie de cambio amable de presidentes.
Pero en otras fuentes informativas el cuadro era radicalmente distinto. El rechazo era una verdadera avalancha diplomática y en todo el mundo esto fue un “golpe de estado”. La CNN quedó solitaria sosteniendo que era más bien una “sucesión forzada”, un ingenioso aporte al glosario del golpismo y las derechas.
¿Porqué cambió tan radicalmente su postura informativa la CNN? Habría que preguntárselo a sus propietarios, el poderoso grupo Time-Warner que dirige Richard Parsons, también presidente del igualmente vigoroso CitiGroup. Este famoso ejecutivo forma parte del clan íntimo del presidente Obama y ha logrado que su banco navegue indemne en medio de una crisis en que se hunden bancos a diestra y siniestra.
Pero el gobierno norteamericano no puede apoyar el golpe que sin duda es grato para muchos por allá porque significa una movida en el escenario antinacionalista y antichavista. Pero sí puede lanzar a sus experimentados acorazados noticiosos y esto es, aparentemente, lo primero que ha hecho.

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“Arremetida de la ultraderecha”

Ha llamado la atención el excesivo entusiasmo de nuestro diario decano para denunciar a sospechosos de infiltración extremista en los sucesos del sur del país. Hacía mucho tiempo que no se arriesgaban a un título tan grande y demoledor en primera página: “Arremetida de la ultraizquierda”, de lado a lado.
Con el mismo derecho que concede la libertad de prensa, cualquier periódico podría replicar con el título que encabeza este comentario porque el argumento del comunismo soterrado para debilitar al sistema es casi tan antiguo como El Comercio mismo.
A lo largo de años hemos sido testigos-lectores de campañas parecidas que aparentemente nacían de las canteras del anticomunismo de la Guerra Fría pero con frecuencia se descubría luego que se trataba en realidad de adjudicar el sambenito a movimientos sociales, grupos, dirigentes , que ejercían derecho de defensa ante rapacidades empresariales.
Naturalmente el decano tiene todo el derecho de optar políticamente pero lo que no debería hacer es manipular información presuntamente conseguida por intermedio de la Policía Nacional que a todas luces tiene el peor servicio de inteligencia del país. Si sus informes fueran buenos no habría sucedido la tragedia de Bagua.
Informando sobre la infiltración el diario tituló a toda página una frase que luego no se encontraba en el texto. “Hay que matar policías como en Bagua para que nos hagan caso”, dijo el titular. Pero en la información que sigue no hay sustento para semejante afirmación, salvo “otro participante, de apellido Abarca, habría respaldado entusiastamente esa propuesta (de matar policías) y hasta habría dicho que si ellos no mataban a alguien (se refería a policías) el Gobierno no los escucharía y se burlaría de sus demandas”.
Y ¿cuál era fuente del decano? Fácil: “todo quedó registrado en una nota de inteligencia que elaboraron los agentes… y a la que este Diario tuvo acceso”.
Francamente, esos reporteros no aprobarían el curso de Periodismo de Investigación de ninguna universidad porque construir toda una campaña en excesivo uso del condicional es justamente eso, excesivo y de muy escasa credibilidad.
No hemos visto en cambio nada sobre el extremo concesionismo de denuncios de minas tanto del gobierno anterior como el actual. Deberían añadir por ejemplo que han concedido el célebre Coylloriti, varios pueblos enteros, dos plazas mayores, etc., lo que fue advertido en RPP por Hugo Gonzales Sayán, presidente regional del Cusco.
Valdría la pena extender la investigación hacia ese escenario para no acusar en exceso (usemos su fraseología) a un presunto extremismo que habría sido quizá solventado por probables fuentes bolivianas para un amago de posible afectación de la gobernabilidad democrática.

Cuando los periodistas escriben libros

“Profesor Lévano.. ¿cuántos artículos ha escrito desde que se inició”? El periodista contestó rápido al estudiante: “Por lo menos… ¡una camionada!”
Y sin embargo ha publicado poco en forma de libro. Lo mismo otros periodistas de primera línea que han dejado que sus verdaderas “camionadas” reposen en las hemerotecas para ser descubiertas por algún investigador.
Son dos los estilos de texto que publican los periodistas en forma de libro. O recopilaciones de artículos, entrevistas, crónicas que ya vieron la luz en algún periódicos o textos nuevos –lo que ya no es tan raro como antes en la zona juvenil del “nuevo periodismo”.
Tres son los libros de periodistas redactados con destino al libro que hay que comentar, disímiles en calidad y reconocimiento pero igualmente estimables como testimonio.
El más importante e interesante es sin duda “China. El asombro. Crónicas y reportajes” de Antonio Fernández Arce, un veterano del oficio que hace ya muchos años apostó por cultivar la amistad con la China de Mao, su cultura y política. No dejó sin embargo de hacer periodismo de combate, de la cotidianeidad, en diversos medios como un verdadero “todo terreno”. Y tampoco abandonó la poesía porque era, decía “un poeta metido a periodista”.
Después de años de experiencia china y de acumular millares de artículos Fernández Arce se animó a componer este libro que trata de describir en decenas de crónicas a la inabarcable China. Sus 500 páginas nos regalan un gran retrato a la vez que explicación de esa China asombrosa que no sabíamos bien cuándo saltó de “milenaria y misteriosa” al liderazgo mundial. Un libro indispensable.
“Desde Ayacucho… Mario Cueto Cárdenas” es frase que hemos escuchado por años en la radio. Químico de profesión pero periodista de vocación y oficio acaba de publicar “Ayacucho: Prensa y Violencia”, donde expone de forma algo desordenada su experiencia como corresponsal en los más duros años de la violencia senderista y militar. En sus páginas está por supuesto el caso trágico de Uchuraccay y otros que le tocó presenciar y relatar como periodista.
Llama la atención su visión de la Comisión de la Verdad pues aunque él mismo no arriesga una crítica directa., recoge en amplitud juicios desmedidos que un periódico ayacuchano hizo a los comisionados. Su interesante texto es deslustrado por esas citas.
Finalmente hemos leído “El precio de ser Magaly Medina. Mi verdad en la cárcel”, libro de testimonio que ha tenido éxitos de ventas pues la mezcla de farándula y prisión es una buena receta. Es un relato fresco, desenfadado, que no ahorra críticas a sus colegas periodistas. Lástima que esté tan mal escrito.

“A ver profe, una de Genaro…”

Explicábamos a un grupo de jóvenes que Genaro Delgado Parker tenía un lugar asegurado en la historia de la TV en el Perú, para bien o para mal. “Para unos es un pionero, para otros un simple estafador… Y si me preguntan les diré que tengo muy mala opinión de ese señor porque ha hecho y desecho de nuestra televisión en centenares de episodios que podrían conformar una telenovela algo así como Las Increíbles Historias del Pícaro Don Genaro…”.
“Cuéntese una, profe”, me replicaron. Bueno, aquí un botón de muestra:
En julio de 1988, el presidente Alan García, todavía impetuoso e imprudente amenazó a la TV criolla de hacer algo para que mejore sus contenidos, acusándola (por única vez en su biografía) de no hacer nada por la cultura.
Los “telecasters”, los dueños de los canales, se alarmaron. En aquella época García era capaz de todo, hasta de meterse con los banqueros y había que hacer algo que lo disuadiera de cualquier tipo de intervención pero a la vez que mostrara al público que algo había logrado con su advertencia.
Todos miraron a Genaro Delgado Parker, presidente de la Cámara Peruana de Televisión, el más imaginativo y audaz del grupo. Y él propuso plantear la que llamó “Ofensiva Cultural”, una franja horaria dedicada a la cultura, en las tardes de 4 a 5 para que la vean los escolares, etc.
Fueron a Palacio en bloque para negociar y Genaro dijo “no es una idea reciente… tiene un buen tiempo de coordinación y trabajo… todo será de producción nacional”, derramando frases que García aceptó con complacencia y que le sirvieron para decir que por fin, gracias al gobierno aprista la televisión cambiaba y etc.
Fue una estafa, por supuesto. Una hora diaria era ridícula y todo se redujo a extraer de los depósitos todos los documentales viejos que tenían. Al mes, La República reclamaba: “La expectativa creada por casi un mes de matraqueo publicitario continuo y autobombo… respecto a lo que iba a ser la ofensiva cultural de la TV peruana, se ha reducido a cero en pocos días”.
Se acabó de manera formal en diciembre, luego de 18 semanas. La Cámara de Genaro publicó avisos que anunciaban que la Ofensiva Cultural salía de vacaciones, agregando “Regresamos en abril con nuevos programas en beneficio de la juventud peruana”, mintiendo descaradamente porque nunca tuvieron la intención de “volver”.
Y se olvidaron todos. El fogoso presidente García, el líder Genaro Delgado, Belmont, Nicanor Gonzales, nol volvieron a mencionar la “Ofensiva” que como bien dijo un comentarista de la época, no pasó de ser una ofensa a la cultura.

“En manos de sus trabajadores…”

La frase que pronunció nerviosamente la lectora de noticias Jessica Tapia en nombre de los desalentados periodistas de Canal 5, “Panamericana estará en manos de sus trabajadores” debe haberse colado como una brisa fantasmal en algunas redacciones, provocado escalofríos en varios despachos lujosos y no pocos suspiros de melancolía en colegas veteranos.
Quizá la primera vez que saltó al dominio público fue cuando el 3 demarzo de 1970 los militares velasquistas entregaron los diarios Expreso y Extra “a manos de sus trabajadores” con la condición de que se formara una cooperativa que asumiría la propiedad. Fue una experiencia extraordinaria en la que todos aprendieron y en especial los periodistas que editaron con esfuerzo los periódicos y luego fueron a su vez expropiados por el propio gobierno militar en 1974.
Pocas veces han sido más traicionados periodistas y trabajadores en general que entregaron su confianza en un proyecto político que acompañaban desde sus inicios.
Pero volvió la frase a resonar en aquella etapa en que se preparaba la entrega de las empresas periodísticas “a sus trabajadores” preparando la cesión definitiva a Sectores Organizados de la Sociedad, a lo largo de un año, del 74 al 75. Solo fueron unos meses porque cuando Morales Bermúdez derrocó a Velasco, el proyecto fue desarmado y los medios pasaron a ser poco menos que simples cajas de resonancia gubernamentales.
Cuando se acercaba la fecha en que el presidente electo Fernando Belaunde debía asumir el poder civil democrático en 1980, los trabajadores de los diarios hicieron esfuerzos por evitar el retorno de las empresas a sus propietarios anteriores a la expropiación del 74. “Los diarios para sus trabajadores” clamaron en una campaña que culminó con un gran desfile en diciembre de 1979 y la exhibición de enormes carteles en El Comercio y Correo en particular.
Aprovechando la experiencia, los periodistas de El Observador, diario quebrado, formaron en 1983 una cooperativa para que pasara “a manos de sus trabajadores” pero fueron derrotados por la maraña legal y las divisiones internas.
Volvimos a escuchar la frase en 1983 cuando un puñado de redactores se reunieron en la Asociación de Periodistas y lanzaron el diario AM porque el dueño de PM, el narcotraficante Carlos Langberg les había cerrado la puerta en las narices.. Solo fueron algunos días heroicos.
Nos parece que no supervive ninguna experiencia periodística de aquellas “en manos de sus trabajadores”, o por lo menos no tenemos noticia de ninguna. Y revisada la experiencia nos permitimos augurar, no sin pesar, que aquella frase de Jessica Tapia no pasará de eso, de una frase.