Archivo mensual: julio 2009

Nuestros periodistas que dibujan

El célebre Quino hizo una puntualización decisiva. “Soy un periodista que dibuja” dijo y saldó así una discusión sobre si los llamados “caricaturistas” debían ser llamados así o como debe ser, periodistas a secas.
Nuestro periodismo tiene una venerable tradición de esos dibujantes que resumen la opinión en pocas líneas y palabras y con frecuencias con más contundencia que muchas palabras. Y quizá el caso más notable sea “Variedades”, el semanario fundado en 1908 que hasta su desaparición casi treinta años después solo puso dibujos, caricaturas, en su primera página. Allí Alcántara La Torre zarandeó a los políticos del Oncenio y no pocas veces el mismísimo Leguía debió soportar las tomaduras de pelo de sus propios partidarios –las únicas que toleraba, por lo demás.
En algún momento el recuadro con la caricatura pasó a formar parte de la página o sección de opinión de los diarios y por tanto se integró al tándem Editorial, Artículos, Ensayos, coherentes con la línea central del diario.
La Caricatura es un género de Opinión que requiere oportunidad política y talento particular para el dibujo aunque alguna vez vimos una tira cómico-política norteamericana en la que el diálogo, ocurrente y punzante, era solo entre puntos. Todo un desafío.
Nuestro periodismo tiene actualmente varios notables de aquellos editorialistas de papel y tinta. Cito solo a cuatro y en orden alfabético y no de importancia porque todos son eso, importantes.
Juan Acevedo presenta en la Feria su “Ciudad de los Reyes”, visión personal y crítica de los limeños y peruanos en general, con dibujos-textos que datan de 1969, es decir casi desde que Juan tomaba lápices. Acevedo es un observador perspicaz de costumbres, maneras, cultura urbana; sabe cómo piensan, dicen los limeños desde Villa María hasta las Casuarinas. Y los retrata y hace hablar trazando un testimonio imprescindible para los futuros científico sociales criollos.
En línea parecida pero con estilo muy personal está Alfredo Marcos con sus famosos Calatos y Pitucas, personajes con los que esgrime crítica social sin importarle el medio en que aparezcan. Sus pobretones se han trasladado con comodidad de un periódico liberal a otro conservador, persistiendo en su línea de sátira.
Los formidables editoriales-dibujo de Eduardo “Heduardo” Rodríguez, representan la mordacidad sin concesiones. Y si al director no le gusta, que se aguante, como sucedió en la reciente crisis de su diario. Sus hieráticos muñecotes, lanzan dardos críticos que deben doler…
Carlos “Carlín” Tovar, es el mandoble implacable, la burla de los personajes de actualidad política. Dibujante extraordinario, retrata y desdibuja a los protagonistas de coyuntura con oportunidad que hace reír, pensar y algo mejor todavía: coincidir con su punto de vista.
Son cuatro grandes periodistas que dibujan. De quitarse el sombrero.

Un fantasma en la redacción…

“Becerrita”, el más reputado cronista policial criollo del siglo 20, se pasea por las redacciones de nuestros diarios y hasta se ha vuelto audiovisual. No hay pared ni prosapia que lo detengan y cuando advierte que el editor tiene entre manos una nota que enrojece de sangre, le insufla al oído… “a primera página…”.
Porque a Becerrita no le importan nada el Parlamento, los glaciares, los migrantes, la ola de frío, los amazónicos, las crisis de cualquier tipo, el precio del pollo, invasiones ni bombas. Al cronista solo le interesa que la nota comience más menos así: “…entonces, el filudo puñal hendió la frágil carne del pecho de la bella rubia haciendo brotar un chorro de sangre…”. Y que aparezca en primera página al día siguiente.
Mario Vargas Llosa lo pasó a la inmortalidad de las letras en “Conversación en la Catedral” y luego en sus memorias, describiéndolo como feroz dictador de la zona de las notas policiales del diario La Crónica.
Luis Becerra Ferreyros fue, efectivamente, amo y señor de Policiales hasta que apareció el diario Ultima Hora donde Manuel Robles Alarcón, Emilio Bobbio, Norwin Sánchez, Carlos Ney Barrionuevo, principalmente, le salieron al frente para tratar de arrebatarle su hegemonía nacional de la tinta roja.
Becerra era especialista en el bajo mundo, que conocía al dedillo. No había policía, asesino, prostíbulo, mariposa nocturna… que él no conociera. Bebedor incansable, escandaloso, no dudaba en sacar su pistola y echar tiros al aire cuando era necesario incluso en la propia redacción.
A La Crónica de los años 40 y comienzos de los 50 los limeños le decían “la mentirosa”, seguramente porque intuían que exageraba en exceso, lo cual era verdad. Becerrita convertía cualquier parte policial de rutina en un caso sensacional. Un ejemplo: el anciano párroco de Yauyos don Gregorio cayó muerto de infarto en la iglesia. La Crónica dijo al día siguiente: “… fue brutalmente muerto a golpes por unos malhechores que inducidos por el bastardo móvil del robo, no respetaron ni la edad de la víctima, ochenticinco años que habían encanecido un rostro bondadoso y querido por todos, ni las sagradas vestiduras que llevaba al momento del ultraje”.
Todo era falso y la necropsia lo aclaró. Pero Becerrita lo tuvo entre manos por una semana y hasta envió a un redactor y un fotógrafo para cubrir el presunto horrendo sacrilegio… que no fue tal. ¿La verdad? Esto no era problema para Becerrita porque buscaba casos en los que nadie tenía nada que reclamar.
Murió en su ley. El infarto le sobrevino en su amada redacción y fue imposible salvarlo. De allí que su fantasma vaga de redacción en redacción hasta que alguien lo rechace. Pero eso es, hasta hoy, imposible.

RPP necesita un “manifestómetro”

“Abencia Meza la ganó a la CGTP” afirmó la emisora RPP el jueves en la mañana, comparando la multitud que aguardaba la llegada de la cantante al Palacio de Justicia con la otra multitud, la que manifestaba en la Plaza Dos de Mayo en el día de protesta.
¿En qué se basaba RPP para desvalorizar así la protesta política y laboral? Solo en el ojo de sus redactores y en el deseo, nada más.
Alguien recordó entonces que nos hace falta que retorne algo parecido al viejo Manifestómetro que inventaron los muchachones de Pedro Beltrán del antiguo diario La Prensa para las elecciones generales de 1956 en que se enfrentaron Manuel Prado, Fernando Belaunde y Manuel A. Odría. También lo aplicaron en las elecciones municipales y las siguientes generales de 1962.
Los mítines de cierre de campaña se hacían entonces en la Plaza San Martín y el estrado principal se colocaba delante del portal Belén (al costado del Club Nacional, digamos) y era muy difícil calcular el número de asistentes porque unos alegaban “masas” mientras otros los llamaban “grupetes”. La zona era ideal porque el monumento limitaba el espacio útil y obligaba a la concentración, lo que ya fue imposible en el Paseo de la República, de espacios abiertos y mayores.
Los redactores de Beltrán idearon un método de aproximación a la realidad de número de público muy interesante: cuadricularon la Plaza en zonas de 5 por 5 metros y calcularon cuántas personas entraban en tal espacio y estableciendo cinco categorías. La principal, en frente del estrado donde la gente se apretujaba la llamaban “Anda del Señor de los Milagros”.
El cálculo era por supuesto arbitrario pero no era malo; algo se acercaba.
Hace unos años cinco “blogueros”españoles idearon “El Manifestómetro” (ver blog del mismo nombre) usando las herramientas modernas para calcular espacios y desplazando observadores no comprometidos. Para los terrenos usan el “Google planimeter” o el Sig Pac, programa estatal para medir fincas y luego calculan densidades siendo la más compacta el “ascensor pequeño” (cuatro persona por metro cuadrado), etc.
“El Manifestómetro” español tiene como lema “Nunca diremos si sois cinco o seis… salvo si sois cinco o seis”, burlándose de las exageraciones de los bandos políticos que alegan números excesivos que los cálculos desmienten, chocando con frecuencia con el método del diario El País que la mayoría aceptaba como fidedigno.
Pero nos tememos que al final el cálculo lo hace el director del medio informativo según convenga, Y así fue como para RadioProgramas la megaestrella Abencia Meza y el no menos mentado asesino derrotaron largamente a nuestros honrados proletarios…

Total, Abencia Meza cambió al periodismo

¿Qué es el periodismo? ¿Una función que consiste en recoger, editar y difundir información considerada relevante? ¿Un método profesional de interpretación de la realidad? Vejeces, obsolecencias, senectudes…
Tal como se han presentado las cosas en los últimos días, los antiguos manuales han sido arrojados al tacho haciendo un ruido que ha llegado hasta la más lejanas aulas de aprendizaje de esta vieja y querida profesión.
Periodismo no es ya otra cosa que la recolección y publicación preferente de noticias de la farándula, los delincuentes y los deportistas. Quedan excluidas las informaciones políticas, económicas, culturales, etc. que ocupan espacios que pueden ser muy bien destinados a más noticias de la farándula, delincuentes y deportistas.
También hay que olvidar la segmentación de públicos, es decir, aquella que decía que a sectores Altos y Medios no les interesa las noticias que estaban destinadas a la curiosidad de los sectores Bajos y Más Bajos y viceversa. Ahora todos son iguales porque los crímenes no conocen de segmentaciones: son buenos para todos, desde “Asia” hasta el kilómetro 24 arriba.
Igualmente ha desaparecido la clasificación que otorgaba calidad de “Referencia” o modelo a ciertos medios informativos. En el viejo pensamiento se trataba de medios que mostraban cómo debían ser los periódicos, es decir, una fuente de información relevante cuidadosamente seleccionada para brindar al usuario visiones lo más objetivas posibles de lo que estaba pasando. Quien siga este vetusto camino está en el error.
La frase descriptiva “Periodismo sensacionalista” ha desaparecido porque ya no hay más amarillaje ni chichería; ahora todo el periodismo es igual pues sigue los mismos criterios de noticiabilidad y en consecuencia no hay ya referente, no hay manera de comparar cuál es mejor o peor…
Todo lo anterior ¿es verdad? ¿Está sucediendo en el periodismo del Perú? No totalmente porque hay excepciones honrosas pero el paso a segunda o tercera línea de interés como las de Honduras, Bagua, Censura al Gabinete, Pandemia, en beneficio del crimen de la “Princesita del Folklore” ha sido una formidable demostración de que estamos en ese camino. En la ruta de “lo que le gusta a la gente”.
Varios comentaristas han señalado esta peligrosa elección editorial y nuestro aporte resulta quizá ya reiterativo y hasta pesado. Pero hay que abrir una discusión al respecto para que la chatura de los días anteriores no pase a ser, como casi todo en el país, de ocasional a permanente.