Total, Abencia Meza cambió al periodismo

¿Qué es el periodismo? ¿Una función que consiste en recoger, editar y difundir información considerada relevante? ¿Un método profesional de interpretación de la realidad? Vejeces, obsolecencias, senectudes…
Tal como se han presentado las cosas en los últimos días, los antiguos manuales han sido arrojados al tacho haciendo un ruido que ha llegado hasta la más lejanas aulas de aprendizaje de esta vieja y querida profesión.
Periodismo no es ya otra cosa que la recolección y publicación preferente de noticias de la farándula, los delincuentes y los deportistas. Quedan excluidas las informaciones políticas, económicas, culturales, etc. que ocupan espacios que pueden ser muy bien destinados a más noticias de la farándula, delincuentes y deportistas.
También hay que olvidar la segmentación de públicos, es decir, aquella que decía que a sectores Altos y Medios no les interesa las noticias que estaban destinadas a la curiosidad de los sectores Bajos y Más Bajos y viceversa. Ahora todos son iguales porque los crímenes no conocen de segmentaciones: son buenos para todos, desde “Asia” hasta el kilómetro 24 arriba.
Igualmente ha desaparecido la clasificación que otorgaba calidad de “Referencia” o modelo a ciertos medios informativos. En el viejo pensamiento se trataba de medios que mostraban cómo debían ser los periódicos, es decir, una fuente de información relevante cuidadosamente seleccionada para brindar al usuario visiones lo más objetivas posibles de lo que estaba pasando. Quien siga este vetusto camino está en el error.
La frase descriptiva “Periodismo sensacionalista” ha desaparecido porque ya no hay más amarillaje ni chichería; ahora todo el periodismo es igual pues sigue los mismos criterios de noticiabilidad y en consecuencia no hay ya referente, no hay manera de comparar cuál es mejor o peor…
Todo lo anterior ¿es verdad? ¿Está sucediendo en el periodismo del Perú? No totalmente porque hay excepciones honrosas pero el paso a segunda o tercera línea de interés como las de Honduras, Bagua, Censura al Gabinete, Pandemia, en beneficio del crimen de la “Princesita del Folklore” ha sido una formidable demostración de que estamos en ese camino. En la ruta de “lo que le gusta a la gente”.
Varios comentaristas han señalado esta peligrosa elección editorial y nuestro aporte resulta quizá ya reiterativo y hasta pesado. Pero hay que abrir una discusión al respecto para que la chatura de los días anteriores no pase a ser, como casi todo en el país, de ocasional a permanente.

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