Los periodistas deciden quien es “mediático”

La política es una vocación, sin duda. En algunos casos es precoz y se inicia incluso en la escuela. En otros surge más tarde como interés en los temas públicos, la adhesión a ideas y se avanza hacia el partido, la acción directa, la porfía electoral, etc.
Así era antes por lo menos y había partidos políticos que instruían a jóvenes promisorios, buenos prospectos para integrar los futuros cuadros políticos.
Pero hay un elemento clave que dadas las condiciones no se puede desatender: si aquel joven, por más inteligente, preparado y astuto que sea, no es “mediático” no tiene futuro político en Primera División (o Las Grandes Ligas, dirían los americanos). Está destinado a ser un segundón.
La Academia de la Lengua tiene una pobre definición del adjetivo y lo llama sencillamente “relativo a los medios de comunicación”, pero todos sabemos que cuando adjudicamos condición de mediático a un personaje político estamos haciendo referencia a su capacidad de interactuar por medio… de los medios. Y leemos en una tesis: “Aquí es desde donde pierde valor en sí el político tradicional, para cobrar identidad dentro de la escena mediática. El político se amolda a las reglas del medio para entrar en competencia con los otros actores que se encuentran en ese espacio”.
Esta buena definición sin embargo es insuficiente porque no contempla la acción decisiva de los propios medios.
En efecto, la condición de personaje mediático la conceden los periodistas mismos pues no basta que el político los asedie y agobie. Son éstos, los profesionales de la noticia los que bendicen a un artista, político, reina de belleza, o delincuente como “mediático”. Incluso los propios periodistas pueden ser mediáticos o no.
Esto no es nuevo y hay muchos casos. La prensa norteamericana consagró como mediático al famoso aviador Lindbergh y lo persiguió toda su vida y Kennedy batió todos los records. En el Perú eran mediáticos Nicolás de Piérola, el propio Augusto B. Leguía pero el campeón sigue siendo Fernando Belaunde Terry. Sabía qué cámara lo enfocaba y dirigía su declaración hacia la TV. El resto, prensa, radio, era para otra cosa..
En los años 50 el diario “Ultima Hora” descubrió que un delincuente común conocido como “Tatán” llamaba la atención de la gente de manera inusual. Una primera página con Luis Dunián, un asaltante de poca monta, vendía más que otras y en consecuencia había que explotarlo (no se conocía todavía la palabra “mediático”) y su juicio público fue casi un circo. Terminó asesinado en El Sexto de puro famoso.
¿Y cómo se hace para ser mediático? No hay recetas. Ni los periodistas lo saben pero un buen profesional descubrirá pronto si aquel personaje posee el don y luego ni siquiera importará que piense.

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