El cargamontón ¿género periodístico?

Cargamontón” es un vocablo que figura recientemente en el Real Diccionario. No lo había recogido Martha Hildebrandt en sus conocidos “Peruanismos” y varios lo ignoraban. Pero los peruanos sabemos hace mucho lo que significa, tanto en términos físicos como metafóricos, esto es, todos encima, a mansalva, colmando, abrumando, aprovechando debilidades.
Esto es lo que vemos ahora que hace el periodismo nacional con la joven Eva Bracamonte Fefer en el dramático caso de su madre asesinada, un lío en el que parece que no hay ningún inocente.
Hacía mucho que no contemplábamos un espectáculo semejante. Todos los medios dedican espacios importantes al caso. Leemos “dossiers” o suplementes especiales, vemos reportajes en la tele, oímos entrevistas, en los que colegas investigan, sacan conclusiones, arremeten contra los jueces y piden que manden a la cárcel cuanto antes a las jóvenes presuntamente implicadas.
Es decir, el periodismo criollo se ha convertido en corte suprema, en tribunal inapelable, poco menos que tribunales revolucionarios franceses. Poco falta para que alguien pida la pena de muerte.
En nuestra vida reporteril hemos visto casos de seguimiento prolongado (“follow up” le dicen los gringos) y quizá el más extenso que recordamos haya sido el asesinato de Marita Leandro en el Hotel Sheraton, que incluyó el juicio, repetimos, incluyó las sesiones del tribunal. Traemos a la memoria al doctor Segisfredo Luza, a Ingrid de Oliveira, y otros de gran resonancia periodística en los que los medios cubrieron la parte policía y luego aguardaron a lo judicial.
La Bracamonte y su abogado se defienden como pueden usando las mismas armas que los periodistas y de su hermano, quien también ha descubierto que cualquier cosa que diga, por absurda que sea, obtendrá titulares, fotos, cámaras…
Pero resulta que pese al cargamontón y a la multitud de noveles detectives de redacción, el abrumado juez no parece hallar motivos para enviarlas a Santa Mónica, donde ya le tienen una recepción lista gracias a la publicidad que la precede. La clave es, dicen, el sicario que está ahora en una cárcel argentina y que no podría ser extraditado hasta dentro de un año. ¡Un año!
¿Soportaremos un año más de ”Bracamonte”? Difícil. Los reporteros policiales deberán descubrir antes otro caso que lo reemplace.
Hace un par de días César Hildebrandt entrevistó a Miguel Angel Mufarech y reveló que el personaje ha enjuiciado a unos veinte periodistas. No tiene sin embargo el récord que, me parece, pertenece a Javier Alva Orlandini. Y todo esto por mucho menos que lo que soporta la Bracamonte. Y cuando está protestó, varios colegas dijeron: “Y encima se queja de la prensa”.

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