Archivo mensual: septiembre 2009

M.J.O. un maestro del periodismo

Homenajes a un periodista

Varios homenajes le han hecho a Manuel Jesús Orbegozo. En Trujillo y en Lima, donde nos reunimos al amparo del “Club  de Periodistas” para eso, para agasajarlo con motivo de la cercanía del Día del Periodista.Hice un discurso que no pude pronunciarlo completo pero aquí lo pongo para lo lean:

Hacer una semblanza cabal de nuestro amigo, colega y maestro Manuel Jesús Orbegozo sería ahora imposible, no habría tiempo.

Pero podemos, eso sí, esbozar un elogio que podríamos titular “porqué apreciamos tanto  a Orbegozo”.

No hacen faltan muchas palabras para la tarea.  Periodista de toda la vida y apasionado de la profesión, consecuente con las ideas liberales que abrazó desde su juventud, leal con sus amigos, noble con sus adversarios, profesor y guía de cientos de nuevos periodistas, vital y renovado, nuestro amigo se merece como pocos que le ofrezcamos nuestros respetos.

Cuando Manuel Jesús Orbegozo publicó sus memorias escribí que la  mejor descripción que se me ocurría del periodista era la de “Cazador de Noticias”. Porque cuando se despedía para iniciar uno de sus largos viajes ya sabíamos que retornaría con la maleta repleta de los trofeos que atesoran los verdaderos periodistas, esto es, entrevistas, crónicas, relatos. Y además no pocas heridas, de las verdaderas y las del alma.
Cuando se ha trajinado en este oficio por más de cincuenta años, imagínense todo lo que hay para contar. Sin embargo no todos los periodistas se sientan a recordar y redactar experiencias de cacería noticiosa que en el caso de Orbegozo resultaron un conjunto de relatos apasionantes.
Felizmente el veterano trujillano se sentó a escribir para contar parte de su vida de periodista y no toda porque harían falta muchos tomos. Sus dos volúmenes de memorias periodísticas que tituló “Testigo de su tiempo”  contienen parte de la historia de cómo fueron escritas tantas y tantas notas periodísticas en todos los registros posibles. Es el otro relato, la batalla cotidiana por conseguir una entrevista, lograr una primicia, enviar información al diario o, como podemos apreciar, salvar el pellejo en no pocas ocasiones.
Es verdad que los verdaderos profesores deben transmitir su experiencia a sus alumnos, pero hay casos en los que parece imposible. Porque ¿cómo en enseñar, por ejemplo, a perseguir noticias sujetando una sonda que vaciaba la orina en una bolsa, o escribir atenazado por feroces cólicos biliares, o librarse del inminente asalto de jóvenes africanos o delincuentes colombianos, o a brindar con té batido con mantequilla de yak?

Orbegozo ha dado la vuelta al mundo varias veces, agotando decenas de pasaportes y atesorando recuerdos sencillos como, por ejemplo, los tenedores de todos los vuelos de treinta años y fotos, cientos de lechuzas en miniatura, y muchas fotos cargadas de historia.
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Prensa, poder y Poder Judicial

Francamente, creíamos que la justicia peruana había logrado apartarse de la obsecuencia a la que había sido llevada por Montesinos y el fujimorismo en general.

Se recordará que los diarios “chicha” gozaban de impunidad  porque no había juez que pusiera límites a la prensa. Una demanda, un juicio indignado por acusaciones, burlas  crueles no prosperaban, no pasaban de la Mesa de Partes. Era mejor entonces aguantar nomás, como lo hicieron con resignación Castañeda (“está nervioso, se come la comida de sus perros”), los finados Andrade (“cutrero”), Mohme (“rojo”) y otros que eran víctimas del abuso de la prensa fujimorista.

Los tiempos de Toledo sirvieron para que el Poder Judicial se rehaga y se deshaga de buena parte de varios de  aquellos jueces e incluso alguno importante terminó en la cárcel.

Pero también fue propicia aquella etapa para que el partido aprista rehaga sus cuadros en el Palacio de Justicia y lo acerque al gobierno. Los ejemplos sobran, las denuncias se acumulan, los jueces militares se salen con la suya creyendo que la historia los perdonará. Y ahora la emprenden con la prensa.

La sentencia de dos años de prisión suspendida al colega Efraín Rúa es buen mensaje, sin lugar a dudas. Significa que estamos a merced de jueces que pueden barrer de un plumazo la ya frágil libertad de prensa que tenemos.

El periodismo siempre se ha valido de las comillas para asegurar, poner en claro, que no es el periodista quien hace la afirmación sino un tercero, como es el caso de la nota que suscribió Rúa, distinguido especialista en periodismo de investigación.  Lo malo es que estaba involucrado el hijo mayor del Presidente, miembro de un entorno que los periodistas no pueden tocar ni con  el pétalo de una rosa.

Tampoco tenemos dudas de que la jueza que ha dictado sentencia ha sido influenciada por el Gobierno para dejar claro que nadie puede rozar a la familia presidencial. Habría que ser César Hildebrandt para revelar entretelones. Si no hubiera sido por su prestigio el poder judicial le hubiera caído encima con todo cuando nos contó del hijo secreto de “Aquél” (no mencionar nombres, por favor).

¿Han salido ganando “Aquellos” con  la sentencia a un periodista como Rúa cuyo libro sobre los crímenes de La Cantuta lleva ya varias ediciones?  Si lo creen así es que no tienen sentido de la historia.

Nota final: la próxima semana celebraremos el “Día del Periodista”.No aceptemos abrazos gubernamentales. Dediquemos la jornada a Efraín Rúa, a los colegas de La Voz de Bagua, a los cuatro de Puno que han sido enjuiciados por un juez delirante. Ellos son los que merecen nuestro abrazo.

Otros presos que escribieron libros… de verdad

La publicidad que hizo el gobierno al presunto libro de Abimael Guzmán nos hace buscar en la historia a presos que escribieron libros de verdad. Y decimos “presunto” porque ese texto lo armaron Elena Iparraguirre, el abogado Crespo y quizá otros. El “Cachetón” ni siquiera lo ha visto, con seguridad.
Seguramente fue Marco Polo el primero que dictó un libro estando preso. Era el año de 1298 y compartía una celda en Génova con el escribano Rustichello de Pisa, a quien le contó sus aventuras en la lejana y asombrosa China.
Recordemos al gran Fray Luis de León, quien escribió sus mejores poemas en una celda de la Inquisición, donde estuvo por cinco largos años. Fue encarcelado en 1572 sin saber quién lo acusaba y de qué lo acusaban.
Y un amigo me anota que la primera parte del Quijote la compuso el inmortal Cervantes en la cárcel de Argamasilla del Alba. También que el Marqués de Sade encerrado en la Fortaleza de Vincennes en los años previos a la Revolución produjo allí parte de su escandalosa obra literaria.
Otro preso talentoso, Karl May, fue el creador inmortal de los personajes Old Shatterhand y su amigo indio Winnetou y es para los alemanes, dicen, lo que Verne para los franceses y Salgari para los italianos. Era ladrón y pasó años de su juventud en la cárcel y luego ya reformado, se hizo célebre y rico.
Adolfo Hitler, nada menos, empezó a redactar su texto principista en la prisión de Landsberg donde había sido recluido en el verano de 1924 por su primer y fallido golpe. Y el libro originalmente se llamaba “Cuatro años de lucha contra las mentiras, estupidez y cobardía” pero un hábil propagandista nazi lo redujo a “Mi Lucha”.
El fascismo persiguió y encarceló al gran marxista Antonio Gramsci, quien durante casi diez años llenó 33 cuadernos de apuntes que fueron rescatados antes de su muerte, en 1937, y no llegó a verlos publicados.
El franquismo persiguió encarnizadamente a los intelectuales de la República, como los poetas Miguel Hernández y Marcos Ana, que escribían en sus celdas. El primero murió en la cárcel y el segundo estuvo preso 23 años y logró salir con vida.
Seguramente ustedes recordarán a otros pero yo tengo un recuerdo especial de un famoso norteamericano Caryl Chessman, que estuvo 12 años en el célebre “pasillo de la muerte. Lo llamaban “el bandido de la luz roja”.
Los jóvenes periodistas de entonces seguíamos con atención la batalla de este hombre que luego de recibir una sentencia por asesinato, estudió abogacía en la cárcel para autodefenderse, escribió varios libros y batalló encarnizadamente para impedir su ejecución, que finalmente se produjo en 1960.
Y por último, el memorioso colega César Augusto Dávila rememora al “Reo Escritor”, un delincuente que escribía un diario que se publicó en “Ultima Hora” en los años 60, editado, rehecho, por sus redactores. Se llamaba Héctor Storayke, nos dice “Perro Mundo”, y no ha pasado a la historia.

La renuncia de Hildebrandt al Canal 11

Lo veíamos venir. Nos preguntábamos: ¿hasta cuándo resistirá Belmont (a) El Hermanón las presiones para sacar al incómodo César Hildebrandt de su Canal 11?. No fue difícil pues solo había que regatearle libertad de expresión, sabiendo que el periodista no lo admitiría.
Nunca más volverá el Canal 11 a tener la sintonía, el “rating” que le conseguía el periodista, salvo que “Lucecita” se quite más ropa…
Aquí, la carta de renuncia que fue publicada en el diario “La Primera”:

Sr. Ricardo Belmont

Ricardo:

Uso la vía del correo electrónico -y con los mismos destinatarios- porque es la vía que tú has usado. Para ir al grano: Tenías el compromiso, públicamente aceptado, de respetar la independencia y la autonomía del programa “Hildebrandt a las 10”.

Así lo reafirmaste en la entrevista que te hice hace poco en ese espacio.

Tu carta (o memo, o notificación, no sé cómo llamarla) de ayer es un incumplimiento absoluto de esa promesa pública.

No soy tu empleado y menos tu intérprete y todavía menos tu ujier. Soy un periodista independiente que ha sorteado durante años presiones, intentos de sujeción y propuestas más o menos indecentes.

En el contrato que firmamos no hay ninguna cláusula que establezca que tú dictas el esquema del programa y yo obedezco. Tu carta de ayer parece dirigida a algunos de tus ávidos subordinados. ¿No te habrás equivocado de destinatario?

¿Así que debo poner cinco noticias y dos entrevistas? ¿Y qué es “a esto ponerle una gráfica”? ¿Será una gráfica en 3D, animada, o estática y bidimensional?

¿El próximo paso será que, tal como me lo insinuaste hace dos semanas por teléfono, deba entrevistar a quienes tú “escojas” en el Congreso? ¿O deberé rendirle un homenaje permanente a tu amigo Luis Alva Castro? ¿O tendré que convertir el programa en un anexo de tu proyecto político de hacer de RBC “el canal de los congresistas”?

¿Y quiénes decidirán qué se pone en los cintillos? ¿Se traducirán de Fox News, ese canal que admiras? ¿O provendrán del departamento de prensa que hace meses aboliste?

Estoy estupefacto. Supongo que has supuesto que mi acatamiento sería inmediato. Lo que es inmediato es mi rechazo a tu actitud. Y mi renuncia va, desde luego, con ese rechazo.

Posdata: En relación al rating, tengo que recordarte que mi programa es, a pesar de estar producido por cinco personas, el más visto de tu refundada parrilla (más visto, por supuesto, que el del sacerdote Oviedo). En relación a tu pregunta específica sobre el Canal 5, te diré que no tengo ninguna oferta de trabajo de Canal 5 ni de nadie. Lo que sacó Perú 21 es absolutamente falso. No me voy a otro canal, pues. Me voy a la calle. Pero la calle, siendo dura, es muchísima mejor opción que la que tú pretendes que padezca.

Muchos saludos,

César Hildebrandt Pérez Treviño

¡A renovar la Federación de Periodistas!

Dicen que los periodistas peruanos tenemos el récord de asociarnos y dividirnos. Cada vez que surge alguna especialidad, de lo que sea, inmediatamente le seguirán los periodistas especializados en el tema. La lista es espectacular (¿ya se organizaron los “gastronómicos”?).
Pero tenemos dos instituciones históricas que apreciamos. La hoy eficiente Asociación Nacional de Periodistas, de 1928, conducida con mano firme y certera por Roberto Mejía y Zuliana Laynes, que dentro de poco celebrará su Congreso Nacional en Tacna.
Y la Federación de Periodistas del Perú, de 1950, que mañana domingo deberá renovar su directiva vía el voto de sus asociados.
El Colegio de Periodistas también nos reúne. O mejor, debería reunirnos. Pero eso es un desastre que avergüenza relatar. Mejor lo dejamos para otra vez porque no hay solución a la vista.
En cambio en la Federación parece haber llegado el momento de la renovación porque paradójicamente antiguos y experimentados cuadros como Bernardino Rodríguez, Pablo Truel, Luis Eduardo Podestá, tratarán de rescatar la vieja institución que tantos avatares ha pasado.
En su más de medio siglo desde que el gran Genaro Carnero Checa la fundara, la FPP ha tenido varios, digamos, terremotos que estuvieron a punto de hacerla desaparecer. Pero al final emergió como la institución paralela que debe acoger a quienes no desean estar en la ANP.
Recordemos por ejemplo que la política la dividió en los años del gobierno militar con facciones lideradas por Carlos Paz (“FP-Abancay”) y Genaro Carnero Checa (“FPP Sindical”). Los militantes de esta última fueron sañudamente perseguidos por el gobierno de Morales Bermúdez y su actividad se extinguió al retorno de los civiles al poder.
Años después, 84 ú 85, apareció un personaje que quizá algunos memoriosos recuerden: Delgado Oré. Con astucia logró controlar la FPP, se instaló en el edificio y costó mucho trabajo recuperarla pues este hombre recurría a todo lo imaginable, como por ejemplo utilizar a la banda de matones del conocido “Búfalo” Pacheco. Finalmente fue echado poco menos que a patadas y Laureano Carnero Checa se hizo cargo logrando, como decimos, reverdecer la institución.
No sé cómo fue posible que la FPP llegara a la situación de postración y franca inutilidad que muestra hoy. Pero hay que rescatarla y darle vida porque los periodistas requieren organizarse porque hay mucho que defender y ayudar a defender, en especial en el interior.
Soy el asociado Nro. 0753, tengo mi carnet y estoy en el padrón aunque no “al día” porque nadie me ha cobrado. Pero allá voy.

La decisión de Anna Pou y el periodismo de investigación

Lo que sucedió en el “Memorial Medical Center” del bajo Nueva Orleáns luego del paso del mortífero huracán Katrina supera con amplitud a cualquier historia de aquellas series que muestra los afanes de las salas de emergencia. Porque en ese hospital, médicos y enfermeras decidieron acabar con la vida de los pacientes que consideraron irrecuperables.
Por lo menos dos docenas de personas fueron inyectadas con morfina y “euthanized” (para usar el vocablo americano).
La situación era realmente muy grave en esos días de agosto del 2005 pues el huracán había asolado los barrios pobres de la vieja ciudad. Al hospital llevaban cientos de enfermos y hasta cadáveres que los socorristas hallaban flotando en las calles. Unos pocos helicópteros evacuaban a los pacientes que los doctores calificaban como recuperables; los otros, los que agonizaban, serían inyectados hasta morir.
Esta información se conoció poco después y la doctora Anna Pou, quien tomó las decisiones por lo menos en cuatro casos, fue arrestada en el 2006 y ahora se bate en los tribunales.
Este caso fue tomado por la periodista, y médica, Sheri Fink quien finalmente ha publicado el resultado de su investigación con el título “Las mortales decisiones en el Memorial” en la revista Times, causando sensación por el dramatismo del relato minucioso, casi extremo en detalles, recogiendo testimonios de aquellas horas de desesperación del personal en que la situación los rebasaba ampliamente.
En paralelo al impacto de la narración se ha destacado el tiempo que tomó a Sheri Fink realizar la investigación y su elevado costo. Porque fueron dos años en los que se gastó casi 400 mil dólares, lo cual la convertiría en el trabajo más oneroso del periodismo de investigación de los Estados Unidos.
Otras fuentes han calculado el costo de las grandes coberturas, como los tres millones anuales que cuesta la oficina del The New York Times en Bagdad; o los elevados presupuestos para cubrir las elecciones presidenciales y que suelen arañar el millón de dólares.
El editor de Times ha dicho que: “El periodismo de investigación es muy, muy caro”.
Pero el resultado bien lo vale, como se puede comprobar en la página web de la Ong “ProPublica” que promueve el periodismo que favorece al público y a la cual cualquiera puede suscribirse (http://www.propublica.org) para examinar las buenas investigaciones que realizan sus reporteros. Pero será difícil que alguna se acerque al dramatismo pintado por Sheri Fink en su párrafo inicial:
“El olor de la muerte se impuso en el momento en que un trabajador quebró y abrió la puerta de madera de la capilla del hospital. Dentro, más de una docena de cuerpos yacía en camillas o en el suelo cubiertos por sábanas blancas. Aquí, un mechón de pelo gris. Allá asomaba una rodilla. Una pálida mano se extendía a través de un plástico azul…”

Octavio de la Suarée, periodista cubano

“Manual de psicología aplicada al periodismo” (La Habana, 1944, 80 pp.) es otro de los libros que encontré en mi última búsqueda. Texto importante por el tema pero sobre todo por el autor, un gran periodista y maestro de periodistas.
Gracias a José Marques de Melo, el ilustre brasileño, habíamos sabido ya de la obra del cubano que se llamaba realmente Octavio Suárez pero que hizo su seudónimo tan popular que adoptó finalmente “de la Suarée” como apellido. En el Congreso de investigadores de la comunicación de La Plata, hace unos años, Marques nos presentó además a su hijo, el distinguido académico que lleva el mismo nombre, profesor de la Universidad de Paterson.
En la Biblioteca Nacional limeña hay otro libro del cubano titulado “Moralética del periodismo” de 1946, que tuvimos ocasión de revisar y que contiene enorme cantidad de información histórica además del tema principal, la moral y la ética en la profesión y para lo que inventó una sola palabra.
Nacido en Cárdenas en 1903 fue intelectual y periodista precoz y viajó muy joven a Francia. Probablemente perteneció a la bohemia liberal matancera y habanera, culta y escandalosa de los años 20 y en esas línea publicó la novela “La porcelana en el escaparate: novela sin amor al amor”, en 1927, que le valió unos días de cárcel porque según las autoridades “ofende la moral de las estudiantes normalistas”. Pocos años después publicaría “En el país de las mujeres sin senos”, en 1938, y de cuya temática no tenemos idea (¿se referiría a las francesas?).
Ya maduro, columnista y ensayista respetado, profesor de idiomas, fue llamado a integrar la plana de profesores que fundaron en 1943 la famosa Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, que por muchos años fue la más prestigiosa de América. Cuba tenía una larga y honrosa tradición de periodismo liberal encabezada por José Martí, nada menos. La Escuela fue cuna de generaciones de periodistas que aportaron a la construcción de un excelente periodismo, incluso en los tiempos que siguieron al triunfo de la revolución castrista.
De la Suaréé estuvo entre los periodistas que más encarnizadamente se opusieron a Batista; y también entre los que no aceptaron el rumbo socialista. Y partió con su familia en 1961 a los Estados Unidos donde fue profesor por treinta años, hasta su muerte.
El libro que tengo en las manos podría describirse como un manual de imagen o retrato de los elementos que construyen al periodismo, desde los periodistas mismos hasta los anuncios o los vendedores e incluso el “público lector”. De la Suarée hizo un perfil de todos en un ensayo que conserva vigencia porque aquel periodismo que reconoció y pintó sigue siendo el mismo.
El periodismo cubano tiene una deuda de reconocimiento con este distinguido compatriota así como con muchos otros periodistas que marcharon al exilio o se retiraron del oficio batidos por la ola revolucionaria. Pero que habían forjado, repetimos, un gran periodismo de opinión y reportaje.

Seguirá: “Ingrid, víctima de la sociedad corrompida”