M.J.O. un maestro del periodismo

Homenajes a un periodista

Varios homenajes le han hecho a Manuel Jesús Orbegozo. En Trujillo y en Lima, donde nos reunimos al amparo del “Club  de Periodistas” para eso, para agasajarlo con motivo de la cercanía del Día del Periodista.Hice un discurso que no pude pronunciarlo completo pero aquí lo pongo para lo lean:

Hacer una semblanza cabal de nuestro amigo, colega y maestro Manuel Jesús Orbegozo sería ahora imposible, no habría tiempo.

Pero podemos, eso sí, esbozar un elogio que podríamos titular “porqué apreciamos tanto  a Orbegozo”.

No hacen faltan muchas palabras para la tarea.  Periodista de toda la vida y apasionado de la profesión, consecuente con las ideas liberales que abrazó desde su juventud, leal con sus amigos, noble con sus adversarios, profesor y guía de cientos de nuevos periodistas, vital y renovado, nuestro amigo se merece como pocos que le ofrezcamos nuestros respetos.

Cuando Manuel Jesús Orbegozo publicó sus memorias escribí que la  mejor descripción que se me ocurría del periodista era la de “Cazador de Noticias”. Porque cuando se despedía para iniciar uno de sus largos viajes ya sabíamos que retornaría con la maleta repleta de los trofeos que atesoran los verdaderos periodistas, esto es, entrevistas, crónicas, relatos. Y además no pocas heridas, de las verdaderas y las del alma.
Cuando se ha trajinado en este oficio por más de cincuenta años, imagínense todo lo que hay para contar. Sin embargo no todos los periodistas se sientan a recordar y redactar experiencias de cacería noticiosa que en el caso de Orbegozo resultaron un conjunto de relatos apasionantes.
Felizmente el veterano trujillano se sentó a escribir para contar parte de su vida de periodista y no toda porque harían falta muchos tomos. Sus dos volúmenes de memorias periodísticas que tituló “Testigo de su tiempo”  contienen parte de la historia de cómo fueron escritas tantas y tantas notas periodísticas en todos los registros posibles. Es el otro relato, la batalla cotidiana por conseguir una entrevista, lograr una primicia, enviar información al diario o, como podemos apreciar, salvar el pellejo en no pocas ocasiones.
Es verdad que los verdaderos profesores deben transmitir su experiencia a sus alumnos, pero hay casos en los que parece imposible. Porque ¿cómo en enseñar, por ejemplo, a perseguir noticias sujetando una sonda que vaciaba la orina en una bolsa, o escribir atenazado por feroces cólicos biliares, o librarse del inminente asalto de jóvenes africanos o delincuentes colombianos, o a brindar con té batido con mantequilla de yak?

Orbegozo ha dado la vuelta al mundo varias veces, agotando decenas de pasaportes y atesorando recuerdos sencillos como, por ejemplo, los tenedores de todos los vuelos de treinta años y fotos, cientos de lechuzas en miniatura, y muchas fotos cargadas de historia.

-El comienzo de la cacería

¿Cuándo comenzó realmente la ininterrumpida cacería de Orbegozo?

“Debo recordar” -escribió hace unos años en el diario El Peruano- “que el primero de enero de 1951, amanecí en Lima, como lo hace cualquier provinciano que llega a buscarse la vida (…) con una mano atrás y otra delante…”.

Pero no llegaba desarmado ni desconocía la ciudad porque había sido cadete en Chorrillos por cuatro años y por poco no resultó oficial del Ejército. No era su vocación y retornó a Trujillo para ver qué hacía mientras escribía poesía que publicaba en el diario “La Nación” donde fue que trajinó por primera vez en una redacción. Allí también hizo su primera investigación al denunciar a un alcalde por gastar demasiado en una modesta placita de la playa Buenos Aires.

En Lima comenzó a escribir y a enviar sus textos a distintos periódicos hasta que logró ingresar a La Crónica, que se renovaba; y pronto fue nombrado Jefe de Información Local, es decir, el profesional que cada día confecciona el Cuadro de Comisiones que la infantería reporteril debe cumplir.

Al lado de su afanosa búsqueda de noticias que La Crónica requería para mejorar y enfrentar una dura competencia, Orbegozo hacía entrevistas para la revista “Cultura Peruana”, también de los Prado.

Y en 1955 fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo. Luego, en 1958 publicaría su primer libro, “Reportajes”, con las entrevistas que el Jurado elogió como las mejores.

-De La Crónica a El Comercio

La Crónica había sostenido la candidatura de Manuel Prado, el político de la familia que por entonces era la más rica del Perú y en consecuencia la línea periodística era afín al gobierno.

Orbegozo seguía suministrando comisiones y haciendo entrevistas y era efectivamente estimado por la administración pero tenía un secreto que cada vez se hacía más difícil de ocultar, esto es, que era de izquierda y había suscrito el acta de fundación del “Movimiento Social Progresista”, partido que tiene un honroso lugar en la historia de la política peruana. Allí estaban personajes los hermanos Salazar Bondy, Ruiz Caro, Moncloa, Agurto, Ruiz Eldredge, Damonte, Tito Gutiérrez, y muchos más que habían logrado organizar una alternativa política real, de socialismo democrático.

Alguien pasó el dato a La Crónica de que Orbegozo no solo militaba sino que dirigía el exitoso semanario “Libertad” y entonces lo despidieron sin más trámite.

Un colega le consiguió un empleo en la agencia de publicidad Walter Thompson , como redactor creativo; y allí pasó Orbegozo con sus ideas a escribir slogans y lemas para vender cosas hasta que fue nuevamente despedido por quedarse dormido sobre el escritorio. Y es que pasaba las noches en la imprenta editando “Libertad” y no había tiempo para descansar.

Otra vez en la calle, quizá compartiendo la vieja bohemia del entrañable “Palermo” en La Colmena, o del “ChinoChino”, el “Woni” y tantos otros. Hasta que fue convocado para organizar un nuevo diario.

Corría 1960 cuando comenzó a organizar un  periódico para un sector ligado a  Fernando Belaunde que se preparaba para competir electoralmente en 1962. El dueño era Manuel Mujica Gallo, que lo envió a Brasil para que observara el nuevo periodismo que se hacía por allá. En Río de Janeiro comenzó a escribir para “O’Cruzeiro”  y cuando le ofrecieron que se quedara, prefirió regresar para hacerse cargo del futuro tabloide.

Pero por su fama de militancia de izquierda y acusaciones de recibir dinero de Cuba le impidieron hacerlo y los dueños contrataron a otro profesional que recogió y utilizó todo lo avanzado por Orbegozo, quien fue enviado al Dominical.

En ese tiempo el diario “El Comercio” también quería entrar a la competencia en ese nuevo periodismo que surgía, fundó el vespertino “El Comercio Gráfico” y llamaron  a Orbegozo. Era el año 1962. Nuestro periodista inició entonces la que sería una larga estadía en el periódico de la familia Miró Quesada  que se prolongó por 32 años hasta jubilarse.

Desde allí partió a su primer viaje, en 1967. Había ganado un concurso de prensa de las Naciones Unidas y la entrega era en Ginebra; todo un viaje. Pero por entonces llegaban  informes terribles de una guerra en Nigeria, del drama de Biafra y Orbegozo pidió que le cambien el boleto. Y se marchó al Africa, estrenando pasaporte.

Para conocer el detalle de sus numerosos viajes es necesario leer sus memorias. Allí fluyen historias, personajes, paisajes, dramas, anécdotas, redactadas con tal  que al lector le parece estar sencillamente charlando con el veterano periodista.

En cada viaje, en cada crónica, Orbegozo siempre encontrará un interlocutor. Alguien que lo ayude y lo guíe; y tal vez que lo engañe y hasta lo estafe.
Viajero solitario, necesitará siempre de presencias que lo animen como, citemos algunas, la bella azafata amante de Yuri Gagarin, el tullido Jean Louis de Lourdes, el presunto policía estafador de Roma, la bella casada de Tesalónica, Maruja Pons la amante del dictador Manuel Odría, el encantador de serpientes de Katmandú, el negro guachimán del Rockefeller Center, el brujo de Camerún… Son decenas.
Algunos de estos personajes serán memorables. Por ejemplo, la celebérrima anécdota de su extraña boda con la joven Mbaré, una historia que recuerda con nostalgia y algo de culpa sin duda. Esta es la historia, en breve.
Orbegozo había salido una vez más de cacería noticiosa, ahora en busca del Emperador Bokassa I, el Napoleón africano, que era juzgado en la República Centroafricana. El caso se merecía una visita y una buena crónica así que enrumbó a Luanda para conseguir visa pero no tuvo éxito y todo indicaba que su misión había fracasado. Pero entonces le sucedió algo insólito: una joven burócrata del Ministerio le propuso casarse.
Orbegozo pensó en la visa, y efectivamente tuvo una ceremonia nupcial y un banquete con invitados al final del cual ella le reclamó estar solos y él le pidió la visa con la promesa de recogerla al día siguiente para iniciar la luna de miel. Pueden imaginar el final. El reportero huyó, pasaporte en mano, hacia el aeropuerto y llegó finalmente a Bangui y logró la cobertura del juicio.
La historia ilustra bien lo que lector recoge a lo largo de los textos: la tenacidad orbegoziana, la persistencia elevada casi hasta la necedad con tal de no retornar con las manos vacías, el apelar a cualquier recurso para lograr una foto, una entrevista.
Las crónicas aparecieron en su mayoría en el Dominical del diario “El Comercio”, especialmente cuando lo dirigía Francisco Miró Quesada, el lúcido filósofo que le comprometió su apoyo. Allí, en la hemeroteca, están todas estas historias que tienen, como dijimos antes, la otra historia, la de los trabajos que pasó para conseguirlas.
Pero nos hemos adelantado. Porque a lo largo de aquella treintena de años fue publicando libros. Por ejemplo sobre China, llevado por su admiración por el esfuerzo revolucionario de ese pueblo por modernizar a su país. Su adhesión a la cultura del viejo país lo llevó a fundar el Instituto Cultural Peruano Chino, que promovió el acercamiento de ambos países y el establecimiento de relaciones diplomáticas.

También nos fue entregando en años sucesivos sus entrevistas, las conocidas “MJO  -Entrevistas”, después sus citadas memorias y finalmente “Vallejo Periodista”.

-El profesor de periodismo

En 1968 fue invitado a dictar clases en la escuela de periodismo de nuestra Universidad de San Marcos. Ya había colaborado antes en la fundación del instituto Jaime Bausate y Mesa y podía lucir cierta experiencia pedagógica pero la realidad sanmarquina no era por entonces favorable a una buena administración.

Pero el entusiasmo suplía la falta de aulas y facilidades. Orbegozo compartió alumnos con profesores distinguidos como Alejandro Romualdo, Julio Bianchi, Evaristo San Cristóbal, Carlos Parra. Ya se había jubilado el viejo maestro Corpus Barga y se avecinaban tiempos difíciles pues el gobierno militar haría cambios drásticos en la educación.

Nuestro profesor  se hizo cargo del curso de Redacción Periodística, compartiendo su tiempo con sus tareas en la redacción. Pero no había aulas para sus raros horarios, sin tiempo libre. Entonces los estudiantes decidieron alquilar un local en el centro que pertenecía al sindicato de Construcción Civil y allá marchaban todos a beber de la experiencia de Orbegozo. Y cuando fueron desalojados enrumbaron a la casa donde la familia soportó abnegadamente la invasión de los alumnos que querían escuchar al maestro.

“El periodismo es la práctica en un 70 por ciento” repetía Orbegozo y citaba a los alumnos a las siete de la mañana en lugares diversos como hospitales, asistencia pública, comisarías, pueblos jóvenes. “A ver jóvenes, busquen la noticia” era la consigna que planteaba.

Colaborando con  la Universidad de San Marcos asumió por algunos años la dirección de prensa. Y finalmente fue elegido Director de la Escuela de Comunicación Social en el 2004, cargo que cumplió hasta el 2007.

Hay que destacar que reunió su experiencia pedagógica en el manual  “Periodismo, Teoría y Práctica”, un aporte valioso a la formación de nuevos y mejores profesionales de la información, publicado por la Universidad.

-Poeta y bailarín de marinera

Habíamos contado ya que en Trujillo lo reconocían como poeta joven. Pero abandonó los versos. Muchos años después recordó que su entrañable amigo Alfonso Barrantes le había pedido que escribiera un poema a una joven  árabe que conocieron en el Sahara Occidental. En homenaje a ambos, Orbegozo redactó “Hajmala y el desierto” del que trascribo un breve fragmento:

“Te quiero decir, ahora,/Un secreto al oído, Hajmala:/Una tarde de octubre/En tus ojos hermosos/De carbones molidos/Se extravió  mi vida./Si la encuentras, /Hajmala,/Quédate con ella./Ya no me la devuelvas./Ya no la necesito…”

Pero no se crea al leer esta poesía que Orbegozo es un romántico de teoría.  Al contrario. Desde joven enarboló el pañuelo y se lanzó al ruedo a bailar marinera como un profesional.  Por eso es que en los años sesenta, cuando se fundó el hoy  tradicional Festival de la Primavera en Trujillo, fue llamado para integrar  el Jurado calificador de los concursos de Marinera. Se convirtió en un temible juzgador de estilos, calidad y sobre todo, de vigilante obsesivo de las maneras tradicionales de bailarla..

Ahora Orbegozo piensa  que no se baila como antes, que se ha perdido elegancia y dignidad y sigue tomando el pañuelo de cuando en cuando para mostrar cómo se debe bailar

Y también cómo se debe torear porque se aficionó al mundo del toreo y estuvo en barrera de sol en Acho treinta años, redactando crónicas y críticas de la controvertida fiesta taurina.

Manuel Jesús Orbegozo se ha jubilado de la Universidad de San Marcos pero no del periodismo, de la marinera, de los toros, de la poesía, de la enseñanza y del combate por el buen periodismo.

Es verdad que ya no publica Orbegozo regularmente en ningún periódico pero no ha dejado de escribir, embarcándose con entusiasmo juvenil en el mundo de los Blogs. Se le puede visitar en su página que titula “Un Mundo, Un día”, y apreciar su excelente pluma y su persistente vehemencia para exponer su opinión

Buen Día del Periodista, maestro Orbegozo.

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