Archivo mensual: octubre 2009

Solo soy periodista de papel…

Confieso. Solo soy un melancólico periodista “de papel”, es decir, lo contrario al periodista “de web” que ahora acecha a las redacciones comunes de viejo estilo porque está saliendo de los rincones donde lo habían relegado como si fuera una curiosidad.
Y es que todo indica que no hay marcha atrás en el llamado “ciberperiodismo”, toda una especialidad que provoca escaso entusiasmo en unos y que lleva a otros hacia un verdadero fundamentalismo de la profesión. Algo así como “web o morir”.
Todo lo relacionado con el tema lo sacudimos en horas de trabajo en un coloquio que organizó Periodismo de la Universidad Católica y en el que los “de papel” fuimos arrinconados por cifras que parecen demostrar que nuestros días están contados… si no integramos las redacciones.
Ha quedado claro, eso sí, que las nuevas formas de presentación informativa que son posibles gracias a la sorprendente nueva tecnología, no afectarán jamás la vieja rutina periodística, aquella de Recoger, Editar y Difundir noticias.
El Viejo Periodismo (“Nuevo” en su tiempo) demoró muchos años en salir del simple rol de difusor de ideas y de actividades de partido al que había sido destinado , para pasar a un larga etapa de deslumbramiento en que un buen titular vendía cientos de miles de ejemplares desde el momento en que los canillitas gritaban la noticia del día. Unos cien años, más o menos.
Ahora en cambio, y por lo menos en el Perú, el cambio es tan acelerado que la moderna rotativa que acaba de instalar El Comercio hace pocos días parece marcar la llegada del último dinosaurio.
Esta nueva historia comenzó en Lima en enero de1995 cuando la revista Caretas nos informó que ponía su edición en Internet, o sea, “on-line”. Le siguieron El Peruano, La República, El Comercio en 1996 y ahora ya ningún medio “tradicional” (noten las comillas) que se respete puede prescindir de trasladar sus contenidos a la amenazante Internet, uniéndose a un inabarcable océano noticioso en el que destacar es una tarea titánica.
Eso es lo que hacen los “ciberperiodistas”, que pueden ser de medios masivos comunes o independientes, los famosos blogueros. Son expertos en el manejo del nuevo soporte que es la WWW, capaces de redactar, fotografias, filmar, editar, transmitir.
No estoy seguro sin embargo de que nuestros jóvenes competidores tengan la visión adecuada para jerarquizar, por lo menos si atendemos a los viejos cánones que exige periodismo relevante. Una página web puede contener tantas noticias, titulares, “links”, cambiantes que no parece que fuera necesario regirse por la Tabla Básica de Noticiabilidad que todavía se aprende en las Universidades.
Total, debemos prepararnos para la convivencia porque el ciberperiodismo actual tiene un problema: parece invencible en difusión pero nadie, ni lectores y publicistas pagan un centavo por sus noticias.

Si Yoani tuviera un Hearst….

“Es la chica de turno de la campaña mediática contra Cuba” comentó con dureza un funcionario cubano refiriéndose al caso de la bloguera habanera Yoani Sánchez, quien debía viajar a Nueva York para recibir un premio por su persistente oposición al gobierno de su país desde un publicitado y controvertido Blog.
La referencia del diplomático tenía que ver quizá con la escandalosa historia de verdades a medias y grandes titulares que armó el magnate de la prensa W.R. Hearst desde su famoso diario amarillo “Journal” de Nueva York, a partir de 1895.
Estaba sumergido en un batalla sin cuartel contra su rival Pulitzer y su “World” y ambos buscaban noticias sensacionales peleando lectores y abandonando, en particular el último, los principios elementales de ética que proclamaba respetar.
En Cuba se luchaba por la independencia y el proceso era seguido con atención por los Estados Unidos, interesados en el jugoso botín que significaban las posesiones coloniales hispanas, Filipinas, Puerto Rico y la gema del Caribe, Cuba. Pero hacía falta promover opinión pública en contra de España para eventualmente participar, y fue entonces el sensacionalismo neoyorkino su mejor aliado.
George Bryson, enviado especial del Journal a Cuba en 1897 fue el primero en conocer la historia de Evangelina Cisneros, una joven que en su afán de ayudar a su padre preso por revolucionario había protagonizado varios incidentes hasta que finalmente fue confinada en una ”Casa de Recogidas” en La Habana.
Informado Hearst del caso ordenó la cobertura total promoviendo una campaña internacional por su libertad. Nunca le importó si las notas que llegaban de Cuba eran reales porque sabían que sus lectores querían saber de una bella niña, maltratada, abusada, vestida de andrajos, que barría habitaciones que compartía con prostitutas… por el solo delito a ayudar a su padre a luchar por la libertad,.
Entonces Hearst tuvo una idea sensacional: rescatar a Evangelina y llevarla a los Estados Unidos.
Otro periodista del “Journal” Karl Decker, organizó la presunta fuga que luego relatarían como una hazaña de suspenso y valentía. Todo fue falso. Lo que hizo Hearst fue enviar dinero suficiente para sobornar militares y dejar salir a la muchacha, que llegó a Nueva York con sus salvadores.
Fue el triunfo total de Hearst y la derrota vergonzosa de Pulitzer quien no tuvo más remedio que cubrir la información. El “Journal” instaló a la Cisneros en el Waldorf Astoria y al día siguiente le organizó una “Parade” a la que asistieron miles de personas ansiosas de conocer a la heroína, que poco después se casó con uno de sus presuntos liberadores. Cuando se desató la guerra y España fue derrotada, los diarios olvidaron a Evangelina para siempre. Murió en La Habana en 1967.

La Fallaci ha regresado

La gran periodista Oriana Fallaci ha vuelto y, como no podía ser de otra manera, haciendo estruendo como lo hizo con sus últimos textos, artículos o declaraciones en los que derramaba descontento y amargura.
Es probable que el cáncer que la laceraba la volviera más intransigente y antipática que nunca y el hecho es que al morir hace unos años los obituarios que la recordaron hicieron mayor mención a sus odios que al enorme aporte que hizo al periodismo de toda una generación. Y eso es lo que hay que recordar de la controvertida Fallaci cuya novela inconclusa sobre la historia de su familia acaba de ser publicada y con éxito, por supuesto.
Recuerdo el impacto que nos provocó “Los Antipáticos” su primer libro en castellano. Ya era famosa en Europa por sus entrevistas que publicaban L’Europeo o Corriere Della Sera y al llegar el texto a América todos envidiamos el Método Fallaci de preparación exhaustiva antes de enfrentarse al entrevistado y la agudeza de la contrapregunta.
Su fama de entrevistadora hizo que nadie se resistiera a su invitación a conversar; ser entrevistado por la Fallaci provocaba temores pero también era un privilegio además de una segura difusión mundial.
Pero no es la Fallaci entrevistadora la que nos gusta más; preferimos a la reportera de los textos que luego de ser Grandes Reportajes pasaron a ser libros que ahora son muy difíciles de encontrar.
En 1965 se publicó “Si el Sol muere”, relato de técnica de Nuevo Periodismo, aquel en que el periodismo apela a la literatura porque ésta tiene mejores armas para contar lo que hay que contar y permite la presencia del redactor. Es un texto sobre los astronautas norteamericanos que la NASA preparaba para ir a la Luna y que contiene el mejor retrato que se ha hecho jamás de Ray Bradbury.
Dos años más tarde llegó a Lima “El Sexo Inútil” subtitulado “Viaje en torno a la mujer”, otro Gran Reportaje también redactado en primera persona, en la que buscó a mujeres de Pakistán, India, China, Japón, Hawai. En Tokio contrató una sesión privada con geishas profesionales y nos brindó un colorido retrato de dos horas “de irritación y bostezos” que le costaron una pequeña fortuna, dijo, aunque se sabía que era tacaña al extremo.
“Nada y así sea”, sobre Vietnam, nos llegó recién en el 90 cuando circulaba en italiano desde el 69, es decir cuando aquella guerra asiática estaba en plena vigencia y la reportera visitó y retrató el Saigón de entonces.
En fin, todos los periodistas conocen bien a la Fallaci y más libros de los recordados y francamente nunca nos importó que fuera tan antipática como dicen sus biógrafos o su propia familia escandalizada por su novela póstuma.

La noticia como espectáculo

Los periodistas han celebrado su Día, con homenajes, añoranzas, reflexiones sobre su historia y lúgubres augurios para el futuro pues todo parece indicar que estamos en el comienzo del fin del periodismo como lo conocemos hoy.
No es novedad. Varios “nuevo periodismos” registra la historia coincidiendo con generaciones obligadas a retroceder y dar paso a otras que renovaron el oficio y que a su vez fueron empujadas por los que venían…
¿Será posible adelantar una descripción de la nueva generación que nos reemplaza? Creo que sí, por lo menos parcialmente si nos atenemos a los periódicos que se están elaborando o, para decirlo mejor, los nuevos productos periodísticos que se lanzan al mercado, o que se renuevan para abandonar signos de vejez y brindar rostros gratos a los grandes públicos juveniles.
La característica principal de este nuevo periodismo que trata de sobrevivir en la versión impresa y se traslada con todo a los medios audiovisuales, Internet incluido, es la liviandad, la ligereza, la irrelevancia. En suma, la noticia brindada al público como si fuera un espectáculo que mostrar y que es producida con arreglo a métodos de farándula más que a rigor periodístico.
Hace muchos años, dicen los historiadores del periodismo, los dueños del negocio debieron optar sobre las características de los diarios. O se prefería las “Noticias” o la “Información” y la diferencia era simple porque la primera opción significaba elegir entre los sucesos del día aquellos que captaran la atención masiva sin importar si el dato era útil o no.
La otra elección, la Información, se dirigía a públicos que decidían leer explicaciones de cómo y porqué pasaban las cosas y qué debía esperarse como consecuencia de un suceso que no sería jamás recogido por el otro periodismo, el que hacía reír con notas curiosas, llorar con las historias de interés humano, aterrorizar con los monstruos violadores y asesinos de la periferia de las ciudades.
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-Los jóvenes periodistas y el Gremio

-¿Porqué no se interesan en el gremio, en las organizaciones que nos reúnen? –pregunté al grupo de jóvenes profesionales, periodistas exitosos, que contestaban a dudas luego de una descripción de sus experiencias laborales.
Se miraron entre ellos, encogieron los hombros y pasaron a otro tema más interesante que mi reflexión e interrogante.
Pero teniendo en cuenta las cosas que nos han pasado a los periodistas que apostaron por una organización unitaria, la verdad es que el silencio fue una respuesta elocuente.
La reflexión sobre los periodistas de última generación y su desinterés por agremiarse y mucho menos sindicalizarse, es una de las que surgieron a propósito del Día del Periodista.
Los periodistas asignamos ese rol de unidad al flamante Colegio de Periodistas del Perú (CPP a partir de ahora) que nació en 1980 con Bases en el interior e intenciones nobles. Pero tuvimos la mala suerte de elegir a Mario Castro, entonces militante del Apra, como Decano. Y digo “mala suerte” porque nuestro Colegio se deslizó muy temprano hacia la ruta aprista debido a la enorme superioridad de “colegiados” provenientes de las filas del partido de Haya de la Torre.
Tuvimos sin embargo Decanos muy estimables, como Luis Loli, comprensivo y prestigioso, o Juan Vicente Requejo, que trató de organizarnos en comisiones de trabajo por temas (me nombró en la comisión que debía estudiar la propuesta de un Nuevo Orden Internacional de la Comunicación y tuve como compañeros a colegas que alegaban no saber qué era “eso”). De otros Decanos mejor ni hablar.
El Colegio se desplomó cuando el gobierno de Fujimori suspendió la enorme ventaja que significaba la cesión del 1 por ciento de la publicidad de los medios masivos. Porque pese a que pocos pagaban, El Comercio entre ellos, había dinero para mantenerse con cierta dignidad, programar actividades, dar alguna ayuda a colegas necesitados.
Primero cayó el Colegio de Periodistas de Lima porque sus locales eran alquilados, y luego el Colegio Nacional porque pese a que la sede es propia, no tuvieron fondos ni para pagar los servicios elementales. Dicho sea de paso, los periodistas se niegan a pagar por la membresía, a cotizar. Somos unos desagradecidos.
Hoy el local del Colegio de la av. Canevaro está prácticamente en manos del Concejo de Lince y convertido de manera parcial en depósito municipal. Han estado allí academias de todo tipo, karate, contabilidad, secretariado, etc.
Por supuesto, no tiene actividad gremial de relieve y carece de autoridad en los temas que le son propios por naturaleza, como la libertad de expresión, para comenzar.
Entonces ¿porqué deberíamos reprochar los mayorcitos el desinterés a los jóvenes?