-Los jóvenes periodistas y el Gremio

-¿Porqué no se interesan en el gremio, en las organizaciones que nos reúnen? –pregunté al grupo de jóvenes profesionales, periodistas exitosos, que contestaban a dudas luego de una descripción de sus experiencias laborales.
Se miraron entre ellos, encogieron los hombros y pasaron a otro tema más interesante que mi reflexión e interrogante.
Pero teniendo en cuenta las cosas que nos han pasado a los periodistas que apostaron por una organización unitaria, la verdad es que el silencio fue una respuesta elocuente.
La reflexión sobre los periodistas de última generación y su desinterés por agremiarse y mucho menos sindicalizarse, es una de las que surgieron a propósito del Día del Periodista.
Los periodistas asignamos ese rol de unidad al flamante Colegio de Periodistas del Perú (CPP a partir de ahora) que nació en 1980 con Bases en el interior e intenciones nobles. Pero tuvimos la mala suerte de elegir a Mario Castro, entonces militante del Apra, como Decano. Y digo “mala suerte” porque nuestro Colegio se deslizó muy temprano hacia la ruta aprista debido a la enorme superioridad de “colegiados” provenientes de las filas del partido de Haya de la Torre.
Tuvimos sin embargo Decanos muy estimables, como Luis Loli, comprensivo y prestigioso, o Juan Vicente Requejo, que trató de organizarnos en comisiones de trabajo por temas (me nombró en la comisión que debía estudiar la propuesta de un Nuevo Orden Internacional de la Comunicación y tuve como compañeros a colegas que alegaban no saber qué era “eso”). De otros Decanos mejor ni hablar.
El Colegio se desplomó cuando el gobierno de Fujimori suspendió la enorme ventaja que significaba la cesión del 1 por ciento de la publicidad de los medios masivos. Porque pese a que pocos pagaban, El Comercio entre ellos, había dinero para mantenerse con cierta dignidad, programar actividades, dar alguna ayuda a colegas necesitados.
Primero cayó el Colegio de Periodistas de Lima porque sus locales eran alquilados, y luego el Colegio Nacional porque pese a que la sede es propia, no tuvieron fondos ni para pagar los servicios elementales. Dicho sea de paso, los periodistas se niegan a pagar por la membresía, a cotizar. Somos unos desagradecidos.
Hoy el local del Colegio de la av. Canevaro está prácticamente en manos del Concejo de Lince y convertido de manera parcial en depósito municipal. Han estado allí academias de todo tipo, karate, contabilidad, secretariado, etc.
Por supuesto, no tiene actividad gremial de relieve y carece de autoridad en los temas que le son propios por naturaleza, como la libertad de expresión, para comenzar.
Entonces ¿porqué deberíamos reprochar los mayorcitos el desinterés a los jóvenes?

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