La noticia como espectáculo

Los periodistas han celebrado su Día, con homenajes, añoranzas, reflexiones sobre su historia y lúgubres augurios para el futuro pues todo parece indicar que estamos en el comienzo del fin del periodismo como lo conocemos hoy.
No es novedad. Varios “nuevo periodismos” registra la historia coincidiendo con generaciones obligadas a retroceder y dar paso a otras que renovaron el oficio y que a su vez fueron empujadas por los que venían…
¿Será posible adelantar una descripción de la nueva generación que nos reemplaza? Creo que sí, por lo menos parcialmente si nos atenemos a los periódicos que se están elaborando o, para decirlo mejor, los nuevos productos periodísticos que se lanzan al mercado, o que se renuevan para abandonar signos de vejez y brindar rostros gratos a los grandes públicos juveniles.
La característica principal de este nuevo periodismo que trata de sobrevivir en la versión impresa y se traslada con todo a los medios audiovisuales, Internet incluido, es la liviandad, la ligereza, la irrelevancia. En suma, la noticia brindada al público como si fuera un espectáculo que mostrar y que es producida con arreglo a métodos de farándula más que a rigor periodístico.
Hace muchos años, dicen los historiadores del periodismo, los dueños del negocio debieron optar sobre las características de los diarios. O se prefería las “Noticias” o la “Información” y la diferencia era simple porque la primera opción significaba elegir entre los sucesos del día aquellos que captaran la atención masiva sin importar si el dato era útil o no.
La otra elección, la Información, se dirigía a públicos que decidían leer explicaciones de cómo y porqué pasaban las cosas y qué debía esperarse como consecuencia de un suceso que no sería jamás recogido por el otro periodismo, el que hacía reír con notas curiosas, llorar con las historias de interés humano, aterrorizar con los monstruos violadores y asesinos de la periferia de las ciudades.

Así se desarrolló, aquí y allá la diferencia entre la prensa sensacionalista y la prensa de relevancia, seria, llamada también “de referencia”. La diferencia era clara y enorme y el mercado de lectores, oyentes, televidentes, estaba muy claro en su elección cuando buscaba un medio para informarse… o noticiarse.
Hoy comprobamos que aquel contraste comienza a desdibujarse porque la prensa otrora de referencia comienza a rebajar sus ambiciones de llegar a públicos diferenciados buscando noticias, en el sentido que dimos arriba a los sucesos.
Y esta descripción no quiere avanzar hacia una crítica melancólica tipo “todo periodismo pasado fue mejor” porque sencillamente tenemos que aceptar que así están las cosas y debemos prepararnos para el cambio armándonos con las nuevas tecnologías que facilitan el uso predominante, preferente, de la imagen sobre el texto.
Se podría oponer a esta reflexión que nunca antes había tenido el público tanto acceso a noticias, que Internet ha terminado con el monopolio noticioso de los viejos medios masivos y que la posibilidad de elegir alcanza hoy cotas inimaginables hace solo diez años.
El problema es que los públicos masivos que consumen este nuevo periodismo que describimos comienzan a creer que es el único que hay porque el otro no es de fácil acceso. El que se ofrece, grita y domina el medio es el que ha decidido que un asesinato que contenga los elementos clásicos de Notoriedad, Dinero, Sexo, Misterio, Violencia es una mejor noticia que las aburridas y reiterativas notas sobre derechos humanos, corrupción, crisis económica, etc.
Citemos un par de ejemplos recientes. Los enfrentamientos en la amazonía entre las fuerzas policiales y miembros de comunidades indígenas y que tuvo consecuencias trágicas fue cubierto por la mayoría de medios como si se tratara de una batalla en la que había que registrar los hechos violentos, fotografiarlos, grabarlos, mostrar el llanto de las viudas, el dolor de los huérfanos.
Las razones, el porqué pasó, tuvieron espacios mínimos y esto podría comprobarlo con una cinta de medir cualquier estudiante de investigación. Se prefirió la noticia, la imagen de los enfrentamientos, el espectáculo dramático, a un balance adecuado, razonado, para conocer a ciencia cierta lo que pasó allá en la selva.
Otro caso muy reciente es la cobertura espectacular que se viene otorgando al caso de una joven acusada de mandar matar a su madre con la complicidad de una amiga. Ambas están en la cárcel y aunque es verdad que el asunto es sórdido también es cierto que el poder judicial quizá no pudo resistir la presión de los medios que exigían la prisión, acusándolas sin esperar a que los jueces decidan.
¿Este es el tipo de nuevo periodismo que se nos viene? La televisión ya lo decidió al vertebrar sus noticieros con amplia mayoría de casos de violencia, la radio solamente araña la realidad porque prefiere la música y la frondosidad de Internet la hace casi inabordable.
Menudo reto tienen los profesores de periodismo cuando afrontan la tarea de preparar los nuevos cuadros para el nuevo periodismo. Ya hemos aprendido que las aulas no pueden reproducir la realidad, “la calle”, y que muchas buenas intenciones quedan en la puerta de ingreso al medio de información, pero sabemos también que la decencia, la dignidad, la porfía por la verdad son posibles y que deben acompañar a este ineludible nuevo periodismo.

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