La Fallaci ha regresado

La gran periodista Oriana Fallaci ha vuelto y, como no podía ser de otra manera, haciendo estruendo como lo hizo con sus últimos textos, artículos o declaraciones en los que derramaba descontento y amargura.
Es probable que el cáncer que la laceraba la volviera más intransigente y antipática que nunca y el hecho es que al morir hace unos años los obituarios que la recordaron hicieron mayor mención a sus odios que al enorme aporte que hizo al periodismo de toda una generación. Y eso es lo que hay que recordar de la controvertida Fallaci cuya novela inconclusa sobre la historia de su familia acaba de ser publicada y con éxito, por supuesto.
Recuerdo el impacto que nos provocó “Los Antipáticos” su primer libro en castellano. Ya era famosa en Europa por sus entrevistas que publicaban L’Europeo o Corriere Della Sera y al llegar el texto a América todos envidiamos el Método Fallaci de preparación exhaustiva antes de enfrentarse al entrevistado y la agudeza de la contrapregunta.
Su fama de entrevistadora hizo que nadie se resistiera a su invitación a conversar; ser entrevistado por la Fallaci provocaba temores pero también era un privilegio además de una segura difusión mundial.
Pero no es la Fallaci entrevistadora la que nos gusta más; preferimos a la reportera de los textos que luego de ser Grandes Reportajes pasaron a ser libros que ahora son muy difíciles de encontrar.
En 1965 se publicó “Si el Sol muere”, relato de técnica de Nuevo Periodismo, aquel en que el periodismo apela a la literatura porque ésta tiene mejores armas para contar lo que hay que contar y permite la presencia del redactor. Es un texto sobre los astronautas norteamericanos que la NASA preparaba para ir a la Luna y que contiene el mejor retrato que se ha hecho jamás de Ray Bradbury.
Dos años más tarde llegó a Lima “El Sexo Inútil” subtitulado “Viaje en torno a la mujer”, otro Gran Reportaje también redactado en primera persona, en la que buscó a mujeres de Pakistán, India, China, Japón, Hawai. En Tokio contrató una sesión privada con geishas profesionales y nos brindó un colorido retrato de dos horas “de irritación y bostezos” que le costaron una pequeña fortuna, dijo, aunque se sabía que era tacaña al extremo.
“Nada y así sea”, sobre Vietnam, nos llegó recién en el 90 cuando circulaba en italiano desde el 69, es decir cuando aquella guerra asiática estaba en plena vigencia y la reportera visitó y retrató el Saigón de entonces.
En fin, todos los periodistas conocen bien a la Fallaci y más libros de los recordados y francamente nunca nos importó que fuera tan antipática como dicen sus biógrafos o su propia familia escandalizada por su novela póstuma.

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