Archivo mensual: noviembre 2009

El Perú como “operativo sicosocial”

A todo lo que viene escandalizando en este nuestro entretenido país lo llaman “operativo sicosocial”. Pero me temo que el Perú es intrínsicamente “sicosocial” y que lo raro es lo contrario, es decir, que amanezcamos un día y digamos: hoy descansan los servicios encargados de urdir estos ruidos secundarios cuya misión parece ser ocultar ruidos principales.
Parece imposible que los profesores de periodismo indiquemos con certeza
qué es una Noticia y qué es un Operativo Sicosocial.
Recuerdo que la frase sonó con fuerza en tiempos del gobierno militar, en
aquella década del 70 en que ya no sabíamos qué era en verdad una buena
noticia y cuál un siniestro torpedo disparado desde las entrañas del Sistema de
Inteligencia Nacional o de la “Oficina Central de Información”, la OCI, donde
trabajaban el expsiquiatra Segisfredo Luza y “Cucharita” Díaz. Ambos reputados
como expertos en estos menesteres.
¿Cuál sería la definición elemental de “Operativo Sicocosocial” desde el punto
de vista de los periodistas? Simple: “Cortina de humo, noticia falsa o
exagerada, sobredimensionada, que se lanza a la luz pública justo cuando hay
otros sucesos que requerirían la atención general, por lo general reprobatoria
de la conducta del gobierno” etc. Más o menos.
Por mucho tiempo se dijo que no era cierto que los servicios secretos
fabricaran ese tipo de noticias porque carecían de formación adecuada. Pero ya
se sabe, y no es secreto, que el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), tenía
una Dirección Nacional de Operativos Sicosociales que dirigía el coronel
Edgardo Camargo y que fue quien contrató al argentino Héctor Faisal para la
fundación de su “Asociación Pro Defensa de la Verdad”, etc.
Montesinos creía firmemente en el presunto poder de los medios y por eso
construyó el aparato propagandístico que se apoyaba básicamente en la Prensa
Chicha.
La sabiduría de la distracción hacia temas irrelevantes pero sabrosos es tan antigua como la propaganda. Pero, a ver, identifiquemos algunos presuntos sicosociales recientes cuya misión sería sacar de la agenda mediática temas relacionados con la corrupción:
-El espía Ariza al servicio de los chilenos;
-Los saca-grasas del general Salazar;
-Los dólares de Allison, el alcalde de Magdalena;
-Los bonos de jubilación a los congresistas
¿Qué tienen en común estos casos, aparte de acaparar primeras planas? Que fueron “soltados” en fechas distintas a las que ocurrieron, como si se hubiera elegido momentos determinados.
¿Qué queda en la sombra? La minería, los puertos, el gas, el petróleo, los aeropuertos, los apristas, la Sunat, etc. y etc….

Ese 22 de noviembre de 1963…

No habíamos terminado de almorzar en el restorán cuando un mensajero sudoroso cruzó la calle y casi gritó: -¡Señor Efraín, le han metido bala al presidente de los Estados Unidos!
Como si fuera ayer. Abandonamos la comida y trepamos las escaleras de “Expreso” abriéndonos paso hacia el estrecho cuarto donde los teletipos de France Presse y UPI hacían sonar sus campanitas que advertían de urgencias. Los despachos eran arrancados de las máquinas y circulaban en una redacción asombrada por la noticia: “Han disparado al presidente Kennedy en Dallas, Texas”. Y poco más tarde, la confirmación: “El presidente Kennedy ha muerto asesinado”.
En cuestión de minutos llegó el director José Antonio Encinas, llamaron al jefe del taller y Efraín Ruiz Caro, el jefe de redacción, anunció que saldríamos con una edición extraordinaria. Todos nos pusimos a trabajar aunque yo estaba encargado del dominical “Estampa” pero es que una noticia así no se podía mirar desde lejos y el espectáculo de Ruiz Caro titulando y cerrando una edición (“¡Esto tiene que vibrar!”) era una lección de periodismo inigualable.
Muchos años después estuve en Dallas unos días alojado en el Hotel Lawrence, justo enfrente del edificio de ladrillos rojos desde donde se presume que Lee Harvey Oswald hizo los dos disparos que destrozaron la cabeza del Presidente. Es un museo, por supuesto, lleno de fotos y recuerdos macabros de aquella tarde del magnicidio.
Un poco más allá, un discutible “Memorial” como un cubo de enormes paredes blancas recuerda el suceso.
Pero lo más feo de todo es la ciudad misma, incluyendo a los pocos tejanos que fue posible ver caminando; porque allá todos, menos negros y chicanos pobres, cruzan raudos el centro, como escapando con sus autos del año.
Al día siguiente de llegar asistí al espectáculo insólito de un mitin contra la invasión a Irak. Solo eran unas 50 ó 60 personas con carteles, a las que me uní con entusiasmo y algún temor porque fuimos rodeados por una fuerza policial intimidante y excesiva. Patrulleros, motocicletas, caballería, gigantes con casco y varas que agitaban con impaciencia observando la fila que hicimos. Enfrente, un numeroso grupo que enarbolaban banderas norteamericanas gritaban y nos insultaban; felizmente mi precario inglés me salvó a entender las frases que coreaban.
El centro de Dallas, moderno, vacío, triste, con un espectacular tren eléctrico que circulaba casi sin pasajeros, sin negocios abiertos en las noches salvo un MacDonald y una estación de autobuses Greyhound donde vendían algo indescriptible para comer.
Las personas que conocí me describieron a los tejanos como racistas, indiferentes, agresivos, prósperos, sureños a rabiar. “No te olvides…estos son los que mataron a Kennedy” insistió un colega mexicano.

¿Qué y a quién defiende la SIP?

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), institución continental que agrupa a los dueños de periódicos, acaba de emitir una vez más sus preocupaciones por los límites que algunos gobiernos ponen, o pretenden poner, a la libertad de expresión. Lo viene haciendo desde hace muchos años con balances anuales en que –como quien toma la presión o mide la fiebre- decide si en un país hay poca, mediana o mucha libertad de prensa… de acuerdo a su propia y legítima definición de lo que es libertad de prensa.
Alguna vez habrá que hacer un balance ponderado, desapasionado, para establecer a quién beneficia la gran organización.
La historia le resulta poco favorable. Nació en tiempos de la Segunda Guerra por la necesidad de unir fuerzas propagandísticas contra la amenaza nazi; y se reorganizó para la siguiente confrontación, la Guerra Fría, Washington vs. Moscú, Capitalismo vs. Comunismo.
No se olvidará, por ejemplo, que para controlarla, los Estados Unidos forzaron en 1949 el cambio de “un país un voto” a “un diario un voto”; y como ellos poseían –hasta hoy- el mayor número de títulos pasaron a controlarla con la ayuda de socios sudamericanos que compartían afanes macartistas. Fue una etapa negra de la SIP pues ayudó en la persecución de las izquierdas latinoamericanas, justificándola, y muchas veces denunciando incluso a gremios que nada tenían que ver con la vieja URSS. (Recordemos al respecto a “La Prensa” de Pedro Beltrán y su socio Eudocio Ravines de “Vanguardia”, ambos socios de la SIP).
En la ola nacionalista de los años setenta los socios SIP abrieron fuego contra los que planificaban políticas de comunicación y, por supuesto, fueron aliados en la demolición del famoso reclamo del “Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación”, al iniciar los años 80.
Una primera comprobación que resultaría del balance que proponemos es que los periodistas no tienen nada que hacer, ni decir, en esas magnas reuniones. Nunca son invitados aunque es verdad también que todavía acogen a un puñado de raros solitarios editores periodistas pero que son cada vez menos en la lista de socios en que dominan propietarios importantes.
Lo que confunde a veces es que no se sopesa la diferencia entre protestas y campañas. Las primeras menudean y efectivamente ayudan a los periodistas porque amplifica sus reclamos. Las segundas, en cambio, son las cruzadas organizadas para evitar contagios, como en los viejos buenos tiempos. En la zona audiovisual es la “Asociación Interamericana de Radio” (AIR) la que tiene el encargo de la denuncia y sus procedimientos son idénticos, es decir, los periodistas están excluidos.
Y todo esto ¿está bien o está mal? Me apropiaré de una frase de Vargas Llosa: ni bueno ni malo, simplemente es así.

Necias, irritantes Radios Comunitarias

¿Por qué incomodan tanto las Radios Comunitarias? La mayoría de gobiernos que presumen de democráticos –el peruano incluido- no solo les ponen límites severos sino que las persiguen y hasta clausuran –como en el caso reciente de La Voz de Bagua.
Nuestro Ley del sector las consiente cuando al llamarlas “Radiodifusión Comunitaria” dice que “su programación está destinada principalmente a fomentar la identidad y costumbres de la comunidad a que presta el servicio, fortaleciendo la integración nacional”.
Nada más inocente. Sin embargo las Radios Comunitarias consideran con frecuencia que las invasiones y depredaciones de empresas mineras y petroleras colisionan con la identidad y las costumbres y se convierten así en el blanco de las iras empresariales.
Estas emisoras existen en todo el mundo y aunque las cifras oficiales indican que son solo unas 5 mil, el número real es desconocido y quizá sean cuatro veces más. Lo que se puede afirmar es que se han convertido a lo largo de los años en un verdadero sistema alternativo y paralelo de información que propalan los medios oficiales o comerciales.
En un conocido informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se hizo una buena explicación: “son, en muchos casos… las que ocupan los espacios que dejan los medios masivos; se erigen como medios que canalizan la expresión donde los integrantes del sector pobre suelen tener mayores oportunidades de acceso y participación de los que pudieran tener en los medios tradicionales”.
México es el país donde probablemente se ha perseguido más a estas emisoras de baja potencia porque fueron lanzadas por minorías indígenas que jamás hubieran podido ser escuchadas por los poderosos, y en sus propios idiomas. (Una historia personal: hace unos años estuve en San Cristóbal de las Casas, en Tuxtla, allá donde el subcomandante Marcos lanzó el grito de rebelión; y en las madrugadas, en la banda de AM surgían idiomas extraños, solo por un par de horas. Eran las “Comunitarias”, con o sin, licencia y eran consideradas subversivas). En Chile, las autorizan a funcionar con ¡un vatio de potencia! Para que se escuche en la vereda de enfrente, pero los mapuches insisten.
Las Radios Comunitarias de todo el mundo suscribieron hace unos días un reclamo para que el gobierno peruano permita que La Voz de Bagua salga nuevamente al aire a servir a su comunidad. Como se recordará su pecado fue la cobertura de los trágicos sucesos de la Amazonía de junio pasado provocada por problemas que no han sido resueltos.
Otras radios amazónicas están siendo perseguidas, como “Radio y Televisión Oriente” en lo que parece ser un proceso sistemático para acallar las voces independientes.

Ese misterioso periodismo…

Podríamos llamarlo también “periodismo de Abancay” porque es allí donde brillan o amarillean la mayoría en los numerosos kioskos de la pequeña y turbulenta ciudad aparte que es nuestra céntrica avenida. Y no todos cuestan un sol porque hay de a “china” y hasta de uno con cincuenta, de lujo, a todo color.
Son semanarios que no sabemos quién compra. “Salen poco” me confiesa un vendedor mientras descuelga algunos para vendérmelos, un poco extrañado por mi interés. Luego de un breve recorrido, de la Biblioteca al Congreso reuní una veintena de periódicos que puedo clasificar así:
-Sexuales (consejos, pornografía);
-Salud en general (recetas para ser inmortal o poco menos);
-Especializados (esotéricos, sindicales, vecinales, políticos).
Entre los primeros, hace ya varios años que circula el grosero “Chesu” que lleva como subtítulo “Revista Terapéutica Anti estrés”. Le sigue el moderado “Sin Tapujos. El placer de leer sobre sexualidad” que ya resulta ingenuo al lado de varias páginas de esa temática en diarios limeños (ya no apareció más el único diario pornográfico, “XXX”, de pequeño formato, que se vendía en micros).
La salud es el que reúne mayor número de títulos. “Salud Vital”, a pleno color nos urge a no rendirnos ante el cáncer; “Médico Familiar” da recetas para la impotencia sexual y la próstata, un tema favorito de muchos periódicos, incluso diarios; “Salud Natural” recomienda Té Rojo, que tomaban, dice, los emperadores chinos para adelgazar; “Buena Salud” recomienda frutas como alimento para la piel; “Nuestra Salud” afirma que papaya, piña y tamarindo forman el Trío Quemagrasa; “Bien Natural” asegura que la Nopalinaza garantiza bajar un kilo por semana.
Entre los esotéricos reina el conocido “Curandero”, el más antiguo de la especialidad y que está repleto de anuncios de amarres infalibles, hechizos, conjuras y hasta un “macumbero” que asegura haber bendecido al presidente Obama.
“Marcación Municipal” asegura ser independiente pero ofrece un gran titular que grita “Castañeda es fijo a la Presidencia”; “Acción Nacionalista” es una mezcla de coca con textos comunistas otoñales; “El Mirador” asegura que García está en Caída Libre, en un sancochado político editorial con fuerte sabor a mermelada; “El Tábano” es de los maestros pero solo éstos saben a quién defiende o acusa.
Hay algunos más, de facciones políticas cuyos líderes seguramente se incomodarían si los coloco juntos a los modestos de Abancay.
Debe añadirse que la mayoría son informales, como era antiguamente en que no había Sunat que persiguiera al periodismo como éste, discreto, modesto, cuyo público lector sigue siendo un misterio… por lo menos para nosotros.