Archivo mensual: diciembre 2009

-Vieja y querida Onda Corta

Lo he visto nuevamente en una tienda de anticuario en Miraflores, arrinconado, dejado en consignación pero nadie lo quiere. Un soberbio aparatazo de fina madera marca “Telefunken” con un gran dial que indica que es posible sintonizar todo el abanico radial, con los nombres de las ciudades más importantes del planeta. Es un poderoso radiorreceptor de los años 30 y por sus parlantes deben haber pasado toda la Segunda Guerra, luego la Guerra Fría, etc. hasta que el transistor lo derrotó. Ahora es un armatoste inútil lleno de tubos que no prenden y que me encantaría tener pero no sabría donde ponerlo.
Con un aparato así era posible acercarse al mundo antes de la apabullante llegada de Internet, gracias a la cual ahora mismo podría escoger entre miles de emisoras y sin necesidad de buscar en el viejo dial la señal lejana de las radios provincianas, las prohibidas por subversivas, las piratas, las musicales exóticas.
Era el mundo de la Onda Corta, hoy en franca extinción porque pocos transmiten en ese espacio pues no tienen casi oyentes. Incluso es raro y caro un buen receptor para las bandas que van desde los 10 a los 80 metros, o sea de los 2 300 kH hasta los 30 mil KH, donde hasta hace unos veinte años reinaban La Voz de América, la BBC, Radio Moscú, Radio Suecia Internacional, Radio Nederland, Radio Francia Internacional, Radio La Habana y un largo etcétera que preferían las bandas de 19, 25 y 31 metros para sus emisiones regulares.
Todos los mayores tenemos historias de radio para recordar y contar. Nuestro primer acercamiento a la radio fue en Mollendo, cuando desatada la Guerra Mundial, mi padre compró un aparato de “¡ocho tubos!” en que era posible escuchar a norteamericanos, alemanes, rusos, ingleses cuando caía la tarde y hasta avanzada la noche. El crepitar de la señal distante nos acompañó por años.
Luego llegó la gran guerra de la propaganda en todas las bandas porque los vencedores se habían apropiado de casi todo el dial, dejando poco a los pobres tercermundistas, como el Perú por ejemplo. La propaganda radial fue uno de los frentes más activos de esa Guerra que tuvo su final luego de 1989 con la Caída del Muro y el desmantelamiento progresivo de las emisoras destinadas a subvertir el orden “en el otro lado”.
En América Latina “Aquí Radio Rebelde”, desde Sierra Maestra fue la favorita de las izquierdas a partir de 1958 porque era todo un reto encontrarla para seguir el avance de la guerrilla castrista pero hacía falta un radiorreceptor como el que venden en la tienda de antigüedades y que nadie quiere comprar. Las alternativas ahora son otras -el mundo de la radio sigue siendo tan importante como antaño- aunque ya muy pocas desde los viejos y queridos 31 metros.

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-César Tato Díaz, Doctor en Comunicación

César “Tato” Díaz, ya es Doctor en Comunicación de la Universidad de La Plata, cerca a Buenos Aires, luego de varios años de estudios muy exigentes y de defender una tesis sobre la actuación del periodismo platense en los 1759 a 1810, que precedieron a la Independencia.
Conocí a Tato precisamente en La Plata hace algunos años cuando yo conducía el Grupo de Trabajo de Historia del Periodismo de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC). Había sido de los primeros en inscribirse y enviar una excelente ponencia por lo que pareció oportuno que coordinara una de las Mesas. Exhibía además un respetable historial académico de artículos, ponencias y libros como el ilustrativo sobre la cotidianeidad platense a fines del siglo XIX , su etapa histórica preferida.
Cruzamos cartas, mensajes vía “email”, informes, hasta que llegó el día del viaje y quedamos en encontrarnos en el salón central del local en que se inauguraría el evento. Bromeando, le escribí: “Oye Tato, ponte un clavel en el ojal para reconocerte…”. Y él, con el humor de siempre me contestó: “No te preocupes, cuando entres al salón grita fuerte ‘¡miki!’ y nosotros te encontraremos… porque no sé si sabes… que soy ciego”.
No lo imaginé. Fue una sorpresa porque además resultó ser el ciego más inteligente y memorioso que he conocido. Era ya experto en historia del periodismo y lo enseñaba hacía varios años, ayudado por estudiantes que lo aprecian y admiran y una frondosa biblioteca que ya por entonces tenía cinco mil volúmenes.
Y conocimos también a Miki, perrazo amable y portento de guía que conocía al dedillo los vericuetos de la Universidad llevando a su dueño con seguridad entre pasillos, escaleras y aulas.
Mi ponencia trataba sobre la historia de los pregoneros y el uso de las campanas en el Perú colonial y los mejores comentarios que recibí fueron de Tato Díaz, que conocía el tema en profundidad.
Tato está casado con Celina, tiene hijos y ahora posee el récord de ser el primer ciego que llega a Doctor en Comunicación de la Argentina.
¿Qué decirle, cómo felicitarlo? Solo enviarle un abrazo pleno de congratulación (y de envidia) y un par de galletas para el buen Miki que, según Tato “también se doctoró”.

-Sofocleto en chino y japonés

El gran humorista Sofocleto (Luis Pelipe Angell) hizo también un breve “Diccionario Japonés” que no llegó a publicar como libro (según entendemos). Esto ha sido recordado por algunos colegas a propósito de la reciente publicación en El Comercio de una carta suscrita por el inexistente “Tsura Tukuro”, apellido que parecería salir de las inagotables ocurrencias de Don Sofo.
Sofocleto llegó a publicar un pequeño Diccionario Chino en 1966 (“Ediciones Myself”), ilustrado por Hague, del que les paso algunas pocas definiciones:

LACÓNICA.- Diario muy leído por los chinos;
NICOTINA.- Dícese del chino cuyas dificultades económicas son tan grandes que ni siquiera tiene cortinas;
TELEPATÍA.- Te daba alguna cosa que estaba repartiendo;
COMPUTA.- Que anda en malas compañías;
PALOMA.- Dícese del chino que está por emprender viaje a la capital de Italia;
OTOMANO.- Esa no, sino la otra mano;
ALAMEDA.- Voz enérgica que usa el chino para mandarnos a la…

El Diccionario Japonés lo publicó en ediciones sucesivas de su diario “Don Sofo” entre setiembre y octubre de 1987. Aparentemente no lo terminó y por tanto no llegó al libro. Aquí algunas entradas:

MURO.- Animal resultante del cruce entre burra y caballo;
PRAGA.- Peste, epidemia, devastación o daño colectivo;
SARITA.-. Habitación pequeña, para visitas;
PARCO.- Localidad exclusiva en los teatros;
HORA.- ¡Qué tal!
FARO.- Dícese del sexo masculino, también conocido como “canorte”;
CHORO.- Dícese del criollo con mayor proporción de sangre indígena;
CURO.- Parte posterior del cuerpo humano que sirve para sentarse;
CEROS.- Sentimiento inmortalizado por Shakespeare en su obra “Otelo”;
DIRIGENCIA.- Carruaje usado en el Oeste norteamericano;
PURGA.- Pequeño animal que pica en los lugares más íntimos del cuerpo…

Y de yapa, uno de los muchos versitos que publicó en su diario:

Cuando un beso en el pescuezo
le tiré a Bertha en la playa,
por poco se me desmaya
por efecto del suceso.
Fue solo un beso… y es eso
lo que con Berta me alerta
pues, si esto la desconcierta
de una manera tan brava,
¡Si le hago lo que pensaba,
Por Dios que se queda muerta…!

-Periodismo, esa cojudez…

Paradoja: tenemos un ministro de Defensa francamente indefendible. Sus pocos amigos del gobierno, cautelosos, lo han dejado solo en su lucha solitaria contra el periodismo que evidentemente le resulta una molestia o sencillamente una cojudez… siguiendo el pensamiento de sus mentores ideológicos.
Pero detrás (o “más allá” como diría Delta) del engreimiento de Rafael Rey y de esa prepotencia limeña clásica que se aprende en el club y en la playa, está la mala relación entre el Gobierno y los periodistas y que, según se advierte, se realiza en completo desorden y al estilo cacería y persecución.
Habrá que recordar que precisamente con Mónica Delta a la cabeza, la Asociación de Reporteros de Palacio, o como se llame, funcionó de manera efectiva y útil para el periodismo que cubría un espacio tan importante como el Palacio de Gobierno. Con el gobierno de Fujimori no funcionó porque a Montesinos no le hacía falta cultivar buenas relaciones con la prensa formal pero en tiempos de Paniagua primero y luego de Toledo se hicieron esfuerzos por manejar una oficina de prensa en el Ejecutivo que estuviera realmente al servicio de una buena relación entre el periodismo y los ministros y el propio Presidente.
El modelo de organismo gubernamental de contacto con un Presidente sigue siendo la Casa Blanca. Allá, desde tiempos de Teddy Roosevelt, se concedió a los periodistas una sala especial y el gobierno le asigna tal importancia que los medios envían a periodistas enterados y hasta especializados para la cobertura de las actividades presidenciales, etc. Un Vocero autorizado, el propio Presidente o funcionarios, etc. establecen relaciones de información y diálogo que son útiles para todos.
¿Es posible una oficina así en el Perú, o por lo menos algo parecido? Imposible. En primer lugar por el extremado narcisismo presidencial que destroza cualquier intento de orden y luego por el desbarajuste comunicacional del gobierno mismo donde cada uno hace lo que puede y por su propia cuenta.
Esto es lo que sucede con nuestro Ministro de Defensa, acorralado por sus torpezas y no por los periodistas que están en el derecho que les concede la sociedad y el orden democrático de preguntar para saber e informar en consecuencia.
Vilma Escalante interrogó con firmeza cortés a Rafael Rey y recibió –en nombre de todos los periodistas- refutaciones desacertadas producto de su falta de respuestas adecuadas sobre su actuación como Ministro y de los militares que representa, ya sea de la Base de Picsi, de los tanques chinos, el Museo de la Memoria y en fin, de todo aquello que un político colaborador de este gobierno debe afrontar con entereza.
Si no, para qué se mete.
……..

Mario Vargas Llosa y Yo

Advertencia: el texto que sigue fue difundido por “Cucú Press” hace unos cinco años, antes de la publicación de mi librito “Reportero a los 15 años” (y que no movilizó ni una pestaña a mi famoso paisano. No le gustó). Lo repito a pedido de un par de amigos.
……………..
Cada día nos parecemos más Mario Vargas Llosa y yo. Somos arequipeños (yo menos), coetáneos otoñales, pero sobre todo no hemos cesado proclamar nuestro amor por Karl May.
Me explicaré:
En 1958 trabajé unos pocos meses en Radio Panamericana con el futuro famoso escritor, que dirigía el noticiero “El Panamericano”. Los redactores éramos Carlos Paz Cafferata (rip) y yo. El alcanzarejones era Pascual Lucen y el locutor un porteño insoportable, Raul Ferro Colton (rip).
Eramos vecinos de oficina de Samuel Pérez Barreto (rip), Martínez Morosini, Pepe Ludmir (rip).
Al terminar el programa bajábamos todos a desayunar y a veces hacíamos mesa grande con Luis Loyza, Abelardo Oquendo y, por supuesto, la Tía Julia, cuyas espléndidas pantorrillas y armoniosas caderasvigilábamos de costadito nomás….
Y hablábamos de todo pero claro, el jovencísimo Mario nos abrumaba su cultura, aunque la verdad es que Loayza era más brillante. Un día conversamos de lecturas iniciales; todos coincidíamos con Salgan, Verne, Dumas, etc. Pero sólo Vargas y yo conocíamos de cerca a Karl May y las vicisitudes del noble y valiente Winnetou y el no menos invencible Shatterhand. May era un escritor alemán que hizo fama y fortuna con una de novelas sobre el Lejano Oeste sin haber pisado jamás los Estados Unidos. Había estado preso en varias oportunidades por ladrón o intento de estafa y dicen que sus personajes nacieron en la soledad de la celda. La verdad es que sus libros lo convirtieron en el más famoso literato popular de Alemania. Sus historias llegaron a los Estados Unidos y contribuyeron a construir o mejor, a inventar, a los cowboys incansables, los indios indomables. Todo aquello que reafirmó para siempre el spaghetti western muchos años después y que tiene una deuda impagable con Karl May.
Esto viene a cuento porque acabo de leer que Playboy entrevistó a Vargas Llosa sobre erotismo y otras minucias y contó que May lo impresionó de entrada porque podía escribir maravillas de cosas que nunca había visto.
Mario quedó mal conmigo porque cuando escribió sus memorias, aquellas de “El pez en el Agua”, olvidó mi nombre aunque hizo referencias a “otro periodista con el que de tarde en tarde sosteníamos charlas literarias”. Yo. No importa. Lo he perdonado y lo mencionaré en “El cocodrilo en el pantano”, mis memorias.

La inseguridad ¿es mediática o real?

Esta paranoia que nos aqueja, que nos hace ver asaltantes en cada micro, en cada taxi, a la salida del Banco, en la esquina del semáforo, en la bodega, en el restaurante… ¿tiene fundamento real? La interrogante debe extenderse más: ¿estamos realmente rodeados de delincuentes que nos acechan, vigilan nuestra casa, escuchan el teléfono, atisban desde sus autos con vidrios oscuros…?
Ya nadie quiere ir a Trujillo, por ejemplo, la otrora Ciudad de la Primavera convertida hoy en coto de caza de mafiosos dignos de ser descritos por Saviano. Y las noticias que llegan de Arequipa son terribles pues no se puede tomar taxi así nomás, como antes. A las dos cuadras seremos asaltados, secuestrados, nos quitarán las tarjetas de crédito, golpearán e insultarán, y si subimos a un autobús a provincias seremos esquilmados a mitad de camino, etc.
El alcalde trujillano César Acuña afirma que no es para tanto, que en todas partes hay violencia, pero el periodismo insiste en que un Escuadrón de la Muerte integrado por policías decidió pacificar su ciudad a asesinato limpio. Y en la selva, por favor, no se embarquen en el río porque los piratas aguardan en el siguiente recodo.
Esta situación, finalmente ¿es real o mediática? Es decir ¿son los medios masivos de información, especialmente la televisión, los que están construyendo, proponiendo este clima de miedo que estremece a la ciudad?
Hace unos años el sociólogo Eduardo Dargent publicó una breve y sustanciosa investigación sobre la presunta “ola de secuestros” del 2003 y que tuvo como figura central a un joven Ausejo, caso lamentable que ocupó muchas páginas, espacios en los medios. Y decimos “presunta” porque la conclusión del análisis serio y académico que realizó fue que si bien hubo secuestros de ninguna manera debería haberse descrito la situación como una “ola”, una serie perpetrada por bandas manejadas desde las cárceles.
Otra conclusión del profesor Dargent fue que la prensa insistía en el viejo descubrimiento de los periodistas del siglo XIX de que a mejor noticia mayor venta, método eficaz de negocio que parece haberse acentuado en un periodismo que se despolitiza para encontrar en las viejas fórmulas de crónica roja una buena manera de conservar clientela.
Y lo malo es que una cosa trae la otra. Nuestra policía, en crisis de eficiencia y seriedad, proporciona al periodismo delitos sin pausa, historias que pasan directamente al lector sin ser corroboradas como exigen los viejos cánones de este oficio. ¿Un ejemplo? El caso de los “pishtacos” fue una vergüenza para ambos, la policía y la mayoría del periodismo que prefirió la noticia alarmante a la interpretación serena.
Entonces la “delincuencia” (así, entre comillas) parecería otorgar beneficios no solo a los malos sino también a los buenos, serenos, policías, vigilantes…y periodistas.

De Mónica Delta sus confesiones

Si hubiera publicado su libro hace, digamos, unos cincuenta años, el título cabal habría sido “Defensa apasionada que hace la periodista Mónica Delta de su pasado y honor”. Pero los tiempos son otros y ha preferido “Minutos antes de las ocho” que es más periodístico y tiene que ver con el programa que conducía en el Canal 5.
Para la carátula he elegido una colorida foto de estilo miamense en que ataviada al estilo de cowboyada se sienta en un televisor y mira desafiante hacia la luz que la ilumina, o la iluminaba todas las noches en los viejos buenos tiempos… Más abajito se lee “no-ficción” advirtiéndonos que lo que vamos a leer es la pura verdad.
Algo de historia muy sucinta para hacer contexto: periodista de televisión desde los ochentas, Mónica Delta hizo buena amistad con el primer Alan García; luego siguió trabajando en el Canal 5 que ya había pasado de manos de Genaro Delgado Parker a Ernesto Schutz, quien lo puso al servicio del fujimontesinismo. Mónica conducía “Panorama” y no sabía nada, dice. (¿Porqué no creerle?).
Luego cayó Montesinos, después se fue Fujimori, escapó Schutz y Mónica, con su imagen muy, pero muy maltratada optó por el autoexilio en los Estados Unidos donde rehizo su vida. Regresó a Lima luego de seis años y aceptó un programa mañanero al lado del joven Aldo Mariátegui, compañía desigual que poco favor le hace para sus alegatos de objetividad y pasión por la verdad, etc.
El libro nos decepciona. Pero no por su calidad pues está lleno de virtudes. Lo que nos molesta es que haya dedicado tantas páginas a defenderse de habladurías como una relación íntima con Alan García primero; y luego de colaborar con el gobierno de Fujimori.
Para lo primero no tiene pruebas para exhibir. Solo su negativa enfática, que debiéramos respetar aunque quizá no debió deslizar tanta terneza para describir la relación”…me miró fijamente, hasta tocarme el corazón”, o “… así los amigos se dejen de hablar por muchos años, la amistad quedará para siempre”.
En cuanto al fujimorismo, tiene pruebas para mostrar. Son entrevistas en las que rechaza a Fujimori, añadiendo que nunca quiso que lo entrevistara, así como tampoco quería Toledo quien incluso cometió la torpeza de insinuar que la Delta y García tenían una relación.
Francamente extrañamos más de periodismo, de entrevistas, de persecución de noticias, de perfiles de personajes, de batallas por la libertad de expresión pero sin apelar al recurso fácil del ventilador… porque el libro es muy interesante cuando describe las rutinas de la TV, sus viajes, deteriorándose cuando lo usa para sus pequeñas venganzas.
Ojalá se anime a escribir otro texto en que disfrutemos de las lecciones que tiene para darnos pues es verdad que fue figura dominante de la pequeña pantalla durante años. Pero éste hay que leerlo pues se trata de un testimonio valioso de alguien que estuvo en el medio de una etapa brava de nuestra historia del periodismo.
El libro ha sido muy promocionado, y la Delta ha logrado incluso una página entera del Decano, lo cual indica que ha sido plenamente perdonada, por lo menos por un sector significativo de la política criolla.