-La mejor Escuelita de periodismo

En los viejos buenos tiempos, a los reporteros noveles se les destinaba a la sección policial porque los periodistas veteranos sabían que allá en las Comisarías o en los vericuetos de la Prefectura estaban los delincuentes y los casos e historias que valdría la pena publicar en la “crónica roja”.
Sabían también que era le mejor forma de exponer al recién llegado al oficio a las miserias de la vida. Luego de unos meses, ya endurecidos, esos periodistas que habían llegado a la redacción ajenos a la crudeza de la cotidianeidad del lado oscuro de la sociedad y la ciudad, estaban listos para enfrentar cualquier cosa.
Las Comisarías ya no son las de antes; no hay asediarlas para buscar noticias pues son los propios policías los que dan a los periodistas material suficiente para las informaciones que ya no están restringidas a las páginas “de atrás” sino que inundan hasta las otrora casi sagradas secciones de política.
Pero si bien es verdad que la Comisaría ha perdido su calidad de escuela práctica de periodismo, ha surgido otra que no es menos noticiosa –aunque menos cruenta, es la verdad. Nos referimos al Congreso de la República, donde, si no estamos mal informados, se cometen todos los pecados incursos en el Código Civil, los códigos de ética, las reglas de honor no escritas de la política, etc.
¿Exageramos? La Comisión de Etica del Congreso registra 150 denuncias hasta esta semana, siendo la última el caso de la señora Sasieta a quien dicho sea de paso le vienen haciendo cargamontón.
Un joven periodista puede entonces hallar sin salir de las cuatro paredes del Congreso, variables de soborno (viajes con esposas a Finlandia), pases de uno a otro partido (tránsfugas), abusos a empleados (retención de parte del sueldo), cobros no merecidos (bonos), viajes no autorizados (a Venecia, por ejemplo), cuentas excesivas (como el llamado “comepollos” Anaya), mataperros (recuerden al furioso Miró Ruiz), mentirosos (como el desaforado Espinosa entre otros), abusivos (como Carlos Bruce y sus ruidosos restaurantes en Barranco), desatinados (como aquella condecoración a Magali), misteriosos (como las excesivas visitas nunca investigadas de la Chacón a Fujimori), etc.
¿Habrá algún congresista peor que otros? Yo me arriesgaría a apostar que el aprista Egard Núñez podría alzarse con el primer lugar. Recuerden su hija no reconocida y otras perlitas pero sobre todo que detenta el deplorable título de principal enemigo de los Derechos Humanos en el Perú, el de principal detractor de la Comisión de la Verdad y en general la imagen de lo que no debe ser un congresista decente.
¿No es verdad entonces que los muchachos de la redacción ya no tienen que ir a las Comisarías y que el Parlamento basta y sobra?

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