De Mónica Delta sus confesiones

Si hubiera publicado su libro hace, digamos, unos cincuenta años, el título cabal habría sido “Defensa apasionada que hace la periodista Mónica Delta de su pasado y honor”. Pero los tiempos son otros y ha preferido “Minutos antes de las ocho” que es más periodístico y tiene que ver con el programa que conducía en el Canal 5.
Para la carátula he elegido una colorida foto de estilo miamense en que ataviada al estilo de cowboyada se sienta en un televisor y mira desafiante hacia la luz que la ilumina, o la iluminaba todas las noches en los viejos buenos tiempos… Más abajito se lee “no-ficción” advirtiéndonos que lo que vamos a leer es la pura verdad.
Algo de historia muy sucinta para hacer contexto: periodista de televisión desde los ochentas, Mónica Delta hizo buena amistad con el primer Alan García; luego siguió trabajando en el Canal 5 que ya había pasado de manos de Genaro Delgado Parker a Ernesto Schutz, quien lo puso al servicio del fujimontesinismo. Mónica conducía “Panorama” y no sabía nada, dice. (¿Porqué no creerle?).
Luego cayó Montesinos, después se fue Fujimori, escapó Schutz y Mónica, con su imagen muy, pero muy maltratada optó por el autoexilio en los Estados Unidos donde rehizo su vida. Regresó a Lima luego de seis años y aceptó un programa mañanero al lado del joven Aldo Mariátegui, compañía desigual que poco favor le hace para sus alegatos de objetividad y pasión por la verdad, etc.
El libro nos decepciona. Pero no por su calidad pues está lleno de virtudes. Lo que nos molesta es que haya dedicado tantas páginas a defenderse de habladurías como una relación íntima con Alan García primero; y luego de colaborar con el gobierno de Fujimori.
Para lo primero no tiene pruebas para exhibir. Solo su negativa enfática, que debiéramos respetar aunque quizá no debió deslizar tanta terneza para describir la relación”…me miró fijamente, hasta tocarme el corazón”, o “… así los amigos se dejen de hablar por muchos años, la amistad quedará para siempre”.
En cuanto al fujimorismo, tiene pruebas para mostrar. Son entrevistas en las que rechaza a Fujimori, añadiendo que nunca quiso que lo entrevistara, así como tampoco quería Toledo quien incluso cometió la torpeza de insinuar que la Delta y García tenían una relación.
Francamente extrañamos más de periodismo, de entrevistas, de persecución de noticias, de perfiles de personajes, de batallas por la libertad de expresión pero sin apelar al recurso fácil del ventilador… porque el libro es muy interesante cuando describe las rutinas de la TV, sus viajes, deteriorándose cuando lo usa para sus pequeñas venganzas.
Ojalá se anime a escribir otro texto en que disfrutemos de las lecciones que tiene para darnos pues es verdad que fue figura dominante de la pequeña pantalla durante años. Pero éste hay que leerlo pues se trata de un testimonio valioso de alguien que estuvo en el medio de una etapa brava de nuestra historia del periodismo.
El libro ha sido muy promocionado, y la Delta ha logrado incluso una página entera del Decano, lo cual indica que ha sido plenamente perdonada, por lo menos por un sector significativo de la política criolla.

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