La inseguridad ¿es mediática o real?

Esta paranoia que nos aqueja, que nos hace ver asaltantes en cada micro, en cada taxi, a la salida del Banco, en la esquina del semáforo, en la bodega, en el restaurante… ¿tiene fundamento real? La interrogante debe extenderse más: ¿estamos realmente rodeados de delincuentes que nos acechan, vigilan nuestra casa, escuchan el teléfono, atisban desde sus autos con vidrios oscuros…?
Ya nadie quiere ir a Trujillo, por ejemplo, la otrora Ciudad de la Primavera convertida hoy en coto de caza de mafiosos dignos de ser descritos por Saviano. Y las noticias que llegan de Arequipa son terribles pues no se puede tomar taxi así nomás, como antes. A las dos cuadras seremos asaltados, secuestrados, nos quitarán las tarjetas de crédito, golpearán e insultarán, y si subimos a un autobús a provincias seremos esquilmados a mitad de camino, etc.
El alcalde trujillano César Acuña afirma que no es para tanto, que en todas partes hay violencia, pero el periodismo insiste en que un Escuadrón de la Muerte integrado por policías decidió pacificar su ciudad a asesinato limpio. Y en la selva, por favor, no se embarquen en el río porque los piratas aguardan en el siguiente recodo.
Esta situación, finalmente ¿es real o mediática? Es decir ¿son los medios masivos de información, especialmente la televisión, los que están construyendo, proponiendo este clima de miedo que estremece a la ciudad?
Hace unos años el sociólogo Eduardo Dargent publicó una breve y sustanciosa investigación sobre la presunta “ola de secuestros” del 2003 y que tuvo como figura central a un joven Ausejo, caso lamentable que ocupó muchas páginas, espacios en los medios. Y decimos “presunta” porque la conclusión del análisis serio y académico que realizó fue que si bien hubo secuestros de ninguna manera debería haberse descrito la situación como una “ola”, una serie perpetrada por bandas manejadas desde las cárceles.
Otra conclusión del profesor Dargent fue que la prensa insistía en el viejo descubrimiento de los periodistas del siglo XIX de que a mejor noticia mayor venta, método eficaz de negocio que parece haberse acentuado en un periodismo que se despolitiza para encontrar en las viejas fórmulas de crónica roja una buena manera de conservar clientela.
Y lo malo es que una cosa trae la otra. Nuestra policía, en crisis de eficiencia y seriedad, proporciona al periodismo delitos sin pausa, historias que pasan directamente al lector sin ser corroboradas como exigen los viejos cánones de este oficio. ¿Un ejemplo? El caso de los “pishtacos” fue una vergüenza para ambos, la policía y la mayoría del periodismo que prefirió la noticia alarmante a la interpretación serena.
Entonces la “delincuencia” (así, entre comillas) parecería otorgar beneficios no solo a los malos sino también a los buenos, serenos, policías, vigilantes…y periodistas.

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