Mario Vargas Llosa y Yo

Advertencia: el texto que sigue fue difundido por “Cucú Press” hace unos cinco años, antes de la publicación de mi librito “Reportero a los 15 años” (y que no movilizó ni una pestaña a mi famoso paisano. No le gustó). Lo repito a pedido de un par de amigos.
……………..
Cada día nos parecemos más Mario Vargas Llosa y yo. Somos arequipeños (yo menos), coetáneos otoñales, pero sobre todo no hemos cesado proclamar nuestro amor por Karl May.
Me explicaré:
En 1958 trabajé unos pocos meses en Radio Panamericana con el futuro famoso escritor, que dirigía el noticiero “El Panamericano”. Los redactores éramos Carlos Paz Cafferata (rip) y yo. El alcanzarejones era Pascual Lucen y el locutor un porteño insoportable, Raul Ferro Colton (rip).
Eramos vecinos de oficina de Samuel Pérez Barreto (rip), Martínez Morosini, Pepe Ludmir (rip).
Al terminar el programa bajábamos todos a desayunar y a veces hacíamos mesa grande con Luis Loyza, Abelardo Oquendo y, por supuesto, la Tía Julia, cuyas espléndidas pantorrillas y armoniosas caderasvigilábamos de costadito nomás….
Y hablábamos de todo pero claro, el jovencísimo Mario nos abrumaba su cultura, aunque la verdad es que Loayza era más brillante. Un día conversamos de lecturas iniciales; todos coincidíamos con Salgan, Verne, Dumas, etc. Pero sólo Vargas y yo conocíamos de cerca a Karl May y las vicisitudes del noble y valiente Winnetou y el no menos invencible Shatterhand. May era un escritor alemán que hizo fama y fortuna con una de novelas sobre el Lejano Oeste sin haber pisado jamás los Estados Unidos. Había estado preso en varias oportunidades por ladrón o intento de estafa y dicen que sus personajes nacieron en la soledad de la celda. La verdad es que sus libros lo convirtieron en el más famoso literato popular de Alemania. Sus historias llegaron a los Estados Unidos y contribuyeron a construir o mejor, a inventar, a los cowboys incansables, los indios indomables. Todo aquello que reafirmó para siempre el spaghetti western muchos años después y que tiene una deuda impagable con Karl May.
Esto viene a cuento porque acabo de leer que Playboy entrevistó a Vargas Llosa sobre erotismo y otras minucias y contó que May lo impresionó de entrada porque podía escribir maravillas de cosas que nunca había visto.
Mario quedó mal conmigo porque cuando escribió sus memorias, aquellas de “El pez en el Agua”, olvidó mi nombre aunque hizo referencias a “otro periodista con el que de tarde en tarde sosteníamos charlas literarias”. Yo. No importa. Lo he perdonado y lo mencionaré en “El cocodrilo en el pantano”, mis memorias.

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