-Periodismo, esa cojudez…

Paradoja: tenemos un ministro de Defensa francamente indefendible. Sus pocos amigos del gobierno, cautelosos, lo han dejado solo en su lucha solitaria contra el periodismo que evidentemente le resulta una molestia o sencillamente una cojudez… siguiendo el pensamiento de sus mentores ideológicos.
Pero detrás (o “más allá” como diría Delta) del engreimiento de Rafael Rey y de esa prepotencia limeña clásica que se aprende en el club y en la playa, está la mala relación entre el Gobierno y los periodistas y que, según se advierte, se realiza en completo desorden y al estilo cacería y persecución.
Habrá que recordar que precisamente con Mónica Delta a la cabeza, la Asociación de Reporteros de Palacio, o como se llame, funcionó de manera efectiva y útil para el periodismo que cubría un espacio tan importante como el Palacio de Gobierno. Con el gobierno de Fujimori no funcionó porque a Montesinos no le hacía falta cultivar buenas relaciones con la prensa formal pero en tiempos de Paniagua primero y luego de Toledo se hicieron esfuerzos por manejar una oficina de prensa en el Ejecutivo que estuviera realmente al servicio de una buena relación entre el periodismo y los ministros y el propio Presidente.
El modelo de organismo gubernamental de contacto con un Presidente sigue siendo la Casa Blanca. Allá, desde tiempos de Teddy Roosevelt, se concedió a los periodistas una sala especial y el gobierno le asigna tal importancia que los medios envían a periodistas enterados y hasta especializados para la cobertura de las actividades presidenciales, etc. Un Vocero autorizado, el propio Presidente o funcionarios, etc. establecen relaciones de información y diálogo que son útiles para todos.
¿Es posible una oficina así en el Perú, o por lo menos algo parecido? Imposible. En primer lugar por el extremado narcisismo presidencial que destroza cualquier intento de orden y luego por el desbarajuste comunicacional del gobierno mismo donde cada uno hace lo que puede y por su propia cuenta.
Esto es lo que sucede con nuestro Ministro de Defensa, acorralado por sus torpezas y no por los periodistas que están en el derecho que les concede la sociedad y el orden democrático de preguntar para saber e informar en consecuencia.
Vilma Escalante interrogó con firmeza cortés a Rafael Rey y recibió –en nombre de todos los periodistas- refutaciones desacertadas producto de su falta de respuestas adecuadas sobre su actuación como Ministro y de los militares que representa, ya sea de la Base de Picsi, de los tanques chinos, el Museo de la Memoria y en fin, de todo aquello que un político colaborador de este gobierno debe afrontar con entereza.
Si no, para qué se mete.
……..

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