¿Conociste a Jaime Ayala Sulca?

Si alguno de ustedes conoció al joven periodista ayacuchano Jaime Ayala Sulca, por favor escriba a http://www.adehrperu.org y cuente algo de él, de su familia, sus reportajes en la radio, sus despachos a La República. La “Asociación para el Desarrollo Humano” sigue recopilando material en una búsqueda que no terminará nunca porque el caso Ayala Sulca es un símbolo de la valentía periodística y también de la impunidad de dos criminales: Alvaro Artaza “Camión” y Román Martínez Heredia “Lince”.
Si usted conoce a estas personas, también escriban porque deben enfrentar a la justicia por este y otros crímenes cometidos en el cuartel de la Infantería de Marina, en Huanta.
Es verdad que han pasado más de 25 años desde el asesinato en un cuartel de la Infantería de Marina pero es una historia que debe ser contada siempre y que ocupará un lugar preferente en el corazón de los periodistas.
Ayala tocó la puerta del cuartel de la Marina una mañana de agosto de 1984 para protestar por el allanamiento violento de su casa. Pese a su corta edad, 22 años, tenía ya buena experiencia en el periodismo de radio y redactaba notas para el diario La República, de Lima.
Fue recibido y nunca más apareció pese a los reclamos y protestas reiteradas de su familia y colegas, urdiéndose la historia inverosímil de que había salido en la noche y escapado y que estaba escondido en algún lugar de los Andes.
Falso. Jaime Ayala fue torturado hasta morir y su cadáver descuartizado y enterrado en varios lugares de la cancha de fútbol y jardines del cuartel, allí donde los fiscales vienen encontrando numerosos restos de ajusticiados. Uno de éstos es puede ser de Jaime Ayala.
¿Y los asesinos? La historia es asombrosa y exhibe los extremos a que llegó la Marina para proteger los excesos de algunos de sus oficiales. Cuando la justicia tenía cercado a Artaza, se denunció que había sido secuestrado “por desconocidos” la mañana del 2 de febrero de 1986. Pero reapareció porque “desde algún lugar” pidió que el Tribunal de Garantías Constitucionales le asegurara un juicio militar. En junio de 1987 el recurso fue denegado y se insistió en el fuero común.
Entonces en setiembre de 1989 la Marina pidió y logró una “declaración de muerte presunta”. Entonces, el capitán Alvaro Artaza ya no existe aunque su fantasma veranea en Miami. ¿Y el otro? Martínez Heredia estuvo en Psiquiatría del Hospital Naval desde donde, se afirma, que fugó y desapareció hasta el día de hoy.
¿Cómo se les ocurre a personas como Rafael Rey, el propio vicepresidente Giampietri, etc, que olvidemos semejante barbaridad? ¿En nombre de qué y porqué? Si todavía queda por ahí algo de decencia deberían destinarla a no trabar el proceso de identificación de los cadáveres de Huanta.

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