-Los negritos y los medios

En 1953 el popular vespertino Ultima Hora hizo un concurso de tiras cómicas. Ya había ese periódico conmovido el ambiente cuando decidió cancelar las historietas extranjeras (aquellas del King Features Syndicate, entre otras) y reemplazarlas por nacionales. Fue el histórico 12 de setiembre de 1952, consagrado como “Día de la Historieta Peruana”.
En el concurso citado ganó Hernán Bartra, un joven loretano que presentó a “Boquellanta” quizá el primer negrito en ser mostrado en los medios peruanos.
Era un niño negrísimo, de labios redondos y abultados, que sufría por el amor a una inalcanzable niña blanca.
Bartra se cuidó de no ridiculizar a Boquellanta, tal como se hacía regularmente en otros espacios. Era un chico de barrio, vivaracho y ocurrente que soportaba con humor las bromas de sus amigos.
Debemos recordar que fue el cine norteamericano quien difundió la imagen esteriotipada del moreno ocioso, temeroso, risible, desde las primeras producciones del cine mudo y luego con las películas sonoras. Para reírse de las torpezas de alguien, el personaje siempre era un negrito, como en aquella pandilla famosa (“Our Gang” en su versión original) de los años 40 y que capitaneaba Spanky. En su versión final, de otro nombre, La Pandilla estaba integrada por niños blancos y negros por igual.
Los negros eran bien recibidos como personajes cómicos pero no llegaban a los grandes teatros y mucho menos a Broadway. Entonces el famoso cantante judío Al Jolson tuvo la idea de pintarse de negro y solo así fue posible que un “negro” cantara en la calle 42.
En el teatro de varieté latinoamericano y en particular en el de Cuba eran infaltables dos personajes: el Gallego y el Negrito. El primero era verdadero, el segundo falso, es decir, era un blanco pintado de negro.
(A Lima vino varias veces el espectáculo de varieté del popular Carlos Pous, quien era que hacía de “negrito”).
Cuando Hollywood retrocedió en su práctica racista ya el daño estaba hecho y en muchos países el esteriotipo quedó marcado por mucho tiempo. Como en el Perú, por ejemplo, con el personaje de “Tribilín” del programa sabatino de Augusto Ferrando. Era la personificación del negrito gracioso, cunda pero ignorante, perfecto para tomaduras de pelo que Ferrando con frecuencia las hacía desagradables.
Todo esto tiene que ver con la suspensión del personaje del “Negro Mama “ del programa cómico de Canal 2 y en el que nuevamente se fijaba el esteriotipo con que se ha marcado a la negritud y que tantos años ha costado combatir.
La decisión de la suspensión es correcta y no tiene nada que ver con la libertad de expresión, como dice el chistoso que conduce l programa. Tiene que ver, ni más ni menos, que con la decencia elemental.

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