¡Se vienen los debates por TV!

Algunos especialistas insisten en que un debate por Tv puede decidir una elección. Puede ser. Y para eso se recuerdan algunos ejemplos ya clásicos. El primero, claro, es aquel entre Richard Nixon y John Kennedy en 1962 en que la apostura y seguridad derrotaron ampliamente al nerviosismo y mal aspecto.
Poco después, en 1966 y disputando la Alcaldía de Lima Luis Bedoya Reyes daría una verdadera paliza a Jorge Grieve, incluso tomándole el pelo (“Ajá, faltoncito y además mudo”) pero no le fue tan bien cuando se enfrentó a Héctor Cornejo Chávez, en 1977. Se dijeron “vela verde” y no hubo ganador claro.
Histórica también fue la insólita derrota de Mario Vargas Llosa ante el poco experimentado Alberto Fujimori y que resultó vencedor gracias a las mañas de su asesor Montesinos. Vargas Llosa debía -suponíamos todos- demoler al desconocido pero éste sacó de la manga el tema de la marihuana (“usted ha fumado marihuana!”) y exhibió al final un ejemplar de “Ojo” del día siguiente en que se aseguraba que el escritor lo había derrotado. Era falso pero causó impacto y debilitó a Vargas Llosa.
Ahora se vienen ya los debates municipales y cuando todavía no se han inscrito formalmente los candidatos ya surgen voces reclamando debate entre Lourdes Flores y Alex Kouri.
Hace unos días se realizó en Bogotá un gran debate entre candidatos a la presidencia y que tuvo como novedad la llamada interactividad, es decir, la participación del público en las preguntas mediante las novedosas herramientas que proporciona Internet. A lo largo de dos horas pudimos seguir la confrontación en un canal colombiano y también -y más interesante- en http://www.lasillavacia.com, organizadora del evento. Allí se transmitía también el debate pero mostraban las opiniones que iba haciendo el público vía twitter, el reino de los 140 caracteres.
El método era original aunque quizá muy rápido para un candidato que requiere tiempo para explicar. Aquí el político disparaba respuestas; si dudaba se vencían los segundos y le apagaban el micro. Luego de una explicación inicial los candidatos elegían un interlocutor ciudadano que había colocado antes su pregunta mediante Youtube.
Eran seis, entre los que destacaban por su liderazgo (en las encuestas) Juan Manuel Santos y Anastas Mockus, al parecer imbatible. Pero éste no pudo aparentemente seguir la velocidad que imponía un formato que llegó al extremo de dar diez segundos para la última intervención.
La verdad es que resultó algo confuso y poco ilustrativo para el espectador pues se supone que los debates deben servir para ayudar al votante a decidir su opción. A esa velocidad solo impresionaron los más rápidos, no los mejores.

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