Archivo mensual: junio 2010

La lujuria en el periodismo

El anecdótico congresista Belmont ha logrado alborotar con su proyecto para castigar a quienes exhiban o profieran obscenidades en los medios. Y cuando un colega le preguntó sobre su definición del término, contestó: “Si un joven besa a una muchacha en un parque, no es obsceno, pero si la desnuda y le hace el amor, eso es obsceno”. Así de simple.
Es inevitable recordar que no solo los autoritarismos siempre han querido echarle mano a las presuntas pornografías periodísticas, como sucedió en abril de 1948 en el democrático gobierno de José Luis Bustamante y Rivero.
Circulaban por entonces varias revistas de la farándula cubana o mexicana que eran calificadas de eróticas y se vendían discretamente solo a personas adultas. Lo que contenían “Vea” de México y “Sonrisas” de Cuba eran malas fotos en sepia de carnosas vedettes de gran moda y no se colgaban en exhibición pues pertenecían a la zona roja del periodismo.
En cambio las Chicas de Divito lucían todo su esplendor en la popular “Rico Tipo”de Argentina. La conocida Wikipedia describe así la creación del gran dibujante Roberto Divito: “Las Chicas de Divito se caracterizan por su físico sensual, al tiempo que estilizado, de pequeñísima cintura y amplias caderas, busto prominente, con largas y muy bien torneadas piernas de tobillos finísimos. Sus rostros tenían enormes y vivaces ojos, con largas pestañas y cejas muy marcadas, labios gruesos y sensuales y nariz mínima”.
Eran caricaturas pero quizá escandalizaron a algunas señoras que promovieron que el Ministerio de Gobierno y Policía prohibiera su venta por tratarse de “lecturas inconvenientes”. Con “Rico Tipo” también cayeron “Pobre Diablo” de Chile y “Tabú” (que acabo de ver en una ruma de revistas viejas del jirón Camaná).
No hay que sorprenderse. Las contorsiones elementales que hacíamos los que bailábamos el mambo de Pérez Prado en las fiestas de barrio fueron también calificadas de obscenas y castigadas con amenaza de excomunión por el Cardenal Gualberto Guevara en 1951. Y pese a ello hubo un gran campeonato de mambo en la Plaza de Acho.
En fin, la lujuria y la lascivia periodísticas que hoy estremecen a Belmont siempre se abrieron paso afrontando amenazas de todo tipo, incluyendo la cárcel.
Los reclamos pacatos de control llegan tarde porque la pornografía se ha convertido en una industria enorme a la que nadie se le ocurre ponerle límites. Visitar el tema en la WWW es sumergirse en un mar de filmografía (“free porno”) que nuestros abuelos llamarían “inconveniente” y está ahí, a la mano, a un solo clic, en las 25 mil Cabinas de Internet que tenemos en el Perú.

Anuncios

San Marcos y el terrorismo mediático

De un colega español aprendí la frase que él a su vez había escuchado de un viejo periodista: “Si no hay una buena noticia… ¡inflen el perro, inflen el perro!” que en cristiano quiere decir que exageren lo poco que tengan en la redacción para publicar en la próxima edición.
¿Origen de la frase? Me dijeron que era de Cervantes pero nunca lo averigüé. Pero supe, eso sí, que aquello de “inflar el perro” se practicaba en todo el mundo y no solo en sequía noticiosa sino también en ocasiones en que una nueva de tono menor se convierte en ocasión apetecible para la política.
Y me temo que esto es lo sucede con el promocionado “brote terrorista” en la Universidad de San Marcos donde un pequeño mitin de los cabeza-calientes de siempre ha sido convertido en el retorno de Sendero Luminoso.
Los profesores de San Marcos hemos sufrido desde siempre a los radicales que rondan las facultades de Letras, Ciencias Sociales, Derecho y otras y no se requiere del Servicio de Inteligencia para saber que hace muchos años que rondan por ahí haciendo ruido. Y sabemos también que se trata de pequeños grupos de incidencia insignificante.
No tienen ya la presencia de los años 80. Hubo entonces ocasiones en que irrumpieron en las aulas y expulsaron a profesores acusándolos de “cerdos capitalistas” y también los vimos alguna vez en pequeñas marchas de encapuchados llamando a la subversión, como si desde la pequeña Facultad de Ciencias Sociales se pudiera incendiar la pradera. Hace mucho de esto, más de 25 años, y solo son un mal recuerdo de los muchos de San Marcos.
Pero el periodismo que “infla el perro” está aprovechando del alboroto mediático creado alrededor de la salida de la cárcel de Lori Berendson y prolongándolo. Fue el periodismo el que reveló su paradero y promovió las protestas de los vecinos. Luego los mismos diarios y noticieros comenzaron a sacar la cuenta de los sentenciados que cumpliendo su condena han sido liberados a punto de obtener la libertad y ahora resulta que Lima está a punto de ser inundada por poco menos que un ejército de terroristas. San Marcos, sacudida en la actualidad por una ardorosa batalla interna, es la primera víctima.
¿Quién gana con esta ola de terrorismo mediático? Alguien, con seguridad, que cree que así obtendrá réditos políticos que podrían rendir frutos en las próximas batallas electorales que tenemos a la vuelta de la esquina.
Flaco favor está haciendo a nuestra democracia ese periodismo que exagera tanto pues todo conduce a la promoción del autoritarismo de derechas.

El dolor de cerrar un periódico

El dolor de cerrar un diario

Hay cosas dolorosas en la vida, como la pérdida de un ser querido en primer lugar. Y luego le sigue asistir y participar en el cierre de un periódico.
Los diarios suelen morir luego de largas agonías en que la empresa se va deteriorando hasta que un buen día el director (que ya es un interino, porque el verdadero se marchó antes) anuncia que no va más: “Muchachos, a sus casas”, como La Prensa en 1984. Pero también hay casos de muertes súbitas y son aquellos en que un buen día los periodistas encuentran el local cerrado, encadenado y sin mayor explicación.
Todo esto a propósito de quelos colegas del buen diario “Crítica” de Buenos Aires están atravesando la dramática primera opción, la aflicción de saber que todo indica que se acerca el “hasta aquí llegamos“.
“Crítica” fue fundado con entusiasmo en marzo del 2008 por el conocido periodista Jorge Lanata, quien ya había estado antes en el famoso “Página 12” y en la televisión. El diario apareció con los mejores auspicios y con éxito pero no pudo afrontar la crisis económica, Lanata renunció y el control pasó a manos del inversionista español Antonio Mata.
El nuevo dueño hizo promesas pero negocios son negocios y decidió cerrar. Entonces los periodistas decidieron acampar en la redacción dispuestos a defender el diario… y ahí están todavía. Hace unos días sacaron una edición extraordinaria con motivo del Día del Periodista argentino pero ya no tienen recursos para sacar otra y todo indica que el “no va más” se acerca, inexorable.
El segundo caso, el que llamamos “muerte súbita” es menos frecuente pero no raro. Quizá algunos recuerden que Guido Monteverde editó “PM” en 1981 pero luego los accionistas decidieron venderlo y pasó a manos del aprista (y luego sentenciado por narcotráfico) Carlos Landberg. Y pasó lo del candado: un día de verano de 1983 los redactores acudieron a su trabajo y no había ni una nota, nadie que les explicara, nada. Un clásico y siniestro “lock out”.
Entonces un puñado de sus periodistas se reunieron en un café y decidieron editar su propio diario, fundando así “AM” que circuló el 21 de enero de aquel 1983 pero solo por tres o cuatro días. Habían trabajado en la sede de la Asociación de Periodistas, que los acogió generosamente, pero tenían que irse; y no había dinero para la imprenta (Reinaldo Naranjo, promotor entusiasta de la aventura, contaría después la última edición salió del bolsillo generoso de su padre, un veterano y comprensivo luchador social).
Alguna vez hemos pensado en contar finales de periódicos pues nunca figuran en las historias de periodistas porque se prefiere a las fundaciones. Es una historia que tenemos pendiente.

-Lúcar y su periodismo “chicharrón”

“No, tú no haces televisión… tú haces chicharrón” le dijo una vez César Hildebrandt a Nicolás Lúcar en una entrevista. Y probablemente esa es hasta hoy la mejor definición del periodismo que propone don Nicolás a sus televidentes en el Canal Dos.
Es ni más ni menos que la práctica de exponer como espectáculo miserias y desgracias ajenas disfrazándolas de noticias y sin tener en cuenta intimidades, privacidad, respeto, en busca del rating que lo haga sobrevivir en la selva de noticieros que siempre tienen un crimen para abrir la jornada. El “chicharrón”, que decía don César.
Y he aquí que de pronto el propio Lúcar se ve colocado en el otro lado de la cámara, es decir, en el lugar de sus propias víctimas y se siente obligado a proclamar que han sido violadas su privacidad, intimidad, etc. Es decir, como si Magaly Medina protestara por un ampay, como si Laura Bozzo se quejara porque le llaman al marido en un talk-show…
La historia de la infidelidad conyugal del periodista no ha sido revelada por la prensa sino por los caminos extraordinarios de las nuevas tecnologías que han cambiado el concepto de espacio público. Las escenas de abrazos y besos que se prodigaba la pareja en el ascensor del hotel sansidrino fueron “filtradas” (esa es la palabra que utilizan los periodistas) o expuestas al público por medio de ese invento extraordinario que es Youtube, una plataforma de videos de Internet donde cualquiera puede poner (“subir”) lo que desee, incluso de forma anónima. En minutos fueron recogidas por los blogueros de medio mundo.
Las escenas son lo suficientemente explícitas a la vez que románticas y podrían ser calificadas de candorosas sino fuera porque constituyen prueba de infidelidad. Y no nos estamos escandalizando sino interrogándonos sobre porqué han provocado escándalo en un medio en el que Medina insiste en que develar intimidades es una práctica periodística lícita cuando el personaje expuesto es una figura pública. Como Lúcar.
¿Qué sigue? No perderá seguramente el presidente Bayly la oportunidad y llamará al colega de Canal para una entrevista complaciente (una lágrima no estaría demás); y el propio Lúcar, ya perdonado por su familia a través de “Enemigos Intimos”, aprovechará la racha de popularidad para seguir con sus esfuerzos, exitosos hasta ahora, de convertir a parte de nuestra TV en un basural donde no hay el respeto ni la intimidad que tiene la infinita frescura de reclamar.
Salir en primera página de “Caretas” no es poca cosa como tampoco haber logrado elevar un chisme de pasillo de hotel a noticia de primera. ¿Eso es periodismo? No. Eso es chicharrón.