El dolor de cerrar un periódico

El dolor de cerrar un diario

Hay cosas dolorosas en la vida, como la pérdida de un ser querido en primer lugar. Y luego le sigue asistir y participar en el cierre de un periódico.
Los diarios suelen morir luego de largas agonías en que la empresa se va deteriorando hasta que un buen día el director (que ya es un interino, porque el verdadero se marchó antes) anuncia que no va más: “Muchachos, a sus casas”, como La Prensa en 1984. Pero también hay casos de muertes súbitas y son aquellos en que un buen día los periodistas encuentran el local cerrado, encadenado y sin mayor explicación.
Todo esto a propósito de quelos colegas del buen diario “Crítica” de Buenos Aires están atravesando la dramática primera opción, la aflicción de saber que todo indica que se acerca el “hasta aquí llegamos“.
“Crítica” fue fundado con entusiasmo en marzo del 2008 por el conocido periodista Jorge Lanata, quien ya había estado antes en el famoso “Página 12” y en la televisión. El diario apareció con los mejores auspicios y con éxito pero no pudo afrontar la crisis económica, Lanata renunció y el control pasó a manos del inversionista español Antonio Mata.
El nuevo dueño hizo promesas pero negocios son negocios y decidió cerrar. Entonces los periodistas decidieron acampar en la redacción dispuestos a defender el diario… y ahí están todavía. Hace unos días sacaron una edición extraordinaria con motivo del Día del Periodista argentino pero ya no tienen recursos para sacar otra y todo indica que el “no va más” se acerca, inexorable.
El segundo caso, el que llamamos “muerte súbita” es menos frecuente pero no raro. Quizá algunos recuerden que Guido Monteverde editó “PM” en 1981 pero luego los accionistas decidieron venderlo y pasó a manos del aprista (y luego sentenciado por narcotráfico) Carlos Landberg. Y pasó lo del candado: un día de verano de 1983 los redactores acudieron a su trabajo y no había ni una nota, nadie que les explicara, nada. Un clásico y siniestro “lock out”.
Entonces un puñado de sus periodistas se reunieron en un café y decidieron editar su propio diario, fundando así “AM” que circuló el 21 de enero de aquel 1983 pero solo por tres o cuatro días. Habían trabajado en la sede de la Asociación de Periodistas, que los acogió generosamente, pero tenían que irse; y no había dinero para la imprenta (Reinaldo Naranjo, promotor entusiasta de la aventura, contaría después la última edición salió del bolsillo generoso de su padre, un veterano y comprensivo luchador social).
Alguna vez hemos pensado en contar finales de periódicos pues nunca figuran en las historias de periodistas porque se prefiere a las fundaciones. Es una historia que tenemos pendiente.

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