La lujuria en el periodismo

El anecdótico congresista Belmont ha logrado alborotar con su proyecto para castigar a quienes exhiban o profieran obscenidades en los medios. Y cuando un colega le preguntó sobre su definición del término, contestó: “Si un joven besa a una muchacha en un parque, no es obsceno, pero si la desnuda y le hace el amor, eso es obsceno”. Así de simple.
Es inevitable recordar que no solo los autoritarismos siempre han querido echarle mano a las presuntas pornografías periodísticas, como sucedió en abril de 1948 en el democrático gobierno de José Luis Bustamante y Rivero.
Circulaban por entonces varias revistas de la farándula cubana o mexicana que eran calificadas de eróticas y se vendían discretamente solo a personas adultas. Lo que contenían “Vea” de México y “Sonrisas” de Cuba eran malas fotos en sepia de carnosas vedettes de gran moda y no se colgaban en exhibición pues pertenecían a la zona roja del periodismo.
En cambio las Chicas de Divito lucían todo su esplendor en la popular “Rico Tipo”de Argentina. La conocida Wikipedia describe así la creación del gran dibujante Roberto Divito: “Las Chicas de Divito se caracterizan por su físico sensual, al tiempo que estilizado, de pequeñísima cintura y amplias caderas, busto prominente, con largas y muy bien torneadas piernas de tobillos finísimos. Sus rostros tenían enormes y vivaces ojos, con largas pestañas y cejas muy marcadas, labios gruesos y sensuales y nariz mínima”.
Eran caricaturas pero quizá escandalizaron a algunas señoras que promovieron que el Ministerio de Gobierno y Policía prohibiera su venta por tratarse de “lecturas inconvenientes”. Con “Rico Tipo” también cayeron “Pobre Diablo” de Chile y “Tabú” (que acabo de ver en una ruma de revistas viejas del jirón Camaná).
No hay que sorprenderse. Las contorsiones elementales que hacíamos los que bailábamos el mambo de Pérez Prado en las fiestas de barrio fueron también calificadas de obscenas y castigadas con amenaza de excomunión por el Cardenal Gualberto Guevara en 1951. Y pese a ello hubo un gran campeonato de mambo en la Plaza de Acho.
En fin, la lujuria y la lascivia periodísticas que hoy estremecen a Belmont siempre se abrieron paso afrontando amenazas de todo tipo, incluyendo la cárcel.
Los reclamos pacatos de control llegan tarde porque la pornografía se ha convertido en una industria enorme a la que nadie se le ocurre ponerle límites. Visitar el tema en la WWW es sumergirse en un mar de filmografía (“free porno”) que nuestros abuelos llamarían “inconveniente” y está ahí, a la mano, a un solo clic, en las 25 mil Cabinas de Internet que tenemos en el Perú.

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