-Jaime Ayala, 2 de agosto de 1984

No olvidemos a Jaime Ayala Sulca, periodista, que apenas había cumplido 22 años cuando fue asesinado (“presuntamente” añadimos, para formalizar) por miembros de la infantería de Marina al mando del capitán de corbeta Alvaro Artaza (a) Camión.
La desaparición del periodista es un baldón para la Marina de Grau, tal como fueron también las actividades del siniestro batallón que se había instalado en el Estadio Municipal de Huanta y mantenía un lugar especial para torturas y asesinatos.
Es verdad que hasta ahora no ubican los restos del colega pero cada vez desentierran más restos humanos del Estadio probándose así que aquel lugar era un siniestro campo de exterminio de proporciones escalofriantes.
En cualquier momento, y gracias al ADN, surgirá de la tierra el testimonio de que Ayala fue muerto, descuartizado y enterrado en el Estadio.
La historia es breve y dramática. Ayala mantenía un programa en “Radio Huanta 2000” y era corresponsal del diario limeño La República y por tanto informaba de manera constante los sucesos de Huanta, lo que incomodaba a la Marina.
La noche del 1ro. de agosto un grupo de infantes entró en su casa cuando él no estaba, golpeó a su madre, le rompieron la nariz a su hermano, revolvieron el lugar y se marcharon con insultos y amenazas.
Al enterarse al día siguiente, Jaime Ayala fue a la Comisaría a sentar la denuncia pero no quisieron aceptarla. Entonces decidió ir al Cuartel pese a los ruegos de parientes y amigos que intentaban disuadirlo. Fue inútil. Se presentó en el Estadio, pidió ver al Comandante Artaza y sus amigos lo vieron entrar.
Lo esperaron inútilmente pues nunca más salió.
La desaparición y el peligro de que hubiera sido asesinado era tan evidentes que más tarde se elevó la queja al Poder Judicial, los marinos plantearon una “contienda de competencia” para juzgar al capitán Artaza en el fuero militar pero finalmente se impuso el criterio civil y condenó al militar a prisión.
Y pasó lo inconcebible. Artaza fue presuntamente secuestrado y desaparecido en una esquina cualquiera en Lima, en 1986, y poco después la Marina pidió y obtuvo una declaración de “Muerte presunta”, creyendo que así se zanjaba el problema para siempre.
Siempre se dijo que Artaza había sido enviado a los Estados Unidos e incluso hace pocos años se afirmó que había regresado a Lima pese a estar “muerto” por sentencia judicial.
El caso de Jaime Ayala no es una especulación. La Comisión de la Verdad reunió información de cómo actuaba la Marina en Huanta y hasta hubo testigos del trato cruel que recibió el periodista.
Ya han pasado 26 años de aquel día aciago y su familia mantiene la esperanza de probar su asesinato y señalar a los oficiales que permitieron y quizá alentaron tantas atrocidades, como lo evidencian los restos humanos descuartizados que surgen en cada metro del Estadio.

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