Archivo mensual: septiembre 2010

-La siguiente batalla: el rumor

El rumor, especulación, afirmación falsa sobre algo o alguien surge cuando la falta de información favorece la zozobra… o cuando se lanza con intención política y como parte de una campaña de propaganda.
En el primer caso es conocida la historia de la “clínica de rumores” que organizó el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra por la alarmante cantidad de informes falsos que volaban en los batallones creando a veces hasta pánico. La solución fue entrenar a soldados como “escuchas de rumores” que avisaban apenas recibían “un buen dato”. Al día siguiente, el poderoso aparato informativo oficial se encargaba de desmentir la especie y disolver la intranquilidad.
Durante las campañas electorales también se dan ambas posibilidades y se acentúan la propagandística, es decir, el sembrado de afirmaciones que no resisten análisis pero que están basadas en la vieja comprobación de que la gente ve lo que quiere ver y escucha lo que quiere escuchar. El rumor, especialmente en sectores conservadores, refuerza posiciones. Y en sectores poco informados, confunde y desconcierta.
En días pasados estuvimos en una café sansidrino y al traer la cuenta, el mozo comentó -“Qué le parece, se acercan las elecciones…”. Fue inevitable asentir y el hombre siguió: “Por quién votaremos, porque Susana es media terr..”. Ahí lo detuvimos con un enérgico “Alto ahí maestro…Susana no es terruca… es un rumor malintencionado que están difundiendo sus enemigos”. Y cuando lo comentamos con amigos, nos contaron que tenían la misma experiencia, en ese café y en otros.
La molestia de taxistas como propaladores de rumores es antigua y en una época era inevitable la monserga política que –se aseguraba-.nacía del aparato de propaganda del partido aprista. Ahora, cuando cualquiera puede ser taxista con solo colocar un cartel de plástico, las campañas vía taxistas han disminuido.
Todo indica que han aumentado en cambio las peluquerías de ambos sexos como zonas claves para regar infundios.
Hace unos meses, San Isidro fue invadido por rumores sobre su alcalde: “Padece cáncer terminal… se ha comprado una mansión en Miami… tiene cuentas en Suiza… cobra comisiones millonarias…”. Y cuando Antonio Meier anunció que no iría a la reelección los rumores cesaron tan rápido como comenzaron y se desviaron hacia otros pretendientes al opulento sillón del distrito más rico del país.
La batalla para la Alcaldía de Lima se ha vuelto tan ardorosa que debemos esperar cualquier cosa, incluyendo rumores a los habrá que estar atentos pues un infundio no bien desmentido es un poderoso enemigo.

Una lección de Opinión Pública

La reciente derogación del controvertido Decreto Ley 1097 podría ser citado como un caso ejemplar, y digno de ser investigado, de movilización de opinión pública que el Gobierno no pudo ignorar.
Los académicos de la comunicación siempre se han preocupado por el origen de la opinión, dónde y cómo nace, se forma y se transforma de opinión privada en pública cuando encuentra vía de expresión exterior. Las definiciones clásicas nos dicen que para ello hacen falta un tema de particular interés que toque puntos sensibles, un público interesado y un ámbito, un entorno virtual de discusión. Lo que el famoso alemán Habermas propuso como Espacio Público.
El tema era y es muy delicado. Derechos humanos nada menos, que fueron sistemáticamente quebrantados por el gobierno fujimorista hasta llegar a los crímenes sin nombre del Grupo Colina que tiene en su haber masacres bestiales. Este grupo de asesinos y sus mentores han venido maniobrando desde hacen ya años para lograr la impunidad que finalmente creyeron haber conseguido con el famoso decreto propuesto por el Ministro de Defensa Rafael Rey.
No pudieron evitar la exposición del tema (en El Peruano, para comenzar) y de ahí comenzó la fase de interpretación de los expertos pues por lo general instrumentos legales como estos están redactados en jerga especializada que requiere de intermediación periodística para que sean comprendidos por el gran público.
Fue así como instituciones tan importantes como la Relatoría de las Naciones Unidas, nuestra Conferencia Episcopal y otras reaccionaron con energía sumándose a las voces de medios que denunciaban que se trataba de instrumentos legales que harían posible la excarcelación de una gavilla de asesinos. Seguramente se pusieron en acción también los llamados Líderes de Opinión que citan otras teorías.
El clamor fue recogido también por nuestro intelectual más importante que envió una durísima carta al Presidente exigiéndole, con otras palabras, que haga uso de la decencia y acabe con el decreto. No fue la primera vez que Mario Vargas Llosa escribió a García haciéndole ásperos reproches pues en 1986 lo hizo a propósito de la matanza en los penales, en Lurigancho y el Frontón.
La retroalimentación esperada funcionó porque García se dio cuenta del grave error que había cometido, de la repercusión nacional e internacional de su decisión. Fue, al final, una saludable corrección que solo le costó la enemistad eterna de Rafael Rey y del vicepresidente Giampietri. Los Colina seguirán en la cárcel pero habrá que estar atento y leer despacio la letra pequeña de El Peruano.

Prensa popular ¿gubernamental?


-¡Todos a comprar ‘El Verdadero’ –dijo el presidente de Ecuador Rafael Correa en su mensaje semanal haciendo publicidad al nuevo cotidiano estatal que trata de probar que un gobierno no tiene por qué hacer periodismo oficial aburrido sino todo lo contrario, popular y del bueno.
El diario se llama “El Verdadero” y lleva como apellidos “Periódico Popular” y aspira a que lo conozcan como “el pepe”. Circula desde hace unos días en todo el país y, hasta ahora por lo menos, con éxito singular de ventas pues el modelo es atractivo y compite con otros tabloides como “Ultimas Noticias” y “Extra” (que como el “Trome” criollo es el de mayor venta del país).
Debe recordarse que apenas instalado en el gobierno Correa enfrentó una fuerte campaña que intentaba desacreditarlo y, sobre todo, frenar algunas investigaciones que afectaban directamente a un conocido magnate de la prensa, el propietario de “El Telégrafo”, el decano de la prensa ecuatoriana. La justicia lo apresó, incautó sus bienes y el diario pasó a formar parte del aparato informativo estatal.
Pero no cesó la batalla y por esto es que Correa, al anunciar y publicitar con entusiasmo el nuevo periódico añadió: “¡Por fin un diario que diga la verdad junto a El Telégrafo y contrarreste los poderes fácticos disfrazados de medios de comunicación!”.
La propuesta ecuatoriana es interesante sin duda y plantea interrogantes acerca del rol de la información estatal, como por ejemplo ¿debe un periódico estatal competir con la empresa privada? En el caso del Perú, si nadie se molesta si lo hacen en radio y televisión ¿no se podría hacer un buen diario popular para difundir proyectos estatales?
Escuchemos a su Director, Max García, describir el proyecto ecuatoriano:

“¿Cree que el PP es un periódico que ya le hacía falta al pueblo?
Yo creo que es un periódico diferente, de alegría, de positivismo, de esperanza, donde analizamos los temas desde el punto de vista humano. No es que sacamos un muerto, el asalto; nos preocupamos de la viuda, de ver qué pasa con los hijos, cómo podemos ayudar a esa gente que sobrevivió a esta desgracia; no concentrarnos en la desgracia sino en el contexto de lo que puede ser el entorno, el drama, la crónica sobre los que viven, los que quedan, sobre ese barrio asolado por la delincuencia, los muertos que hay, que sí son importantes, pero lo que nos importa es saber qué pasa con los que quedan vivos, cómo se los puede ayudar. Esa es la idea”.

¿No es buena propuesta? Pero nos imaginamos el escándalo que armarían los tabloides criollos si les surgiera una nueva competencia desde el gobierno. Nos encantaría ver ese espectáculo.

¿Conservadores? ¿Liberales?

Todos somos o conservadores o liberales. Hasta dicen que Adán era un conservador porque no quería moverse de la comodidad del Paraíso; en contraste Eva, movediza, liberal, quería ver qué había más allá, el fruto prohibido…
El periodismo no ha estado ajeno nunca esa división y en nuestra historia la primera polémica la inauguró el “Semanario Crítico” de un cura intolerante, Olavarrieta, que abrió fuego contra los liberales del “Mercurio Peruano” en el lejano año de 1791. Se sorprendieron seguramente los soñolientos limeños de fines del siglo 18 de la violencia con que zahería a quienes divulgaban la Idea del Perú y que para muchos era subversiva.
Lo que comenzó como intercambio de pullas leves se convirtió en batalla campal. Y los legendarios mercuriales llegaron a decir, en aquel 1791:
“….miraríamos ahora con la mayor indiferencia los sarcasmos groseros del Semanario Crítico. Su autor el Padre Fr. Antonio de Olavarrieta, de la Orden de San Francisco, lleno del más negro veneno, ha vomitado mil ironías amargas contra nuestra obra, mendigando para ello unas frases que no son de su instituto, ni como religioso, ni como literato.”.
Olavarrieta no se quedó atrás y replicó con frases duras pero el ambiente no era propicio para su ácido Semanario que solo alcanzó las 16 ediciones. Y se marchó a España.
Pero inauguró la intolerancia periodística en el Perú, dando lecciones a quienes vendrían después, en la siguiente discusión que se inaugura en 1811 cuando las Cortes, el parlamento, de Cádiz decretan la Libertad de Imprenta y ordenan por tanto que la censura queda prohibida..
Era Virrey en Lima el astuto Abascal, monárquico duro, que no tuvo más remedio que ordenar que se pregone en las plazas limeñas, a principios de 1811, que cualquiera podía publicar sin pedirle permiso a nadie. Y nuevamente surgió la polémica: conservadores eran los que estaban a favor de la monarquía de poder absoluto; y liberales quienes también apoyaban a la monarquía pero con parlamento, Cortes, para equilibrar el ejercicio del poder.
Todo el periodismo sin censura que circuló en aquella etapa conocida también como la “Primavera de Cádiz” estuvo impregnado de la discusión que evidenciaba que los limeños estaban separados entre… conservadores y liberales.
Triunfó en España monarquía absoluta y el liberalismo allá y aquí fue perseguido con dureza y se suspendió la libertad de imprenta, retornándose a la hoja oficial. Pero ya había surgido otro debate entre los conservadores que deseaban permanecer como colonia y los liberales, que reclamaban la independencia.
Así pues, no hay que sorprenderse que frente al reclamo de cambio surjan las voces periodísticas conservadoras a las que hay que observar más allá de los insultos para establecer qué es lo que defienden.