Prensa popular ¿gubernamental?


-¡Todos a comprar ‘El Verdadero’ –dijo el presidente de Ecuador Rafael Correa en su mensaje semanal haciendo publicidad al nuevo cotidiano estatal que trata de probar que un gobierno no tiene por qué hacer periodismo oficial aburrido sino todo lo contrario, popular y del bueno.
El diario se llama “El Verdadero” y lleva como apellidos “Periódico Popular” y aspira a que lo conozcan como “el pepe”. Circula desde hace unos días en todo el país y, hasta ahora por lo menos, con éxito singular de ventas pues el modelo es atractivo y compite con otros tabloides como “Ultimas Noticias” y “Extra” (que como el “Trome” criollo es el de mayor venta del país).
Debe recordarse que apenas instalado en el gobierno Correa enfrentó una fuerte campaña que intentaba desacreditarlo y, sobre todo, frenar algunas investigaciones que afectaban directamente a un conocido magnate de la prensa, el propietario de “El Telégrafo”, el decano de la prensa ecuatoriana. La justicia lo apresó, incautó sus bienes y el diario pasó a formar parte del aparato informativo estatal.
Pero no cesó la batalla y por esto es que Correa, al anunciar y publicitar con entusiasmo el nuevo periódico añadió: “¡Por fin un diario que diga la verdad junto a El Telégrafo y contrarreste los poderes fácticos disfrazados de medios de comunicación!”.
La propuesta ecuatoriana es interesante sin duda y plantea interrogantes acerca del rol de la información estatal, como por ejemplo ¿debe un periódico estatal competir con la empresa privada? En el caso del Perú, si nadie se molesta si lo hacen en radio y televisión ¿no se podría hacer un buen diario popular para difundir proyectos estatales?
Escuchemos a su Director, Max García, describir el proyecto ecuatoriano:

“¿Cree que el PP es un periódico que ya le hacía falta al pueblo?
Yo creo que es un periódico diferente, de alegría, de positivismo, de esperanza, donde analizamos los temas desde el punto de vista humano. No es que sacamos un muerto, el asalto; nos preocupamos de la viuda, de ver qué pasa con los hijos, cómo podemos ayudar a esa gente que sobrevivió a esta desgracia; no concentrarnos en la desgracia sino en el contexto de lo que puede ser el entorno, el drama, la crónica sobre los que viven, los que quedan, sobre ese barrio asolado por la delincuencia, los muertos que hay, que sí son importantes, pero lo que nos importa es saber qué pasa con los que quedan vivos, cómo se los puede ayudar. Esa es la idea”.

¿No es buena propuesta? Pero nos imaginamos el escándalo que armarían los tabloides criollos si les surgiera una nueva competencia desde el gobierno. Nos encantaría ver ese espectáculo.

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