Una lección de Opinión Pública

La reciente derogación del controvertido Decreto Ley 1097 podría ser citado como un caso ejemplar, y digno de ser investigado, de movilización de opinión pública que el Gobierno no pudo ignorar.
Los académicos de la comunicación siempre se han preocupado por el origen de la opinión, dónde y cómo nace, se forma y se transforma de opinión privada en pública cuando encuentra vía de expresión exterior. Las definiciones clásicas nos dicen que para ello hacen falta un tema de particular interés que toque puntos sensibles, un público interesado y un ámbito, un entorno virtual de discusión. Lo que el famoso alemán Habermas propuso como Espacio Público.
El tema era y es muy delicado. Derechos humanos nada menos, que fueron sistemáticamente quebrantados por el gobierno fujimorista hasta llegar a los crímenes sin nombre del Grupo Colina que tiene en su haber masacres bestiales. Este grupo de asesinos y sus mentores han venido maniobrando desde hacen ya años para lograr la impunidad que finalmente creyeron haber conseguido con el famoso decreto propuesto por el Ministro de Defensa Rafael Rey.
No pudieron evitar la exposición del tema (en El Peruano, para comenzar) y de ahí comenzó la fase de interpretación de los expertos pues por lo general instrumentos legales como estos están redactados en jerga especializada que requiere de intermediación periodística para que sean comprendidos por el gran público.
Fue así como instituciones tan importantes como la Relatoría de las Naciones Unidas, nuestra Conferencia Episcopal y otras reaccionaron con energía sumándose a las voces de medios que denunciaban que se trataba de instrumentos legales que harían posible la excarcelación de una gavilla de asesinos. Seguramente se pusieron en acción también los llamados Líderes de Opinión que citan otras teorías.
El clamor fue recogido también por nuestro intelectual más importante que envió una durísima carta al Presidente exigiéndole, con otras palabras, que haga uso de la decencia y acabe con el decreto. No fue la primera vez que Mario Vargas Llosa escribió a García haciéndole ásperos reproches pues en 1986 lo hizo a propósito de la matanza en los penales, en Lurigancho y el Frontón.
La retroalimentación esperada funcionó porque García se dio cuenta del grave error que había cometido, de la repercusión nacional e internacional de su decisión. Fue, al final, una saludable corrección que solo le costó la enemistad eterna de Rafael Rey y del vicepresidente Giampietri. Los Colina seguirán en la cárcel pero habrá que estar atento y leer despacio la letra pequeña de El Peruano.

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