Archivo diario: 9 octubre 2010

-El espectáculo de la política

Ni la frase ni el enunciado son nuevos. Hacen ya años que se viene insistiendo en que las imágenes y los gestos son ya, y largamente, más importantes que las ideas y los proyectos. Se recordará que Vargas Llosa, en uno de sus más conocidos rezongos, escribió que “En la civilización del espectáculo la política ha experimentado una banalización acaso más pronunciada que la literatura, el cine y las artes plásticas, lo que significa que en ella la publicidad y sus eslóganes, lugares comunes, frivolidades y tics, ocupan casi enteramente el quehacer que antes estaba dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas”.
Un espectáculo requiere actores y no me estoy refiriendo a los políticos que asumen ese rol como estrategia de campaña sino a personajes del entretenimiento que decidieron incursionar en la política como parte de la diversión… que resultó siendo formal.
Un ejemplo ya antiguo podría ser la legendaria Cicciolina, la actriz porno húngara nacionalizada italiana que fue elegida parlamentaria en Italia en 1987. Era efectivamente popular por sus fotos y films y su candidatura comenzó como una broma que se fue volviendo seria hasta ser elegida como la primera prostituta que llegó al Parlamento. Fue un voto de protesta, de rechazo de italianos que querían burlarse de la política y los políticos, y tanto así que intentos sucesivos de volver a ser elegida fracasaron ruidosamente.
Y en el Perú Susy Díaz trajo a la política el mundo de las populares vedettes que eran estrellas de la naciente prensa chicha. Quizá algunos recuerden que era la portada favorita del amarillismo criollo y que en 1985 fue elegida Miss Tanga Internacional.
La Díaz postuló para congresista en 1995 y se pintó el número 13 en una nalga, que exhibía generosamente en su campaña. Fue elegida y estuvo como congresista.
Por aquella época ya Fujimori y su estratega Montesinos habían llevado la música a los estrados de campaña y la chicha se entremezclaba con la política pues el propio Presidente bailaba y hacia danzar a sus ministros. Fue el tiempo de Rossy War y Ruth Karina, hoy desaparecidas de los tabladillos junto con sus mentores.
En esa línea Brasil nos gana largamente pues acaban de elegir diputado federal por Sao Pauloal cómico Tiririca y por más de un millón de votos. Su campaña fue simple: “No sé lo que hace un diputado pero si me eligen, lo averiguaré y después les cuento”. También fueron elegidos los futbolistas Romario y Bebeto pero la sensual “Mujer Melón” (llamada así por su espectacular busto) no logró llegar, así como tampoco la “Mujer Pera” que no logró ni un voto, es decir, que ni siquiera ella votó…. por ella.
Y aquí en Lima, mientras tanto, Lourdes Flores sigue bailando…

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Mario Vargas Llosa y… ¡yo!

(Texto exhumado de mi viejo blog “Cucú Press” y re-publicado en el libro “Lo Mejor de Cucú Press”, 1996. Cucu Press Feature Syndicate, edición privada para amigos y sobrinos en general)
…………
Cada día nos parecemos más Mario Vargas Llosa y yo. Somos arequipeños (yo menos), coetáneos otoñales, pero sobre todo no hemos cesado de proclamar nuestro amor por Karl May. Me explicaré:
En 1958 trabajé unos pocos meses en Radio Panamericana con el futuro famoso escritor, que dirigía el noticiero “El Panamericano”. Los redactores éramos Carlos Paz Cafferata (rip) y yo. El alcanzarejones era Pascual Lucen y el locutor un porteño insoportable, Raul Ferro Colton (también rip).
Eramos vecinos de oficina de Samuel Pérez Barreto (rip), Martínez Morosini, Pepe Ludmir (rip).
Al terminar el programa bajábamos todos a desayunar y a veces hacíamos mesa grande con Luis Loyza, Abelardo Oquendo y, por supuesto, con la Tía Julia, cuyas espléndidas pantorrillas y armoniosas caderas vigilábamos de costadito nomás….
Y hablábamos de todo pero claro, el jovencísimo Mario nos abrumaba con su cultura, aunque la verdad es que Loayza era más brillante. Un día conversamos de lecturas iniciales; todos coincidíamos con Salgari, Verne, Dumas, etc. Pero sólo Vargas y yo conocíamos de cerca a Karl May y las vicisitudes del noble y valiente Winnetou y el no menos invencible Shatterhand. May era un escritor alemán que hizo fama y fortuna con una serie de novelas sobre el Lejano Oeste sin haber pisado jamás los Estados Unidos. Había estado preso en varias oportunidades por ladrón o intento de estafa y dicen que sus personajes nacieron en la soledad de la celda. La verdad es que sus libros lo convirtieron en el más famoso literato popular de Alemania. Sus historias llegaron a los Estados Unidos y contribuyeron a construir o mejor, a inventar, a los cowboys incansables, los indios indomables. Todo aquello que reafirmó para siempre el spaghetti western muchos años después y que tiene una deuda impagable con Karl May.
Esto viene a cuento porque acabo de leer que Playboy entrevistó a Vargas Llosa sobre erotismo y otras minucias y contó que May lo impresionó de entrada porque podía escribir maravillas de cosas que nunca había visto.
Mario quedó mal conmigo porque cuando escribió sus memorias, aquellas de “El Pez en el Agua”, olvidó mi nombre aunque hizo referencias a otro redactor “con el que de tarde en tarde sosteníamos conversaciones literarias”. No importa. Lo he perdonado y lo mencionaré en “El cocodrilo en el pantano”, mis memorias.

(s.f. circa 2003).