¿Wikileaks? Solo una raya más…

Ante el escándalo mediático provocado por Wikileaks, es probable que el viejo y querido Gregorio Selser se hubiera encogido de hombros y comentado: “Ninguna sorpresa… solo una raya más al tigre”.
Selser, fundador del periodismo latinoamericano de investigación de política exterior, fue hasta su temprana muerte en 1991 un tenaz cazador de secretos del Departamento de Estado y no con Internet sino con la ayuda de un formidable archivo documental que asombraba a quienes lo visitaban en su casa en México.
A lo largo de años Gregorio, bonaerense, exiliado por la dictadura de su país, reveló documentos que debían ser mantenidos ocultos y cuyas revelaciones conmovieron al periodismo de su tiempo, a los diplomáticos americanos y provocó algunas incomodidades a los norteamericanos, pero no muchas, como se comprobaría. Además ya en los cincuentas estaba claro que detrás de la mayoría de golpes de estado estaba la diplomacia norteamericana.
En 1971 los diarios revelaron que un experto había redactado un documento que se conocería como el Memorando Plank que trazaba líneas de acción para la relación con el subcontinente. Desvalorizador, casi ofensivo, el informe concluía que “sobre la base de la política de costos-beneficios, América Latina no es realmente muy importante”. Fue un escándalo para su tiempo que los norteamericanos digirieron sin problemas.
Poco más tarde el mismo Selser publicó sus “Documentos secretos sobre Chile” apenas un año después del derrocamiento de Salvador Allende y que probaban que la empresa de telecomunicaciones ITT, la CIA, etc. habían sido decisivos en la preparación y éxito del golpe. Hubo protestas, claro, pero no perturbaron la decisión de apoyar a Pinochet en tanto convenía a los intereses del poderoso vecino del Norte.
Unos años más tarde un nuevo descubrimiento hizo saltar los viejos teletipos. Existía un documento llamado “De Santa Fé” que fijaba la política de la flamante administración Reagan de 1981 para América Latina. Era una “nueva política interamericana” que pese a ser ampliamente difundida no fue alterada aunque allí se hacían afirmaciones y trazaban planes absolutamente criticables.
Y ya más cerca fuimos testigos de la invasión de Irak justificada por la presunción de que se escondía “armas de destrucción masiva”. Fue una patraña de la administración Busch cuyos detalles han sido ampliamente revelados; y sin embargo el ejército sigue allá, como si nada hubiera pasado.
La lista es larga y reveladora de que los Estados Unidos no rectifican su conducta solo porque sus archivos han sido abiertos y se ha conocido secretos de sus decisiones en política exterior. No nos equivocamos si creemos que lo máximo que puede suceder es que Hillary Clinton se ponga un poco coloradita y por algunas semanas. Nada más.

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