La historia de amor de Julian Assange

Nada con las suecas. Luego de leer la famosa trilogía de la Salander de Larsson y los relatos de Mankell y su antihéroe Wallander… cualquier cosa se puede esperar en aquella presunta sociedad ideal.
Julian Assange, el ya legendario fundador de Wikileaks, tiene buenas razones para pensarlo porque está preso por delitos que los criollos más avezados jamás hubieran podido imaginar jamás.
Assange conoció en Estocolmo a dos bellas. Anna Ardin lo había invitado a alojarse en su casa porque era la organizadora del “Movimiento de Hermandad”, presuntamente de izquierda. Y en la noche no tuvo problemas para introducirse en el lecho de su invitado.
Pero Asange ya le había echado el ojo a otra, a Sofía Wilen, a la que llevó a un hotelito en Enkoping, donde hicieron el amor.
Pero la acusación fiscal dice que el guapo wikileaks “la penetró sin condón mientras dormía”, es decir, que Sofía también el sueño lo tenía profundo…
De regreso a Estocolmo, volvió a la casa de Anna y nuevamente tuvieron sexo. Pero la Fiscalía dice que Assange acosó sexualmente a su anfitriona “de una forma diseñada para violar su integridad sexual”.
¿Qué querrá decir eso?
Estos son los delitos por los que la Interpol persiguió por toda Europa al periodista y hacker que ha molestado tanto a la administración norteamericana. Es verdad, de otro lado, que aquellas señoritas tienen todo el derecho de considerarse abusadas y denunciar al abusador. Pero concordarán con los que afirmamos que el caso es un poco extraño.
Y ahora resulta que se descubre que Anna Ardin es una militante de la ultraderecha, que se sospecha que colabora con la CIA, que forma parte del aparato internacional anticastrista.
La bella (vean la foto) está en Twitter y se defiende diciendo: “¿Agente de la CIA,. ávida feminista, amante de los musulmanes, fundamentalista cristiana… o perdidamente enamorada de un hombre?” Parece que al final esa es la clave: el simple despecho por la sacada de vuelta del entonces encantador pero ahora abominable Julian Assange.
¿La pena por ambos delitos? Un par de multas y el consejo de que no regrese a Suecia y si lo hace, que antes de tener sexo haga firmar un documento notarial a la interfecta.

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