Archivo mensual: enero 2011

Luis Jaime, el periodista (IV)


-El periodismo de cada día
El flamante Observador se sumó de inmediato a la oposición al gobierno del presidente Belaunde y enfiló sus mejores armas hacia el Premier, Manuel Ulloa, el propietario del diario Expreso. Los razones eran múltiples, como por ejemplo la presencia importante del APRA en el directorio y la redacción del diario; y la reacción lógica del propietario, Luis León Rupp, a quien le acababan de intervenir su Banco, el BIC, haciendo tambalear al resto del Grupo Vulcano.
Pese a las dificultades, incluso para pagar los sueldos, todos estuvieron de acuerdo en seguir adelante y procurar hacerse un espacio propio en el escenario periodístico que parecía ya excesivo pues estaban El Comercio, La Prensa, Expreso, Correo, Ojo, La República, Marka y hasta el discreto “Guido” del popular Guido Monteverde.
Pero lograron diferenciarse enfatizando el plan original de Cisneros, buena información y pluralismo en la opinión. Y el propio Luis Jaime aportaba casi diario con “Mi Columna” con buenas viñetas de Adrián Arias.
En los meses que tuvo a su cargo la dirección debió hacer frente al boicot publicitario del Gobierno belaundista que prodigaba anuncios en los diarios, menos en El Observador. Y soportó las amenazas constantes de suspensión de provisión de papel, embargo de la rotativa, etc.
Luis Jaime seguía atentamente las novedades y les dedicaba su columna. Escribió de todo. Sobre los héroes, parques, jóvenes, ajedrez, medicina, playas, universidades, Iglesia, trazó perfiles breves y perfectos de personajes, todo ligado estrictamente a la actualidad y con visión crítica.
Lo acompañaban con sus columnas Raul Wiener (El Observador Ecónomico), Rodney Espinel (El Observador Sindical), Justo Linares (Sube y Baja), César Miró (Linterna de Diógenes), Mario Belaunte (Tal como lo Veo), Alfonso Tealdo (Mirador), Víctor Tirado (Paso a Paso), Jorge Donayre (Según pasan los Días) y el joven caricaturista Eduardo, entre otros.
Todos ellos, más analistas invitados como Rolando Breña, Alfredo Barnechea, Hugo Neira, Edgardo Mercado Jarrín, Sonia Luz Carrillo, Ulises Humala Tasso, construían una alternativa que efectivamente ofrecía un rostro distinto y se acercaba al ideal de periódico que debe dar a sus lectores material para decidir e interpretar por su cuenta.

Tuvo días duros como aquellos de abril del ataque inglés a Las Malvinas y lloró como muchos cuando torpedearon el crucero Belgrano. Y dijo en su columna:
“Pienso en esos quinientos jóvenes marineros argentinos que allá en el mar, bajo la inmensa sombra celeste de la patria, sucumbieron en instantes en que estaban realmente fuera del ámbito señalado por el propio adversario como teatro de guerra. Pienso en todos los jóvenes bajo armas que esperan con justificada ilusión seguir el mismo camino con la frente alta y la puntería asegurada en todo barco inglés. Pienso en las mujeres argentinas que velaron orgullosamente esa jornada por el hijo que así aseguraba a su patria grandeza y libertad, y comunicaba su hondo regocijo con el mar. Pienso en Belgrano y en esa hermosa canción que todos entonábamos en las jornadas patrióticas: ‘Aquí está la bandera idolatrada, la enseña que Belgrano nos legó’.
Abrigados por esa bandera se hallan ahora esos quinientos jóvenes en el mar. Y una aurora radiante cubre el horizonte. No lloran por estos muchachos los jóvenes de América: los envidian y cantan su gloria”.

Sigue: La renuncia irrevocable

-Los Retóricos de Quilca


¿Alternativos? ¿Marginales? ¿O habría que fundar la categoría de Lumpen-Comunicación? Pónganle el nombre que deseen, como hizo el periodista e investigador de la comunicación Eduardo “Lalo” Pérez que los ha bautizado como “Los Retóricos de Quilca”.
¿Qué hacen esos Retóricos? Hablan, discuten, vociferan como si estuvieran en el ágora griega apoderándose de dos bancas de mármol de la Plaza San Martín a partir de la seis de la tarde, evadiendo la persecución de los Serenos que los acusan de perturbar el orden público.
Esa extraña comunidad de conversadores y discutidores nació al amparo de la presunta marginalidad del Centro Cultural El Averno del jirón Quilca, fundado en 1998 en el corazón de nuestra ciudad y que se ha convertido en el ombligo de un conglomerado de tiendas de libros usados, videos, discos; y bares que tienen su mejor representante en la Bodega Queirolo, en la esquina con el jirón Camaná.
En 1986 Efraín Ruiz Caro fundó a la vuelta el diario “La Voz” en el noveno piso del edificio semiabandonado de la otrora poderosa Cooperativa Santa Elisa. Y los que trabajábamos allí sabíamos que pasar por Quilca luego del atardecer era asalto seguro pues tenía la mayor concentración de cantinas de Lima, una veintena, repletas de borrachos y de gente de mal vivir. Incluso el venerable “Hawai” debió cerrar porque ninguna familia se atrevía ya a ir tomar jugos o lonche, como en los viejos tiempos.
Pero el 98 fundaron El Averno y comenzó un proceso que no termina todavía de reconversión de la cuadra, uniéndola a la actividad cultural del jirón Camaná. Las grandes playas de estacionamiento fueron convertidas en galerías de venta de libros.
Los Retóricos tomaron las aceras para sus discusiones y fueron las primeras víctimas de la persecución de quienes veían actividades delincuenciales donde en realidad se reconocían grupos llamados marginales. Allí nacieron grupos de rock importantes, hubo (y hay) recitales de todo tipo y, es verdad, mucho trago y con frecuencia algún desorden que provocó incluso persecución oficial (como el sonado asalto policial del 7 de agosto del año pasado)
Al ser expulsados de Quilca los Retóricos se marcharon a la Plaza Francia pero también los hicieron salir apenas comenzaron a discutir con la vehemencia de costumbre. Entonces tomaron las bancas de la Plaza San Martín pese a que la Municipalidad intenta cerrarles el paso.
¿Quiénes son, qué hacen, qué los lleva a reunirse para discutir de cualquier cosa? Lo único que tienen en común es el afán de la discusión y de la expresión libre y, si los dejan, a gritos. Y a medianoche desaparecen, disolviéndose en esta nuestra Lima que tiene ya de todo y para todos.

Luis Jaime, el periodista (III)


-Los Cisneros y el periodismo

“Los Cisneros nacen con el periódico bajo el brazo” bromeó una vez un veterano colega al hacer la lista de los miembros de esa extensa familia que han estado, o están en el periodismo.
La historia se inicia con el laureado poeta Luis Benjamín Cisneros (1837-1906). Parlamentario, diplomático, decano del Colegio de Abogados, fundó La Gaceta Judicial cuando era fiscal adjunto. Fue, en suma, uno de los más celebrados intelectuales del siglo XIX,
Su hijo Luis Fernán Cisneros Bustamante (1882-1954) optó temprano por el periodismo y la política y se hizo ferviente pierolista y militante del Partido Demócrata. El diario La Prensa era el vocero y desde sus páginas y con su pariente tío Alberto Ulloa Cisneros, hicieron periodismo de combate participando en importantes episodios de la vida nacional y sufriendo persecución, cárcel y destierro (para una biografía completa de Luis Fernán Cisneros remitimos al lector al libro de Manuel Zanutelli “Periodistas Peruanos del siglo XX”).
Su columna “Ecos” ha pasado a la historia del periodismo por su estilo coloquial, irónico y divertido. Sin duda, José Carlos Mariátegui tomó prestado parte del estilo de Cisneros para su igualmente famosa columna “Voces”.
Don Luis Fernán se casó dos veces. Primero con la señora Diez Canseco y luego, al enviudar, con la señora Vizquerra. De ambas ramas surgieron periodistas.
Por ejemplo, Benjamín Cisneros Diez Canseco optó por el periodismo deportivo. Se conoce poco de su actividad pero lo hemos encontrado como fundador de la fugaz revista “Grass” en 1947 y luego en Deportes del diario La Prensa. Fue el promotor de que la empresa Backus comprara el Club Tabaco y lo convirtiera en “Cristal”.
Luis Jaime Cisneros Vizquerra, en cambio, abandonó los estudios de medicina por el estudio de la literatura y la docencia a tiempo completo. Pero no olvidaría al periodismo de cuyas historias había bebido en su juventud, en la mesa familiar. Y no dudó en aceptar cuando su amigo el general Francisco Morales Bermúdez le ofreció la dirección de uno de los diarios expropiados por el gobierno militar en 1974.
“Elegí La Prensa, a diferencia del diario cuya dirección me ofrecía, porque me pareció que era lo que me correspondía como línea biográfica. Pedí libertad absoluta y la tuve” dijo hace un año en una entrevista que le hizo Ernesto de la Jara. Alcanzó a estar dos años en el periódico de Baquíjano.
Pero hubo más de la familia en este viejo oficio, como “Niko” Cisneros, periodista de farándula, tradicionalista (La Crónica, Caretas); el gran ilustrador Paco Cisneros (La Noche, Jornada). Y están con nosotros Antonio Cisneros (El Caballo Rojo, El Buho), Claudia Cisneros (Somos) que pasó a la TV, Renato Cisneros (El Comercio).
Dejamos para el final a Luis Jaime Cisneros Hamann, el hijo mayor de nuestro personaje, quien dirige la corresponsalía de la agencia France Presse en Lima y continúa así la tradición familiar.
El afán por el buen periodismo es el común denominador de la familia y Luis Jaime soñaba con hacer de El Observador una especie de aula de papel en la que no debía faltar la literatura. Por eso dijo en días previos a la salida “Pensamos poder editar un libro mensual para divulgar los grandes libros formadores… Pensamos producir en épocas escolares una serie de textos que ofrezcan la información que no tienen los textos. El día que los novelistas nuestros acepten lanzar sus novelas en folletos, así como han nacido las grandes novelas clásicas, habremos cumplido toda la tarea… es un lindo reto. Un reto difícil pero que creemos que se puede hacer”.

Sigue: El reto del periodismo diario

Luis Jaime, el Periodista (II)


-Convocando periodistas

Optimista, Luis Jaime Cisneros anunció ese 9 de mayo de 1981 que el nuevo diario se llamaría El Observador, añadiendo que sería “el periódico que observará el diario acontecer más allá del año 2000”.
Fue el día de la primera reunión con los redactores iniciales, en las oficinas del BIC, el Banco de LuisLeón Rupp en la avenida Larco, como ha contado María Angela Sala quien llegó a la cita con Juan Vicente Requejo y otros.
“Seremos pluralistas, independientes, defenderemos los derechos humanos, la libertad de expresión” insistía Cisneros, contagiando de ánimo al grupo que iba creciendo. Pablo Truel, experimentado y sereno, fue nombrado jefe de redacción, en las jefaturas de información Jaime Marroquín y Nelvar Carreteros, en Economía Raul Wiener, en Deportes el solvente y experimentado Roberto Salinas, en Cultura Federico de Cárdenas y Luis Freyre, Juan Vicente Requejo en la sección Editorial.
Como la idea de los organizadores era privilegiar la opinión invitaron a un grupo de periodistas a redactar columnas. Y aparecerían textos de profesionales tan conocidos como Jorge Donayre, Jorge Moral, Laureano Carnero Checa, Jorge Luis Recavarren, César Miró, Alfonso Tealdo, Enrique Bernales, Ricardo Napurí, Luis Pásara, Justo Linares y hasta Luis Alberto Sánchez. La lista era realmente plural.
Andando las semanas se unirían Carlos Tovar, Hernán Zegarra, Alfredo Donayre, Homero Zambrano, Gilberto Miranda, César Arias Quincot, César Humberto Cabrera, y, como dijo la colega Sala un puñado de excelentes redactoras como Marlene Polo, Cecilia Manzini, Ana María Byrne, Fietta Jarque, Nelly Apaza, Margarita Muñoz, Marina Robles y otras.
Todo un equipo sólido, experimentado, instalado en el edificio de la avenida Pershing que ya lucía en la fachada “Empresa Editora Vulcano. Diario El Observador”.
Pero poner a punto un diario es una tarea compleja que requiere niveles óptimos de organización pues debe concordarse la producción de la redacción con la marcha de los talleres (diagramación, fotocomposición), el horario exacto de impresión y el recojo por los distribuidores que los llevarán a los puntos de encuentro con los vendedores, los antiguos canillitas. Si esa maquinaria no está afinada, no hay periódico.
Pero lo peor era que la Policía Fiscal los acusaba de no pagar los impuestos de la flamante rotativa Harris y cuando todo estaba ya a punto ordenó la inmovilización y el embargo, justo una semana antes del lanzamiento.
Todos lamentaban el retraso porque se sabía que Guillermo Thorndike, que también había reunido un buen equipo periodístico se aprestaba a lanzar La República, aunque aliviaba saber que pretendía ser vespertino, como en los antiguos tiempos.
En el Diario Marka, fundado un año antes, se seguía con atención ambos procesos y entrevistaron a Cisneros preguntándole, claro, si Luis León Rupp realmente editaba un vocero de su grupo económico. “Si ese fuera el objeto de este periódico, no veo porqué me hubieran buscando a mí”, contestó.
Pero ese diario estaba herido de muerte desde el principio porque el Grupo Vulcano tenía pies de barro.

Sigue: Los periodistas Cisneros

Luis Jaime, el periodista (I)


Introducción.- Luis Jaime Cisneros, fallecido hace muy poco, tuvo una intensa actividad intelectual dividida entre la academia y el periodismo. En los días que siguieron a su desaparición todos los periódicos, sin excepción, lo elogiaron destacando su rol de maestro y de filólogo. Pero muy poco se recordó de su importante paso por el periodismo diario, primero dirigiendo La Prensa y luego El Observador. ¿Qué lo motivó a distraer su tarea en las aulas para sumergirse en la selva política periodística criolla? Esta pequeña historia, que es también un homenaje, trata de buscar respuestas.

-El Observador, hace 30 años

No hubo canillitas para gritar que aquella mañana había aparecido un nuevo diario, El Observador, pero no hacía falta porque una profusa campaña que incluía páginas enteras de El Comercio lo había anunciado. Todos los esperaban. Era el 22 de Octubre de 1981.

Y quizá la novedad más importante es que su director era Luis Jaime Cisneros, quien había aceptado volver una vez más a la espinoza tarea de dirigir un diario, algo que conocía que conocía muy bien tanto por la sobremesa familiar como por experiencia propia. Entre 1976 y 1978, algunos recordarán, había dirigido el diario La Prensa expropiado por el gobierno militar y la política y los colegas lo habían criticado con rudeza por aceptar el cargo.
Es verdad que Cisneros era desde que se inició en la docencia un gran filólogo y así ha pasado a la historia pero es cierto también que el periodismo siempre fue su vocación principal y nunca dejó de escribir para algún periódico porque tenía una fe porfiada en la importancia de la difusión para la educación.
En aquel número inicial de El Observador inauguró “Mi Columna” que firmaba simplemente “Cisneros” de puño y letra. Leamos parte de aquel primer texto:
“Cuántas conjeturas cruzaron por mi mente cuando me propusieron incurrir nuevamente en la tarea. Y es que creo que hay una función pedagógica hasta hoy desatendida por la prensa. Cada día se me antoja más clara. Hay que contribuir a mejorar los cuadros juveniles en el Perú, y ya no bastan para ello los libros de la escuela, ni satisfacen los concursos, ni hemos de lograrlo recurriendo a la metáfora y a la retórica. Hay que realizar una vasta tarea de formación cívica. El periodismo está llamado a lograr esos frutos”.
Los políticos, los periodistas, vieron con desconfianza al diario recién llegado porque no era secreto que pertenecía a un controvertido promotor y organizador, el movedizo y parlanchín Luis León Rupp, promotor del Grupo Vulcano que manejaba el Banco de la Industria de la Construcción (BIC), la empresa de aviación Faucett, los hoteles Bolívar y César, varias inmobiliarias, a lo que añadía ahora la Empresa Editorial Vulcano. Lástima que todos eran negocios frágiles, endeudados, frutos de su malabarismo empresarial.
Cuando lo entrevistó poco antes del lanzamiento de El Observador, Elsa Arana Freire, exagerando, comentó que se podía hacer una analogía con el magnate Luis Banchero Rossi, o con los hermanos Romero. La periodista le preguntó, claro, sobre sus motivos para fundar un diario y su respuesta fue un parrafazo de lugares comunes en el que solo destacó que tratarían de hacer un diario de opinión, “distinto a los de tipo informativo”.
Debe recordarse que aquel final de 1981 era presidente con olor de multitud el arquitecto Belaunde y la inflación golpeaba a los peruanos. El nuevo diario costaba 100 soles.

Sigue: Convocando periodistas

¿Comunicación? ¿Qué es eso?

Ya están “en línea” los Planes de Gobierno de los partidos que aspiran a gobernar al Perú por los próximos años y en una rápida revisión se comprueba que no hay excepción en el uso generoso de “promover… fomentar…incentivar… organizar.. inspirar…impulsar… generar… fundar…” etc.
Pero casi ninguno de los Proyectos ya publicados menciona siquiera la palabra clave Comunicación, que será al final el instrumento que hará posible tanta promesa. Porque, de qué otra manera podría, por ejemplo, la Alianza para el Gran Cambio cumplir con su promesa de “fomentar la solidaridad, la libertad, la igualdad, la justicia…”. Lo mismo Perú Posible tan generoso en promesas que en su gobierno anterior un diario mantuvo por años un “Promesómetro Presidencial” cotidiano.
El Partido Aprista se acerca levemente al tema cuando promete promover la información en la zona de Descentralización para el Desarrollo, pero hubiera podido comprometerse más con la comunicación cuando propone “combatir el racismo, la discriminación de la mujer, el machismo, la marginación…”.
Fuerza Social es más directo cuando se refiere al uso de las tecnologías de la información y la comunicación y en particular en la parte dedicada a la Transparencia en que promete “mejoras sustantivas en la calidad de la información en Internet… con formas amigables que faciliten el acceso de la ciudadanía a la información”.
El único partido que no ha eludido el tema ha sido Gana Perú. Por ejemplo, en Desarrollo Urbano plantea “ciudades digitales” con formación de redes… que configuren una malla interactiva de ciudadanos”. Y más adelante, en el item 2.9 titulado “Medios de Comunicación para una democracia ciudadana” propone sin medias tintas: “…una ley de comunicaciones audiovisuales que establezca un reparto equitativo y plural de los medios entre distintas formas de propiedad (privada, pública y social). El objetivo es incorporar las distintas perspectivas de las organizaciones de la sociedad civil, garantizar la libertad y pluralidad de la información y opinión, y recuperar el carácter de servicio público de los medios masivos de comunicación”.
Nadie quiere ya pronunciar la temida frase “políticas de comunicación” porque hacerlo atraería a los viejos y nuevos sabuesos que están prontos a acusar de extremistas a quienes insinúen cierto límite a los excesos de los medios masivos. Sin embargo todos sabemos que aquellas “políticas” existen así se pronuncie o no el título, pero unos las proponen con todas sus letras y otros prefieren no comprometerse más allá de promover, difundir, alentar, etc. y etc.

Nuevo Género: Demolición Mediática

Propongo como nuevo género periodístico La Demolición Mediática, cuya definición elemental es la siguiente: “Definido el objetivo a destruir, hágase uso de todo lo que un medio pueda esgrimir, desde fotos hasta blogs, pasando por redes sociales y la humilde pero eficaz pirámide invertida. Golpes diarios, rápidos y violentos para que no haya tiempo de responder, rectificar. De esta forma quedará fijado un esteriotipo del personaje en cuestión”. ¿Las razones, la ética? Esos son otros temas.
Un buen ejemplo podría ser Ollanta Humala quien desde que se presentó como candidato a las elecciones con posibilidades reales de ganar fue objeto de una persecución mediática de tal envergadura que le cuesta trabajo deshacerse de la imagen de tremendista y hasta de subversivo que le encajaron en su Demolición. Ahora, en plena campaña para las elecciones rebrota ese retrato de extremista que le fue construido por medios de derechas durante meses de durísima persecución; y le está costando trabajo removerlo.
El caso del exalcalde de San Isidro Antonio Meier es otro ejemplo. Casi al terminar su gestión tuvo un traspiés político que le ha valido un torrente imparable de insultos desde medios importantes y que han llegado a calificarlo de ignorante, ruin y hasta de fascista. Nadie quiere recordar lo bueno de su administración, le boicotearon el reparto de sus últimos boletines municipales y se ha quedado solo, por supuesto, porque en política no se acompaña a los vencidos.
Susana Villarán, nuestra flamante Alcaldesa, afronta ahora una campaña que aunque innoble la obliga a tomar decisiones con extrema cautela, vigilando a sus funcionarios, investigando relaciones, etc. porque todo lo que consintieron alegremente a Castañeda no se lo perdonarán a ella. Al general Ketín Vidal le siguen dando de alma y Lourdes Flores jamás olvidará cómo Jaime Bayly la demolió con eficacia de cirujano.
Pero el caso más notable es sin duda el del aprista Jorge del Castillo, político muy experimentado y que a duras penas logra sostenerse en la contienda pese al auténtico tsunami mediático que le cae encima cada día y en primeras páginas. Si logra imponer su criterio sería un raro caso de triunfo por sobre toda una campaña de gran envergadura y de frentes diversos.
El sistema no es exótico ni exclusivo del Perú y tampoco moderno. Las campañas de Demolición Mediática de Fidel Castro, Salvador Allende, Omar Torrijos, Hugo Chávez y un largo etcétera son históricas y fueron coordinadas con las agencias internacionales de noticias por inspiración, la mayoría de las veces, de las organizaciones de propietarios de medios latinoamericanos.