“Kapuscinski non fiction”

Rebuscando en la pequeña sección de libros del Sanborns céntrico de México encontré el pequeño volumen titulado “La Guerra de Angola” (Ediciones de Nueva Política, México, 1977) de un periodista que, confieso, no conocía, el polaco Ryszard Kapuscinski. La nota editorial al dorso era muy atractiva pues nos advertía que “En estas páginas la información se transforma en imagen personal de la realidad y los hechos se transfiguran líricamente por la virtud de un estilo conciso y expresivo”

Era el relato de los días de la revolución angoleña pero era sobre todo la crónica del abandono de Luanda por los portugueses adinerados que fueron los primeros en irse; luego la policía, los bomberos, los basureros… y sus casas y calles tomadas por jaurías de perros aullando de hambre abandonados por sus amos. Y también la historia de la bella guerrillera Carlotta y su dramático final (García Márquez escribiría años más tarde “Operación Carlota”, la crónica de la intervención cubana en Angola).
Y efectivamente a medida que nos sumergíamos en el relato podíamos imaginar mejor el desconcierto primero y luego la anarquía en una capital que abandonan a su suerte mientras en las afueras se combate por su control. Para una presentación cabal de tal aterrador escenario hacía algo más que una descripción objetiva.
A partir de entonces fui fiel seguidor de Kapuscinski y, como muchos, me alegré de su carrera a la fama.
Y ahora que se le objeta y critica vuelvo a leer su siguiente libro “El Emperador. La historia del extrañísimo señor de Eiopía” (Siglo XXI, México, 1980) y vemos que nunca nos mintió en cuanto a las intenciones de sus textos. La nota al dorso de los editores dice “R.K. afirma que lo que se propone no es tanto seguir el curso de los acontecimientos, como llegar al fondo del problema. No le interesa describir los fenómenos, sino interpretarlos. Para hacerlo, ha encontrado una forma de fundir la visión periodística del acontecimiento con la necesidad literaria de describir la atmósfera, el color, el comportamiento de la gente que los impulsa”.
En suma, Kapuscinski nos estaba proponiendo desde el principio que los periodistas debían permitirse licencias para que el lector supiera mejor los cómos y los porqués de los acontecimientos.
Acaba de publicarse la versión en castellano de “Kapuscnski no fiction” conservando el título del original polaco escrito por Artur Domoslawski y el comentarista español que leemos advierte que “esta biografía es un misil”. Que sepamos el libro todavía no está en Lima y será objeto de comentario cuando llegue. Mientras tanto, sigamos leyendo al gran maestro aunque su biógrafo diga que descubriremos a un personaje que creíamos conocer.

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