Mubarak no tenía Twitter ni Facebook

“Apaguen la televisión, no vean esos programas extranjeros, váyanse a sus casas y escuchen solamente a su corazón” dijo, más o menos, el vicepresidente de Egipto en uno más de los desesperados intentos del gobierno por detener el verdadero tsunami popular que los venía arremetiendo desde hacía tres semanas.
Ya había fracasado la experiencia de cortar los servicios de Internet porque los servicios secretos de Mubarak estaban convencidos de que Facebook y Twitter eran la fuente e instrumento de todas sus desventuras. Y por esto fue que las primeras persecuciones y capturas fueron a operadores de Google a los que torturaron para arrancarles “la verdad”. Los soltaron luego de varios días porque el problema era que Facebook tenía ya, a esas alturas (la primera semana de febrero) más de cinco millones de activos seguidores de los cuales por lo menos un millón usaban los teléfonos móviles para participar.
Un informe reciente dice que ya funcionan 32 mil Grupos de intercambio de información y no menos de 14 mil blogs, todos dedicados al reclamo de la demolición del gobierno de Mubarak, entronizado e inamovible desde octubre de 1981 (por ejemplo, visiten en Facebook al popular predicador opositor Amr Khaled, que ya tiene 2 millones y medio de Amigos).
Twitter siguió la misma suerte, es decir fue bloqueado por las autoridades pero el veto no resistió más de unos días y al retornar reinició su crecimiento convocando sin cesar a reunirse en la histórica plaza
Otra experiencia fracasada del gobierno egipcio fue el bloqueo de Al Jazeera, la gran agencia de noticias árabe que cumplía su rol informativo pero manteniendo distancias de la dictadura. Apenas fueron transmitidas las imágenes de las masas protestando, Mubarak ordenó el veto pero con Internet ya se transmite en vivo y no basta con cerrar la TV Cable.
En suma, el gobierno egipcio, sus analistas, servicios secretos, estaban convencidos de que los medios de comunicación, los antiguos y los novísimos, eran los promotores de la subversión y que, en el más viejo estilo (quizá faraónico), la solución era cortar la cabeza al mensajero.
Pero ni Facebook, Twitter o MySpace u otras redes sociales son capaces de incendiar la pradera por sí solas, con simples frases de llamado a la insurrección. Es como si creyéramos que la difusión del video derrotó a la dupla Fujimori Montesinos. Pero es verdad que son aliadas poderosas de la democracia.
Hosni Mubarak no tenía cuenta en Twitter aunque alguien le había inventado una pero en broma. Quizá si se hubiera defendido en ese escenario podría logrado algo más que con el obsoleto Mensaje a la Nación.

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