Vieja y querida Pirámide Invertida…


Ahora todo el mundo habla mal de ella pero durante 150 años la Pirámide Invertida fue la mejor herramienta para enseñar a un periodista novel a cómo contar las cosas que pasaron. Solo tenía que contestar a las preguntas Qué, Quién, Dónde, Cuándo, Cómo y hasta Por qué y ya se tenía el párrafo perfecto.
Pero ahora cuando el periodismo impreso ya no tiene ninguna posibilidad de ofrecer sorpresas porque las noticias ya volaron por la vía audiovisual o por Internet, la Pirámide Invertida comienza incluso a ser retirada de los sílabos de la especialidad.
Uno de los que la sentenciaron fue el gran Tomás Eloy Martínez en un famoso discurso en la SIP, en 1997:
“Casi todos los días, los mejores diarios del mundo se están librando del viejo corsé que obliga a dar una noticia obedeciendo al mandato de responder en las primeras líneas a las seis preguntas clásicas…”. Y extendía su reflexión hacia las nuevas formas de narrar que están adoptando los periódicos que se defienden del embate de las versiones virtuales.
Los historiadores norteamericanos dicen que aquel modo de escribir con los datos principales en el primer párrafo y luego los detalles secundarios, nació debido a la fragilidad de la red telegráfica de mediados del siglo 19 en los Estados Unidos. Las comunicaciones se interrumpían con frecuencia y muchas historias quedaban truncas. Entonces la agencia de noticias Associated Press impuso a sus corresponsales el modelo que inmediatamente siguieron los demás pues su eficacia quedó ampliamente demostrada.
Y esto se hizo más dramático cuando comenzó la Guerra de Secesión en 1864, fuente de noticias que no podían ser contadas al viejo estilo de crónica frondosa y dramatizada. Al grito de “¡Hechos, solo Hechos!” el periodismo norteamericano giró bruscamente hacia el relato factual, austero, sin adjetivos y proclamando que esa era la mejor manera de ser objetivo.
A partir de entonces todos los manuales de periodismo insistieron en que la técnica de la Pirámide Invertida era “la” manera de contar las cosas. Pero también hay una verdad absoluta que todos los periodistas conocen: “La única regla fija en el periodismo… es que no hay reglas fijas” dejándose así espacios abiertos a las buenas propuestas y a la creatividad.
Los nuevos formatos que empiezan a delinearse en el periodismo exigen cambios en el entrenamiento básico de los novicios en el oficio pero retirar la Pirámide Invertida de las rutinas de práctica es una exageración porque todavía, y por mucho tiempo, seguirá siendo el mejor método y modelo de entrenamiento para contar las cosas.

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