Archivo mensual: marzo 2011

Historia del mural de Letras que no fue borrado porque un Teniente lo impidió


-“¡Borren todo! ¡Métanle pintura a todo!!” –fue la orden que recibieron los soldados que aguardaban formados, en fila, llevando cada uno brochas y baldes de pintura.
Y sin más, procedieron a blanquear la entrada de la Facultad de Letras que estaba tan llena de pinturas que incluso el techo había sido invadido por las consignas.
Era junio de 1995 y el Ejército había tomado San Marcos, el Rector Wilson Reátegui destituido y las tropas instalaban campamentos, trincheras, luego de algunas escaramuzas con los estudiantes.
Lo que siguió fue el episodio del blanqueo de paredes. Y en el segundo piso del Pabellón de Letras, ocupado entonces por la Facultad de Educación, relucía el enorme mural pintado por Bruno Portuguéz en 1986. Un mural revolucionario, muy colorido, que mostraba a las masas dirigiéndose hacia el futuro (como verán en la foto adjunta).
Cuando ya le habían echado la primera mano y aprestaban a colocarle la segunda y definitiva, un desconocido Teniente subió corriendo:
-“¡No, no, no sean bestias… eso es una obra de arte!! ¡A despintarlo, carajo, ahora mismo!”.
Entonces con trapos y agua, los soldados lo limpiaron y quedó maltrecho, muy maltratado, abandonado y sin que nadie se acordara. Todo lo demás fue borrado aunque también quedó un César Vallejo en el primer piso pero que estaba incompleto y ya desapareció.
Pero el pintor no se había olvidado. Bruno Portuguéz, un muchacho combativo cuando pintó el mural, es hoy un pintor reconocido que ha hecho varias exposiciones y que “Caretas” entrevistó hace poco.
Portuguéz se instaló ante su viejo mural y lo repintó pacientemente y hoy luce nuevamente, revolucionario como antes. Vale la pena conocerlo.

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¿La propaganda gana una elección…?

No se gana a cartelazo limpio…
Dicen los expertos que la propaganda visual de cualquier tipo requiere atención de por lo menos diez segundos para el mensaje sea retenido y quizá, asumido. Si esto es verdad, miles de carteles de mensajes de todo tipo, desde graffiti hasta carteles colgados con enormes palos en medio de las avenidas limeñas… son perfectamente inútiles.

Creo que uno de los pocos distritos que ha regulado la propaganda electoral visual es San Isidro. Recordemos que hace algunas semanas se convocó a los partidos a un sorteo de 182 espacios elegidos por los expertos para ser compartidos. Y en consecuencia, se ha colocado enormes carteles de 4 por metros en las principales avenidas sanisidrinas que son, sin duda, de las más apetecidas por los publicistas de los candidatos. Arequipa, Javier Prado, especialmente, son zonas en las que el serenazgo lucha por mantener en orden y con respeto a la ordenanza. Cartel no autorizado es eliminado sin más trámite.
Por supuesto, el histórico parque del Olivar está libre de publicidad. Ni un cartelito molesta la vista de quienes pasean por su venerable arboleda.
El resto de distritos no ha podido mantener a raya los carteles pese a la energía inicial que impuso nuestra flamante Alcaldesa que hizo eliminar, y con razón, la excesiva propaganda del transitado Ovalo de la Universidad de Lima, entre otros lugares.
Esto ha producido lo que se menciona a cada paso como “contaminación visual”. Pero esto ya existía con la publicidad común y al añadirse la propaganda política de coyuntura las principales calles de Lima se han convertido en una exhibición permanente de rostros sonrientes y frases llamativas que buscan que el futuro elector los recuerde a la hora de marcar el voto.
La interrogante es: ¿es efectiva la propaganda política de carteles y se logrará ser elegido si se derrama avisos enormes por toda la ciudad? No conocemos investigaciones que establezcan relación entre inversión propagandística y éxito electoral, pero recordamos algunos fiascos.

En 1956 se enfrentaron Hernando de Lavalle y Manuel Prado, dos señorones adinerados que hicieron una fuerte inversión en propaganda y la del primero fue largamente mayor y superior en ingenio y calidad, manejada por expertos importados de una agencia de publicidad. Al final ganó Prado cuando consiguió el entonces disciplinado voto del APRA por la promesa de la legalización. Es decir, que una movida política abatió la mejor campaña que se había visto hasta entonces en el Perú. Y ni siquiera quedó segundo pues gracias a otro gesto político decisivo (el “Manguerazo”) Fernando Belaunde arremetió con tal fuerza que por poco no gana.
Nada como los japoneses. Solo permiten carteles tamaño A-3.
(Las fotos de carteles son de “Somos”. 12.3.11.).

La batalla televisiva de las 6 am.

Son las seis de la mañana y medio Lima está ya desayunando, tomando un juguito, apurando un café o armando la lonchera. Hace años la costumbre era encender la radio para recibir las últimas noticias, pero ahora que los televisores se han abaratado la mayoría enciende la pantalla para saber qué ha pasado.
Y se encuentra con una verdadera selva de oferta noticiosa en la que en todos los tonos les cuentan lo mismo, salvo que con diferentes estilos y, claro, significativos grados de credibilidad.

“Primera Hora” de Frecuencia Latina ha sufrido un rudo golpe con la salida de Claudia Cisneros y es probable que se debilite más todavía. Ya no es competencia para quienes ocupan los primeros lugares del temido “rating” y está en la zona de poca atención que comparte con “TV Perú Noticias” de Canal 7, o “De 6 a 9” de Canal N pese al importante refuerzo que es Carlos Cornejo, o el flamante “Buenos Días Perú” en versión de Beto Ortiz. El Canal 10 de RPP no despierta todavía y es solo una radio para ver, casi sin diferencia de lo que veíamos antes en Canal 6.
Tengo la impresión de que la batalla principal se libra entre “América Noticias” de Canal 4, que conducen el experimentado Federico Salazar y la agradable Verónica Linares; y “Primera Noticia” de Canal 9, con los campechanos Augusto Alvarez Rodrich y Pamela Vértiz que se diferencian nítidamente de los demás porque informan y opinan, señalan, reniegan…
¿En qué se parecen y diferencian todos estos noticieros que los limeños eligen en sus madrugones cuando se alistan para salir al trabajo, la universidad o a llevar los hijos al colegio?

Un denominador común es la preferencia por la violencia, muertes, atropellos, asaltos, las noticias que los periodistas llaman “de interés humano”. Y en política, las notas que recogen los dimes y diretes de los candidatos. Otro rasgo común es la casi prescindencia de información internacional y si alguien solo viera TV en las mañanas podría fácilmente olvidar que existe América Latina y, que hay países vecinos con problemas que valdría la pena conocer.
A las 6.30 am. o poco más, los televidentes abandonan masivamente sus casas para abordar la combi musical o el automóvil en que reina RPP Noticias con Raúl Vargas,y Patricia del Río, Armando Canchanya. Su antigua competencia, CPN Radio, nunca fue la misma desde que la dejaron Alberto Ku King y Zenaida Solís.
Paradoja final: quien informa mejor sobre América Latina es Radio Nederland que ahora que ha desaparecido el servicio latinoamericano de la BBC, reina en la sintonía de la mañana tempranera desde Radio Filarmonía.

Once marineros reclamaron ser el besador de la foto



La guapa enfermera Edith Shain, saltando y gritando, se sumó a la multitud que crecía por momentos en plena Times Square. Todos se abrazaban, algunos lloraban, otros se arrodillaban y rezaban porque se acababa de anunciar que el Japón se había rendido. Era el 27 de agosto de 1945.
De pronto ella sintió que alguien la tomaba por la cintura y la volteaba para estamparle un sonoro y largo beso que no rechazó pero luego siguió corriendo con sus amigas, riendo y festejando. Nunca miró siquiera al joven que la había besado con tanto entusiasmo. Y tampoco vio al fotógrafo Alfred Eisenstaedt que disparaba su Leica y captaba esa y muchas otras escenas del júbilo neoyorkino.
La foto ocupó la portada de Life y pronto se convirtió, como aquella de la bandera de Iwo Jima, en una de las más celebradas de la historia de los Estados Unidos. A partir de entonces se llamó sencillamente “The Kiss”.
Recién en 1980 Edit Shain se decidió a escribir a Eisenstaedt para revelarle que era ella la enfermera que se había rendido al marinero dejándose besar. Entonces Life lanzó la pregunta: ¿Y quién fue el marinero?
Inmediatamente recibió respuestas y de estas fueron seleccionadas hasta once como verosímiles porque sus historias eran más o menos iguales: marineros que festejaban, testigos, besos, abrazos y al final quedaron dos versiones, la de George Mendonsa que incluso llevó el caso a los tribunales. “Yo estaba en Radio City con mi novia cuando suspendieron la función para anunciarla rendición. Las puertas se abrieron y corrimos a la calle a festejar cuando me topé con una enfermera; la abracé y besé y seguí saltando…” dijo.
Pero otro marinero, Glenn McDuffie contó una historia parecida. “Salía del subway cuando una mujer me dio la noticia y entonces no paré de correr y saltar y en el camino encontré a una enfermera que abracé y besé…”.
Nueve más dijeron más lo menos lo mismo y cuando el primero, Mendonsa, logró que un fotógrafo experto testimoniara en su favor, el segundo McDuffie presentó un certificado médico que aseguraba que las orejas, peinado, manos, estatura, coincidían con él, agregando el resultado de un detector de mentiras.
La enfermera murió el año pasado a los 91 años y tuvo la suerte de asistir a la presentación en el 2005 de la creación del escultor John Seward Jonson, que reprodujo la escena llamándola “Rendición Incondicional” en bronce y tamaño natural. Al único marinero que invitaron fue a Mendonza. Y luego hizo otra versión en plástico y aluminio de 12 metros de alto que reposa ahora en Sarasota, en Las Florida.
(En la foto, George Mendonsa, que fue finalmente reconocido como “el marinero besador”).

Una foto, realidades múltiples


El jurado del Premio Pulitzer de Fotografía de 1994 no dudó en otorgarle el primer lugar: la foto del sudafricano Kevin Carter había oprimido el corazón y quizá hizo hasta saltar lágrimas a los miles o quizá millones que la vieron en los periódicos.
La primera versión era sencilla. El gran reportero gráfico estaba visitando un poblado en Sudán en que se apiñaban refugiados que huían de la guerra civil.. Eran miles de todas las edades, enfermos la mayoría, que acosaban a los funcionarios de la ONU que repartían alimentos. El cuadro ponía a prueba a los mejores estómagos pero era propicio para las fotografías impactantes y así fue como Kevin Carter captó la escena en que una niña (o niño) esquelética, en apariencia moribunda, se inclina hacia el suelo mientras un poco más atrás un buitre observa quizá aguardando la muerte de la pequeña para lanzarse sobre el cadáver.
La foto, repetimos, causó enorme impresión y fue de gran utilidad para quienes clamaban por ayuda a la comunidad internacional; y es probable que sirviera en efecto para conmover en los países ricos.
El dramatismo de la foto se acrecentó cuando poco más de un año después Kevin Carter se suicidó dejando una nota que decía, entre cosas, “…estoy perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor…”.
Pocos años más tarde alguien hizo una investigación sobre Carter y la foto. Se estableció por ejemplo que el reportero pertenecía al “Bang Bang Club”, un grupo de fotógrafos que preferían escenas de violencia y mejor si eran sangrientas. De hecho, uno de ellos había obtenido el Pulitzer 1991 por la secuencia del linchamiento de un desdichado, primero a cuchilladas y luego quemado todavía vivo.
Carter, según estableció la nueva versión, paseó por el poblado conmovido por las escenas y se sentó a mirar a los niños de las chozas cercanas y seguirlos con su cámara. Los buitres revoloteaban. Fue uno de aquellos niños el que se agachó a defecar cuando Carter se percató de que uno de los pájaros estaba en cuadro y apretó el disparador. Luego se marchó a seguir tomando fotos.
El niño, o niña, volvió a la aldea, el buitre fue espantado por los movimientos y los fotógrafos, los Bang Bang, se marcharon a seguir buscando escenas fuertes.
¿Y porqué se suicidó el gran fotógrafo? No fue la culpa. Era conocida su afición a las drogas, a los barbitúricos, había intentado suicidarse antes y su neurosis se acrecentó cuando murió el líder del grupo, atrapado en fuego cruzado.
La interrogante final es sobre si valió la pena conocer toda esta historia y quedarnos solo con el instante de la foto. Algo más. Era niño, se llamaba Kong Nyong y murió de fiebres cuatro años después..