Once marineros reclamaron ser el besador de la foto



La guapa enfermera Edith Shain, saltando y gritando, se sumó a la multitud que crecía por momentos en plena Times Square. Todos se abrazaban, algunos lloraban, otros se arrodillaban y rezaban porque se acababa de anunciar que el Japón se había rendido. Era el 27 de agosto de 1945.
De pronto ella sintió que alguien la tomaba por la cintura y la volteaba para estamparle un sonoro y largo beso que no rechazó pero luego siguió corriendo con sus amigas, riendo y festejando. Nunca miró siquiera al joven que la había besado con tanto entusiasmo. Y tampoco vio al fotógrafo Alfred Eisenstaedt que disparaba su Leica y captaba esa y muchas otras escenas del júbilo neoyorkino.
La foto ocupó la portada de Life y pronto se convirtió, como aquella de la bandera de Iwo Jima, en una de las más celebradas de la historia de los Estados Unidos. A partir de entonces se llamó sencillamente “The Kiss”.
Recién en 1980 Edit Shain se decidió a escribir a Eisenstaedt para revelarle que era ella la enfermera que se había rendido al marinero dejándose besar. Entonces Life lanzó la pregunta: ¿Y quién fue el marinero?
Inmediatamente recibió respuestas y de estas fueron seleccionadas hasta once como verosímiles porque sus historias eran más o menos iguales: marineros que festejaban, testigos, besos, abrazos y al final quedaron dos versiones, la de George Mendonsa que incluso llevó el caso a los tribunales. “Yo estaba en Radio City con mi novia cuando suspendieron la función para anunciarla rendición. Las puertas se abrieron y corrimos a la calle a festejar cuando me topé con una enfermera; la abracé y besé y seguí saltando…” dijo.
Pero otro marinero, Glenn McDuffie contó una historia parecida. “Salía del subway cuando una mujer me dio la noticia y entonces no paré de correr y saltar y en el camino encontré a una enfermera que abracé y besé…”.
Nueve más dijeron más lo menos lo mismo y cuando el primero, Mendonsa, logró que un fotógrafo experto testimoniara en su favor, el segundo McDuffie presentó un certificado médico que aseguraba que las orejas, peinado, manos, estatura, coincidían con él, agregando el resultado de un detector de mentiras.
La enfermera murió el año pasado a los 91 años y tuvo la suerte de asistir a la presentación en el 2005 de la creación del escultor John Seward Jonson, que reprodujo la escena llamándola “Rendición Incondicional” en bronce y tamaño natural. Al único marinero que invitaron fue a Mendonza. Y luego hizo otra versión en plástico y aluminio de 12 metros de alto que reposa ahora en Sarasota, en Las Florida.
(En la foto, George Mendonsa, que fue finalmente reconocido como “el marinero besador”).

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