Archivo mensual: abril 2011

Una campaña con poco humor popular


Cuando don Guillermo Billinghurts estaba haciendo campaña en 1912 sus partidarios enarbolaban en sus mitines dos carteles. Uno lucía un enorme pan y otro un pan pequeñito. El primero proclamaba: “¡Así será el pan con Billinghurts!”.
La campaña fue aparentemente efectiva y el candidato ganó la presidencia y un buen apodo que surgió del ingenio popular: “Pan Grande”.
Siempre fue así en el Perú en tiempos electorales… por lo menos hasta las últimas campañas en las que aquel viejo ingenio criollo se ha venido desvaneciendo. Y en especial ahora en que ni siquiera los candidatos principales tienen un apodo popular. Por lo menos al japonés Fujimori le decían “Chino” pero Vargas Llosa, por ejemplo, no fue “bautizado” popularmente (que sepamos) y hoy a veces a Keiko Fujimori le dicen “Min Pao” y a Ollante Humala toscamente “Cachaco” pero no son apelativos con éxito y generalmente usados como pulla o agravio.
El siglo 19 fue pródigo en humor político aderezado con la gracia de los caricaturistas y hubo “chapas” famosas como la de “Perinola” que Gonzales Prada le clavó a Nicolás de Piérola. Al presidente José Pardo le decían “Loco Manso”, al presidente Benavides “Panza de Agua”, al presidente Sánchez Cerro “El Mocho” (porque le faltaba un dedo) al presidente Prado de su primer gobierno “El Teniente Seductor” por disfrazarse de militar durante el conflicto con Ecuador.
Al presidente Bustamante los apristas le encajaron “El Cojurídico” a la mala, y durante el gobierno de Odría se prefirió bromear con su esposa (un famoso chiste era aquel que contaba que cuando le mostraron un nuevo restorán a la doña le dijeron “Mire doña María, Haití… y ella contestó “No, yo prefiero Cafí…”.
“Cuánta falta nos hace Sofocleto” comentó un colega a propósito del tema. Y es verdad. Luis Felipe Angell, un prodigio de ingenio, “bautizó” con tan buena puntería a los políticos de su tiempo que hasta ahora se les sigue llamando así, como a “Tucán” Bedoya Reyes.
Al presidente Prado le adjudicó llevar mala suerte adonde iba y entonces comenzó a llamarlo simplemente “El” porque nombrarlo sería mala suerte. Al democristiano Cornejo Chávez peleón y polemista “Corneto”, al gordo líder aprista Haya de la Torre “Papaya”, al menudo Ortiz de Zevallos “Chupito”, al corpulento cardenal Landázuri “Grandázuri”, al presidente Belaunde “Belagogo” y “Architecto”, al beligerante Eudocio Ravines “Acuseto”, a Genaro Carnero Checa “Kid Cachetada”, al abogado Alva Orlandini “Lechuzón”, con el intolerante y malhumorado general Velasco no pasó de un cauteloso “Chipinopo” y a otros militares “Bramando Artola” o “El Hombre Montagne”.
Otro apodo que pervive es por supuesto es el de “Caballo Loco” que Don Sofo clavó al presidente Alan García para siempre.

La caricatura es otro nivel de humor y está funcionando a todo vapor en la prensa impresa que ya no tiene el antiguo nivel de masividad. Carlos Tovar “Carlín”, Juan Acevedo, Eduardo Rodríguez “Heduardo”, Alfredo Marcos, Alonso Núñez, Mario Molina, reinan desde hace años en esta difícil zona que combina talento de dibujante con sátira política, texto y humor.
El humor radial es liderado por Los Chistosos de RPP y en la televisión hasta hace poco Carlos Alvarez era imbatible con sus imitaciones pero ahora se está cambiando de canal y anuncian que volverá al lado de Fernando Armas, otro grande de la imitación cuya salida de RPP significó un duro golpe para la calidad del programa.
(En la ilustración, una celebrada caricatura de Alonso Núñez de hace más de veinte años… y quizá premonitoria).

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-El Ingrato Hombre de Pacaicasa


Fueron ochenta voluntarios fortachones los que cargaron la estatua por el empinado y estrecho sendero. No era para menos pues se trataba de llevar 360 kilos de bronce a la cima del cerro Tantaorco desde donde se domina el breve valle de la comunidad de Pacaicasa. Fue una fiesta en que estuvo prácticamente todo el pueblo de casi 3 mil almas que vitoreaban, brindaban, bailaban de alegría al recibir la efigie de más de dos metros de Alberto Fujimori, Presidente del Perú.
La fiesta era la culminación de la decisión de la Alcaldía de instalar en aquel lejano rincón de Ayacucho la estatua del Presidente porque, pensaron, era la mejor manera de llamar la atención limeña y lograr, por fin, que algo de ayuda llegara a la comunidad que vive, en su mayoría, en extrema pobreza. No tienen carretera ni servicios básicos y arrancan lo que pueden a la áspera tierra ayacuchana que con las justas les permite criar cabras.
¿Cuál sería – pensaron los comuneros en la histórica asamblea- la mejor manera de lograr que el gobierno central construya una pequeña represa para solucionar nuestro problema de agua? Algunos propusieron marchas de sacrificio a Lima, toma de caminos, huelgas de hambre, hasta que alguien tuvo la revelación: “En Lima hay una estatua del presidente Fujimori y me dicen que no saben dónde ponerla… ¿porqué no la traemos aquí?”. La respuesta fue una ovación y el nombramiento de una comisión que debía viajar a la capital a negociar con el escultor.
El artista Fausto Jaulis no se hizo problemas y les donó el mamotreto que embarcaron en un gran camión que recorrió casi 600 kilómetros trepando los Andes para llegar a Pacaicasa.
La inauguración también fue una fiesta en la que participaron dirigentes de Cambio 90, el partido del gobierno,u que entre trago y trago, prometieron que el presidente Fujimori quedaría tan impresionado por el homenaje que no tardarían en llegar los beneficios. Entonces los paicacasinos se sentaron a esperar presididos por su Alcalde, don Félix Morales Janampa, uno de los promotores.

En setiembre de 1996 los periodistas de Ayacucho recogieron la queja y el diario El Sol publicó “Monumento presidencial causa malestar”, añadiendo “Se quejan de que desde que se develó la obra el Presidente no visita no hace obras en Pacaicasa”.
Luego de la renuncia de Fujimori, su estatua se convirtió en motivo de vergüenza para Pacaicasa y decidieron derribarla y la sacaron del cerrito para ocultarla en algún lugar que no hiciera recordar el ingenuo oportunismo que llevó a la empobrecida comunidad a vislumbrar el favor de Fujimori quien no les dio las gracias, no fue nunca y tampoco les alivió en algo su miseria.
(Un dato final. Don Fausto Julis es también autor de la estatua de Chabuca Granda que está en el Parque de los Suspiros, en Barranco).

Por fin se sabe quién era la célebre “Tennis Girl”

En 1976, el joven fotógrafo Martin Elliot vendió una foto audaz a una agencia de prensa. Era, presuntamente, una instantánea de una joven delgada no identificada, que de espaldas a la cámara se levantaba el traje de tenista y demostraba -o mostraba- que no llevaba ropa interior.
La foto causó sensación y pronto se convirtió en un verdadero ícono de los tenistas de todo el mundo. Eliott conservó los derechos y con los años ha ganado una pequeña fortuna con la “instantánea” que muestra las breves pero atractivas redondeces de la tenista desconocida, la “Tennis Girl”.
Muchos años despuès la “tenista” decidió darse a conocer. Se llama Fiona Butler (hoy Walker), tiene 52 años y tres hijos y sigue viviendo en Birmingham, allío donde su antiguo novio la convenció para posar mostrando…. aquello… Y un dato más: nunca jugó tennis y se negó a aprenderlo. O sea, la foto, salvo la belleza de la joven, es falsa.
Aquí las dos Fionas, la de 1976 y la del 2011 posando al lado de su famosa imagen.

Periodismo, Fujimori, La Cantuta…


Fujimori y su banda de sicarios conocidos como el Grupo Colina cometieron crímenes espeluznantes. Amparados en la impunidad que le aseguraban el poder judicial controlado por Montesinos y con la anuencia de los altos mandos militares, ese grupo de canallas perpetraron asesinatos que espantan por lo crueles, irresponsables y finalmente, en absoluto inútiles para la batalla contra el terrorismo que decían desempeñar.
Creían, Fujimori, Montesinos y la cúpula militar que dirigía el cleptómano general Hermosa Ríos que tenían todo controlado, que sus maldades jamás saldrían a la luz pero no era así porque no habían podido comprar las conciencias de un puñado de periodistas y de congresistas que estaban dispuestos a jugarse la vida en defensa de la decencia.
Esto es lo que rescata el documental “La Cantuta. En la boca del diablo”• que acaba de ser estrenado y que lleva como justo subtítulo “Una mirada esencial de la historia”.
Trata, como el lector sabe, de la tristísima historia del profesor y el puñado de estudiantes que en julio de 1993 fueron secuestrados de la Universidad Guzmán y Valle, conocida popularmente como La Cantuta, y asesinados y enterrados.
Se han publicado ya libros sobre el tema pero hacía falta un documental, un film que mostrara a las nuevas generaciones la batalla por la verdad que libraron periodistas, congresistas, estudiantes testigos, fiscales, jueces y que culminó años más tarde con la condena de los asesinos y de su mentor principal, el expresidente Fujimori.
El documental es fruto del encuentro profesional de la muy joven y dinámica periodista Amanda Gonzales y del veterano periodista de investigación Edmundo Cruz, protagonista de los dramáticos días de la denuncia y el hallazgo de los cadáveres en aquel tenebroso lugar de Cieneguilla conocido como La boca del diablo.
El film desmenuza la historia, recorre los escenarios del drama y Edmundo Cruz entrevista a políticos que fueron decisivos para encontrar la verdad como Henry Pease, Roger Cáceres, el valiente fiscal Luis Cubas, el colega Ricardo Uceda, el reciclador de basura que vio dónde los enterraban, los estudiantes que fueron testigos del secuestro.
Y muestra también a los miembros del Grupo Colina declarando su crimen en el juicio a Fujimori en presencia de los atribulados familiares de los jóvenes asesinados.
Es difícil describir en pocas palabras el magnífico trabajo de Gonzales y Cruz a quienes siempre habrá que agradecer el enorme servicio que han hecho a la verdad y la decencia en el Perú con el documental que si bien satisface por el triunfo de la justicia también oprime el corazón ante el espectáculo de la injusticia.

(En la foto, Amanda Gonzales, egresada de Periodismo de la PUCP , Edmundo Cruz, de La República y Jonathan Castro, también de la PUCP)

Ojo con los Obispos subversivos…

“Los candidatos deben tener en cuenta que la violencia social no se genera solamente porque exista pobreza, sino porque existe desigualdad”.
Quienes hacen esta afirmación son los Obispos del Perú, que a principios de año redactaron un valioso documento que, para variar, ha sido muy poco difundido y en parte porque para la extrema derecha tiene un tufillo izquierdista que molesta.
Pero debe recordarse que la Iglesia Católica, o por lo menos sus sectores progresistas, han insistido siempre en denunciar las desigualdades y en reclamar con firmeza que deben eliminarse y, es claro, desde el sitio de la democracia.
Los “Criterios éticos para elegir mejor a nuestras autoridades” que suscribieron los Obispos fue acompañado de otro documento todavía más enérgico de los Obispos de la Amazonía que, entre otras cosas, exigieron una reforma constitucional para proteger a los pueblos indígenas, incluyendo una ley de derecho a la consulta pública y otros reclamos con cara a la extrema conflictividad social de nuestro oriente. Se cuidaron de no mencionar el gas, el petróleo, la madera pero señalaron que hay necesidad de “cambiar las históricas relaciones de exclusión y conflicto entre el Estado, la clase política y los pueblos indígenas amazónicos”.
En suma, lo que la Iglesia reclama a los políticos es que tengan en cuenta la dignidad de la persona con todo lo que ello significa de necesidad de cambio para respetarla. Y aquí se comprende vivienda, alimentación, educación, salud, seguridad…
El tema de la corrupción también fue abordado por los Obispos… “continúa socavando el desarrollo social y político de nuestro pueblo… ha faltado la voluntad tenaz y el compromiso ejemplar de nuestras autoridades”.
Ante estos importantes documentos habría que preguntarse si la Iglesia estaba haciendo política al procurar introducir estos temas para el debate previo a las elecciones que culminan mañana. Pero la respuesta es simple: los Obispos latinoamericanos tienen una encomiable y larga historia de lucha y de compromiso político desde hace mucho tiempo y tanto que hasta hubo quienes los motejaron de “rojos” y por supuesto hasta de subversivos.
No han cambiado. Siguen exigiendo y especialmente en nuestro caso peruano, que las difundidas mejoras económicas deben llegar cuanto antes a los más pobres y marginados.
El documento parecería redactado por un equipo de plan de gobierno de algún candidato comprometido con el cambio o la exigencia del cambio. Pero no, es la vieja Iglesia renovada desde el inolvidable Juan XXIII, el viejo Papa que mejor indicó el camino de la lucha contra la desigualdad.

¿La Mejor y la Peor campaña electoral?

Los expertos en propaganda política y de la aplicación de las herramientas publicitarias deben estar enloquecidos con el escenario local porque pocas veces se asiste a semejante laboratorio de comunicación.

Los que no somos especialistas estamos en balcón y nos podemos dar el lujo de hacer lecturas prosaicas de la campaña electoral que culmina el 10 –por lo menos en su primera vuelta. Y preguntarnos, por ejemplo, cuál ha sido la peor campaña personal.
Fácil. La de Luis Castañeda, porque arrancó temprano en primerísimo lugar y fue descendiendo en la preferencia popular hasta llegar hoy al lejano quinto lugar en las encuestas. ¿Las razones? Por ejemplo, creía, junto con su entorno, que había sido un gran alcalde de Lima pero esto es un error. Su prudencia para comunicarse lo llevó a convertirse en “El Mudo”, las obras que imaginaba lo llevarían a Palacio resultaron frágiles e incompletas y su logro máximo, el Metropolitano que debía resolver el grave problema del tránsito limeño se demoró tanto en funcionar que pasó a llamarse “Lentopolitano”. En suma, la imagen de administrador eficiente que según sus especialistas debía reflejar, se desmoronó apenas la nueva administración municipal fue descubriendo fiascos, sacando placas ridículas (como aquella que le chantó a César Vallejo, en la Plazuela del Teatro) y evidenciando que inauguraba obras incompletas.
Castañeda obtuvo su breve lugar en la historia de la política limeña cuando derrotó al verdaderamente carismático Alcalde Andrade, pero a partir de ahí, pese a convertir a la Municipalidad entera en maquinaria propagandística, se evidenció que no tenía el peso necesario para ser Presidente.

¿La mejor campaña? La de Ollanta Humala, sin duda, pese al masivo cargamontón mediático que lo persigue desde la elección pasada.
Humala ha pasado hoy al primer lugar de las encuestas y ya nadie duda de que estará en la segunda vuelta para disputar la preferencia nacional. Debe haber explicaciones del salto del candidato motejado de estatista, chavista, responsable de crímenes, velasquista y de todo aquello que atenta contra el orden establecido y la tranquilidad de Bolsas y bolsillos.
Tiene en su favor la edad, la energía, la posibilidad de dirigir con carácter la batalla contra la delincuencia (la famosa inseguridad que tanto sufrimos), la novedad porque los demás son reciclados y algunos reinventados, como PPK que está en política desde 1980 o ligados a la corrupción y al montesinismo como los Fujimori.
Las derechas hoy fragmentadas se lanzarán contra Humala en la segunda vuelta. Pero la ventaja actual significa ya un importante lanzamiento de la nueva izquierda democrática.